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El calor amenaza el reinado turístico de Mallorca en julio y agosto: las 'coolcations' plantan cara al sol y playa

Hoteleros aún no detectan un descenso de reservas por las altas temperaturas, pero agencias y restauradores ya constatan cambios: caen las excursiones culturales, el hotel se convierte en «refugio climático» y aumenta la actividad cuando se pone el sol

Imagen de archivo | La playa de s'Arenal de Llucmajor llena.

Imagen de archivo | La playa de s'Arenal de Llucmajor llena. / Manu Mielniezuk

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César Mateu

César Mateu

Palma

Se están dando todos los ingredientes para que nadie disfrute de los veranos en Mallorca como hace solo unos años: más olas de calor, noches infernales y unas temperaturas en el mar que rompen todos los registros anteriores. El crecimiento sin límites puede tener los días contados en meses como julio y agosto porque, a pesar de estar acumulando récords turísticos con llenos de ocupación, la naturaleza está cerca de frenar un incremento paulatino y constante de una forma más eficaz que cualquier medida, si la ha habido, del Ejecutivo de Marga Prohens o, anteriormente, de PSIB-Més-Podemos.

En busca del frío europeo

Aunque es imposible que dejen de llegar visitantes en el apogeo del verano, sí es más probable que el volumen de la demanda se desplace todavía más a meses como junio, septiembre y octubre donde las temperaturas bajan y dan un respiro climático durante una gran parte del día. El informe de julio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala cómo el Mediterráneo será uno de los destinos que perderá atractivo en los meses tradicionales por el aumento de las temperaturas. «Cada vez más, los viajeros buscan destinos más templados, situados a mayor altitud y en latitudes más septentrionales, donde las temperaturas se mantienen más agradables durante los meses centrales del verano, una tendencia conocida habitualmente como «coolcations». Este cambio puede beneficiar a regiones como del norte de Europa, Canadá y las zonas alpinas», sostiene el informe.

Pasajeros en el aeropuerto de Palma, en una imagen de archivo tomada el mes de julio

Pasajeros en el aeropuerto de Palma, en una imagen de archivo tomada el mes de julio / Manu Mielniezuk

Sin embargo, uno de los principales medidores, como el número de pasajeros que llegan a Mallorca todavía no refuerzan esta tesis, que va ganando peso. En el acumulado comprendido entre enero y julio, 19.594.577 pasajeros utilizaron las instalaciones del aeropuerto, lo que representa un aumento del 2,2% en comparación con los 7 primeros meses de 2025, según informó AENA.

Con más calor, menos repiten

Un informe de julio de Caixabank Research confirma que el 13’8% de los turistas que sufren una ola de calor extrema (temperaturas que superan el promedio histórico para el mismo día por más de 8 grados) no vuelven a España. Entonces, una mayor frecuencia del número de olas de calor extrema– este año la isla ha sufrido cuatro–, «aumenta su efecto económico».

La investigación, elaborada a partir de datos internos de pagos con tarjetas extranjeras en los TPV del banco cruzados con la información climática la European Union’s Copernicus Land Monitoring Service Information, asegura que no es un episodio aislado, sino «una regularidad que persiste en el tiempo». Aunque matizan que los turistas son altamente fieles a la «tipología del destino. Particularmente el Mediterráneo. Lo que observamos, es que, entre los turistas repetidores, los que han sufrido olas de calor extremas tienden a ajustar los municipios que visitan hacia lugares más frescos».

Más distribución durante una mayor parte del año

La OCDE también prevé que el cambio no sea únicamente geográfico, sino temporal. Los destinos tradicionales de sol y playa pueden perder demanda en los meses centrales del verano cuando las temperaturas superen los umbrales de confort y seguridad. Ante esta situación, señala que algunos turistas ya están desplazando sus viajes hacia la primavera y el otoño, lo que puede repartir la afluencia durante más meses, reducir la concentración estival y generar unos ingresos turísticos más constantes a lo largo del año.

Los primeros movimientos internacionales apuntan en esa dirección. Según datos de Trivago recogidos por el Financial Times, las reservas de turistas británicos para este julio y agosto han aumentado un 57 % hacia Suecia, un 55 % hacia Noruega y un 29 % hacia Dinamarca. Booking.com también ha registrado un incremento superior a un tercio en las búsquedas británicas de ciudades noruegas y suecas. Son todavía señales incipientes y el Mediterráneo continúa dominando las reservas, pero los destinos más frescos empiezan a ganar terreno durante los meses tradicionalmente reservados al sol y playa.

Un futuro más caluroso

Y las perspectivas climáticas apuntan a que la diferencia irá a más durante las próximas décadas. Pau Vílchez, subdirector del Laboratorio Interdisciplinar sobre Cambio Climático de la UIB (LINCC UIB), advierte de que el cambio climático tendrá tres grandes efectos sobre Balears: «El aumento de las temperaturas y de las olas de calor, la subida del nivel del mar y una menor disponibilidad de agua potable». Todos tendrán un impacto directo sobre el turismo y, además, existe un desfase entre las emisiones y sus consecuencias. «Lo que vivimos ahora es consecuencia de lo que emitimos hace unos 20 años y, como no hemos dejado de emitir, es de esperar que las temperaturas sigan aumentando».

El resultado serán más noches tropicales, tórridas e incluso infernales, aquellas en las que el termómetro no baja de los 30 grados. «Si vas de vacaciones no es para estar todo el tiempo en la habitación. Si hace una ola de calor del copón, llega un punto en el que ya no es agradable», sostiene Vílchez. Además, los principales países emisores también sufrirán un aumento de las temperaturas y eso puede provocar que algunos visitantes pierdan parte del «aliciente de venir aquí» exclusivamente en busca del calor.

El periodo seguirá siendo el mismo

Pero no todo depende del termómetro. «El problema es que también depende de cuándo tienes vacaciones. Los niños tienen vacaciones cuando las tienen y el grueso de la gente las sigue cogiendo ahora», matiza. Y alargar indefinidamente la temporada tampoco sale gratis: los meses con menor presión permiten recuperar los ecosistemas y los acuíferos. A ello se suma la subida del nivel del mar, que reducirá la superficie de playa, y el calentamiento del Mediterráneo. «A partir de los 28 grados, si la temperatura se mantiene, la posidonia va muriendo», advierte. Su pérdida afectaría además a la regeneración natural de las playas y eliminaría una barrera frente a los temporales.

Los hoteleros, por ahora, ponen freno a cualquier conclusión precipitada. «Por el momento no tenemos datos que permitan atribuir directamente a las temperaturas un acortamiento de las estancias o un desplazamiento de las reservas», señalan desde la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM). La decisión de viajar depende también de factores como la economía, la conectividad, los precios, el calendario vacacional o unos hábitos de consumo que han cambiado hacia más viajes y estancias más cortas.

Inversión sin precedentes

Lo que sí reconocen es «el mayor peso de meses como junio, septiembre u octubre». La patronal lo relaciona también con la transformación de la oferta: en unos quince años, el sector hotelero ha invertido más de 4.000 millones de euros para reposicionar la planta y mantener más establecimientos abiertos durante más meses. «Pero queremos ser muy claros: equilibrar la temporada no significa convertir todo el año en julio y agosto. Nuestro objetivo es precisamente reducir la concentración de los meses de máxima afluencia y consolidar de manera ordenada aquellos periodos que históricamente tenían menor actividad».

El cambio climático, en cualquier caso, «no es únicamente una cuestión que preocupe, sino que ocupa». La FEHM considera que los establecimientos tendrán que continuar adaptándose, pero recuerda que «el cliente no vive únicamente el hotel: vive Mallorca». Por eso, defiende que la adaptación debe alcanzar al conjunto del destino con: gestión del agua, costas, urbanismo, zonas verdes, confort climático, movilidad e infraestructuras. «La iniciativa pública tiene un papel fundamental».

Menos horas al sol

Las altas temperaturas están cambiando también la forma de estructurar los viajes una vez que el turista llega a Mallorca. Pedro Fiol, presidente de AVIBA, asegura que este verano han bajado las excursiones culturales y aquellas que requieren un mayor esfuerzo físico o exposición al exterior. Añade que se concentran cada vez más en aquellos días u horas en las que las temperaturas dan un respiro. «Ha costado mantener las cifras, se han resentido», reconoce. En cambio, se han vendido mejor alternativas como los parques acuáticos, las excursiones en catamarán o las visitas a cuevas.

El hotel gana protagonismo durante las horas más complicadas. «Estoy convencido de que una parte importante de nuestros clientes no quiere hacer tantas excursiones y disfruta más del hotel, que se convierte en su refugio climático», explica Fiol.

El cambio también empieza a trasladarse al calendario. «La primera quincena de septiembre se prevé más intensa en desplazamientos que cualquier quincena de agosto y ahora puede ser incluso más cara», asegura Fiol. Una tendencia que permite repartir la actividad durante más meses.

Pero su principal preocupación mira mucho más lejos que la próxima temporada. «Lo que más me preocupa es la erosión de nuestro entorno. Si no hay agua, la gente no vendrá», advierte. Para Fiol, Mallorca ofrece precisamente su naturaleza como uno de sus grandes atractivos turísticos y protegerla significa también preservar la identidad de la isla. «No se debe perder. Me preocupa la erosión de nuestro entorno y que, pasados unos años, Mallorca deje de ser reconocible». Las consecuencias, sostiene, podrían ser «dramáticas» si el deterioro termina afectando a aquello que precisamente se ofrece al visitante.

Cambios en la restauración

La restauración lleva tiempo adaptándose a esta realidad. Juanmi Ferrer, presidente de Restauración CAEB Mallorca, señala que cada vez hay más establecimientos que prescinden del servicio de mediodía, mientras la actividad vuelve a concentrarse, como tradicionalmente, cuando cae el sol. «El calor al mediodía, sin ninguna duda, no es atractivo. La gente cada vez sale más tarde».

El sector trabaja en mejorar las condiciones de sus trabajadores comprando uniformes más transpirables y Ferrer considera necesario abrir el debate sobre cómo adaptar las terrazas más allá de las tradicionales sombrillas: «Están poco preparadas. El restaurador está dispuesto a hacer cualquier mejora para que nuestro personal pueda trabajar y estar mejor».

No hay ninguna duda de que el turismo encontrará la manera de adaptarse. Por eso, la paradoja es otra: mientras Mallorca consigue repartir sus visitantes durante más meses, puede llegar un momento en el que quienes tengan cada vez más difícil disfrutar de julio y agosto sean sus residentes. O quizás nadie.

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