La nueva cónsul alemana en Mallorca, sobre el turismo de masas y la crisis de la vivienda: "No creo que los turistas sean los responsables"
Angelika Saake es la nueva cónsul alemana para Baleares. Una conversación sobre las protestas contra el turismo, sus conocimientos de catalán y su visión de la Playa de Palma.

Angelika Saake es la nueva cónsul alemana para Baleares / Nele Bendgens
Patrick Schirmer Sastre
El 30 de julio fue el primer día de trabajo de Angelika Saake en estas dependencias algo estrechas, aunque climatizadas, situadas en la tercera planta de un edificio alto frente al puerto de Palma. Esta diplomática, natural de Paderborn, es la nueva cónsul alemana para Baleares. Ya conocía la isla antes de asumir el cargo. Hace casi exactamente tres años estuvo aquí para, en el marco de una inspección y asesoramiento periódicos del consulado, “vigilar de cerca” el trabajo de su predecesor, Wolfgang Engstler. Sin embargo, antes de poder asumir ella misma el puesto pasó dos años en el país más joven del mundo, como responsable administrativa de la Embajada alemana en Yuba, capital de Sudán del Sur. Entre sus destinos anteriores en el extranjero figuran también Abuja (Nigeria), Pretoria (Sudáfrica), Montreal (Canadá) y Doha (Catar).
Señora Saake, estuvo en la isla hace tres años con motivo de una inspección. ¿Pensó ya entonces: “Este podría ser un destino para mí”?
Sí, la verdad es que sí. La isla me fascinó y me cautivó. Entre semana y semana de trabajo tuve un fin de semana libre e hice una excursión a Sóller, fui en tren, estuve en sa Calobra, me bañé un poco y también salí en barco. Recuerdo que entonces pensé: si alguna vez queda libre un puesto aquí...
Antes de conseguirlo estuvo en Yuba. ¿Cómo era la vida allí?
Muy limitada. Por la mañana nos llevaban al trabajo en vehículos blindados y por la noche nos devolvían al alojamiento. Teníamos un toque de queda autoimpuesto. Durante algunos periodos teníamos que estar en casa a las seis de la tarde. Personalmente no me parecía tan mal. Allí no sufría estrés por el tiempo libre. Leía, cocinaba... y estudiaba español.
¿Cómo cambia un destino de ese tipo la manera de ver Alemania y Mallorca?
Probablemente la experiencia que más me marcó fue mi primer destino en el extranjero. En 1993 me trasladaron a Nigeria y aquello cambió muchísimo mi forma de pensar. En Alemania se debatía entonces con gran seriedad y preocupación sobre si las pensiones estaban garantizadas. Yo tenía 25 años y llegué a un país en el que muchas personas tenían que preguntarse cada día: ¿de dónde voy a sacar comida?, ¿dónde consigo agua potable?, ¿cómo puedo dar una educación a mis hijos? Aquello me marcó profundamente. Desde entonces valoro Alemania incluso más que antes, a pesar de todos sus desafíos.
¿Su mandato está vinculado a objetivos concretos del Ministerio alemán de Asuntos Exteriores?
Existen acuerdos de objetivos entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Embajada. En ellos se incorporan, naturalmente, también las propuestas, ideas, proyectos y posibilidades de los consulados. Pero nadie dice, por ejemplo: “Procure que este año se expidan 5.000 pasaportes”. Lo importante es que ofrezcamos un servicio adecuado y que los tiempos de espera no sean demasiado largos.
Asume el cargo en un momento en el que en Mallorca se debate intensamente sobre el turismo de masas, la crisis de la vivienda y la compra de inmuebles por parte de extranjeros. Los alemanes desempeñan a menudo un papel central en este debate.
Lo he seguido en la prensa. Creo que, sin duda, es un problema que debe tomarse en serio. En última instancia, aquí se plantea, como ocurre tantas veces, una cuestión de justicia. No creo que los propios turistas sean necesariamente los responsables, sino más bien las estructuras políticas y los procesos de toma de decisiones.
Al mismo tiempo, muchos alemanes viven en Mallorca al menos durante una parte del año y compran propiedades aquí. ¿Deberían ser más sensibles a las consecuencias que esto puede tener para la isla?
Ser sensible es positivo en todos los ámbitos. Al final también hablamos de recursos, clima y otras cuestiones que están de plena actualidad en todo el mundo. Tenemos la Unión Europea y la libertad de circulación. Es una gran ventaja poder moverse libremente dentro de Europa y establecerse allí donde a uno le guste. Pero, naturalmente, también veo la problemática y, en parte, un efecto de desplazamiento. También en este caso diría que, en última instancia, es la política la que tiene que fijar el rumbo. Creo que no se puede reprochar a un propietario que cumpla un deseo o quizá incluso el sueño de su vida de pasar tiempo en esta maravillosa isla.
¿Podría su mandato adquirir un perfil más político que el de sus predecesores a raíz de estos debates?
No lo sé. Estos problemas tampoco son nuevos. Si tengo que afrontarlos, por supuesto que lo haré. Sin embargo, somos una representación alemana en un país anfitrión. No tengo ninguna intención de posicionarme políticamente de una manera que pueda dar a las autoridades españolas la impresión de que quiero imponerles mi opinión. Pero, cuando sea oportuno y encaje, por supuesto estoy dispuesta a representar la posición de la República Federal de Alemania. Mi tarea, no obstante, consiste sobre todo en fomentar el intercambio entre España, o Baleares, y Alemania.
¿Cómo le gustaría impulsar ese intercambio?
Una de las ideas que tengo está relacionada, por ejemplo, con el turismo. Desde Mallorca hay vuelos directos a muchísimas ciudades alemanas. Y Alemania también es bonita. Por eso me gustaría hacer un poco de promoción de Alemania como destino turístico.
¿Cuánto catalán figura en su plan de estudios?
De momento no hablo nada de catalán, salvo quizá unas pocas palabras. Mis conocimientos de español también necesitan refrescarse y ampliarse. Estoy trabajando en ello. Pero también incorporaré a mi vocabulario las palabras más importantes en catalán.
¿Le exigen un determinado nivel de idioma o depende de usted la intensidad con la que aprenda cada lengua?
Eso queda en manos de cada compañero. Para mí, personalmente, es muy importante. Aunque me doy cuenta de que, al menos hasta ahora, en mi día a día laboral no tengo muchas oportunidades de hablar español. En el consulado hablamos alemán entre nosotros. Cuando voy a un restaurante siempre empiezo hablando en español. Pero ya me ha pasado que el restaurante lo regentan alemanes. Oyen mi acento y enseguida me hablan en alemán. También muchos españoles hablan alemán e inglés.
Su predecesor estuvo muy presente en la vida social y cultural de la isla. ¿Considera que esa presencia forma parte del cargo o quiere marcar otras prioridades?
Los actos culturales siempre son una buena manera de llegar a la gente. En este ámbito también quiero estar presente.
¿Ya ha estado en la Playa de Palma?
Sí, durante mi viaje de inspección de hace tres años. El señor Engstler me dijo entonces: «Esto tienes que verlo». Así que fuimos. Allí tuve un poco la sensación de estar en una fiesta popular alemana. El ambiente era bueno y la gente se lo pasaba bien. Y cuando uno se fija más, se da cuenta de que detrás también hay mucho trabajo y, a menudo, talento. Estoy segura de que volveré alguna vez.
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