El calor extremo cambia la vida social en Mallorca: “Nunca había oído tanto ‘quiero que llegue ya el invierno’”
Margalida Serra, directora de PsicoMallorca, asegura que las altas temperaturas pueden aumentar la ansiedad y el estrés del cuerpo

Ola de calor en Palma. / Guillem Bosch

Nunca antes Mallorca había sufrido cuatro olas de calor ni nunca antes la temperatura promedio del mar rozó los 30 grados centígrados. Son récords negativos que dejan consecuencias mentales y físicas en muchísimas personas. “Es el año que más veces me han dicho que quiero que llegue ya el invierno”, reconoce Margalida Serra, directora de PsicoMallorca.
Emociones alteradas
Esta sensación térmica en muchos momentos del día por encima de los 30 grados genera bastantes estados de ánimo difíciles de lidiar: “Nos genera agobio y, ante esta sensación, podemos estar más malhumorados. El calor hace que estemos más irascibles y, a veces, también más apagados. El nivel de reacción se reduce”.
La sensación de irritabilidad aumenta porque el calor no es agradable y los efectos se pueden acrecentar en determinadas personas. “También hace que no duermas bien y los ventiladores o aires acondicionados tampoco siempre ayudan. Está comprobado que en personas con problemas de salud mental el calor puede empeorar los síntomas. Si una persona ya tiene dificultades para controlar determinadas situaciones, este estrés y esta incomodidad hacen que esté más irritable o voluble”, señala.
Consecuencias sociales
Las consecuencias también se trasladan a la vida social y a las actividades que habitualmente se realizan durante los meses de verano. Las horas disponibles para salir de casa son menos y hacer deporte o simplemente pasear deja de ser agradable durante buena parte del día. “Las relaciones sociales y las actividades se reducen. Hasta las siete de la tarde prácticamente no podías salir de casa y algunos días ni siquiera a las siete u ocho. Las familias han tenido que pasar mucho más tiempo en casa”, relata Serra.
Una situación que se complica especialmente cuando hay niños y adolescentes. Al pasar más horas encerrados en casa por las altas temperaturas, aumenta la tendencia a recurrir a las pantallas y al teléfono móvil para combatir el aburrimiento, algo que puede resultar perjudicial si su uso se prolonga demasiado. “Si no pueden salir a la calle, muchas veces lo único que se les ocurre es estar con las pantallas. Hay padres que tienen limitado su uso y, cuando llega el momento de dejarlas, puede aparecer la frustración y provocar discusiones familiares”, explica Serra. El calor termina así afectando indirectamente a la convivencia: menos alternativas fuera de casa, más horas en familia y una mayor dificultad para encontrar otros entretenimientos.
Cómo afecta en el trabajo
Tampoco todas las personas tienen las mismas posibilidades para protegerse. Los niños son menos conscientes del riesgo de deshidratación y las personas mayores ven todavía más limitada su capacidad para salir de casa. “Son los colectivos más vulnerables”. Evitar las horas de mayor calor es necesario, pero también tiene otra cara: “Lo que ha hecho mucha gente es intentar salir menos, pero eso tiene consecuencias porque no puedes disfrutar igual de tu tiempo libre. Y cuando sales tampoco lo disfrutas tanto”.
Todavía más difícil resulta para quienes no pueden elegir quedarse en casa. Serra pone el foco especialmente en las personas que desarrollan su jornada laboral en el exterior: “Hay gente que tiene que trabajar con estas temperaturas, por ejemplo en la hostelería. Trabajar al aire libre con este calor llega a ser insoportable”. Una sensación de agotamiento que ha percibido especialmente este verano: “La gente está agobiada con el calor. Nunca había escuchado tantas quejas”.
Y quizás una de las mejores muestras del cambio sea escuchar en pleno agosto algo que hace unos años resultaba mucho menos habitual en Mallorca. “Se oye mucho ‘que llegue ya el invierno’ y yo no lo había oído tanto. Aquí nos gusta el verano, nos gusta salir y disfrutar del sol, pero este año ha sido mucho más difícil hacerlo y eso también afecta al estado de ánimo”.
Después de un verano de récords, Serra no descarta que esta sucesión de temperaturas extremas termine modificando incluso la percepción de una estación tradicionalmente asociada en Mallorca a disfrutar de la calle, el mar y las vacaciones. “Supongo que se tendrán que tomar medidas. Puede que la gente empiece a dejar de ver el verano como antes y comience a mirarlo con cierta suspicacia”.
Impacto en la salud
El impacto del calor tampoco se limita al estado de ánimo. Txema Álvarez, director médico del SAMU 061 Baleares, confirma que con la llegada del verano se produce un repunte de problemas asociados a las altas temperaturas y que la tendencia aumenta lentamente. “Los golpes de calor todos los años van aumentando un poco. No de manera exponencial, pero sí un poco”. El verdadero impacto sanitario va más allá de estos episodios porque el calor también puede provocar la descompensación de patologías previas.
Las personas mayores y los bebés están entre los colectivos más vulnerables, tanto por su menor capacidad fisiológica para adaptarse como porque en muchos casos dependen de otras personas para hidratarse o trasladarse a lugares más frescos. También presentan un mayor riesgo los enfermos crónicos, especialmente quienes padecen patologías cardiovasculares o metabólicas. A ellos se suman determinados pacientes sometidos a tratamientos: “Hay antihipertensivos que, con el calor, pueden hacer que baje la tensión y otros medicamentos que afectan a la regulación térmica”.
Pero estar sano tampoco elimina el peligro. Deportistas y trabajadores al aire libre forman otro de los grupos especialmente expuestos y no existe una temperatura concreta a partir de la cual el calor afecte de la misma manera a todo el mundo. La humedad, el tiempo de exposición, la actividad física, la edad o la medicación también condicionan la respuesta del organismo. “Entre 35 y 40 grados puede ser peligroso para todo el mundo”, advierte Álvarez. Ante síntomas graves, especialmente episodios de confusión o alteraciones del nivel de conciencia, recomienda solicitar asistencia sanitaria.
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