Naturaleza
La masificación y el deterioro llega a las cuevas marinas de Mallorca: "Hay gente que entra como si fuera una discoteca"
Tirarse en plancha, gritar, saltar y hasta romper algunas estalactitas son algunas de las actitudes que tienen varios visitantes a estos espacios naturales

Estalactitas por los suelos en la cueva de Vallgornera. / F.B.E.

Tirarse en plancha, gritar, saltar y hasta romper algunas estalactitas. Esta es una de las realidades que viven muchas de las cuevas marinas de Mallorca por ignorancia de algunos de sus visitantes, por falta de responsabilidad o, incluso, por dejadez de algunos de los guías que no explican en qué consiste realmente acceder a un ecosistema tan frágil y valioso. "Algunos de los que no respetan nada son los que experimentan un turismo de aventuras, que no han entrado nunca antes y lo hacen como si fuera una discoteca. Si el guía no te pone un freno antes de entrar, tú qué sabes", asegura Guiem Mulet, presidente de la Federación Balear de Espeleología desde hace unos 20 años.

Estalactitas, por los suelos en una cueva de Mallorca / F.B.E.
Masificación en las cuevas
Cada verano sufren una mayor presión porque cada año viven más personas en la isla, llegan más turistas y se publicitan más a través de redes sociales y de los cuestionados influencers. "El problema es la masificación porque siempre hay alguien que no es responsable y que no se sabe comportar", subraya Xisco Gràcia, miembro de la Sociedad Espelológica Balear.
"Lo que pasa cada verano es que hay muchas empresas que llevan a visitantes a las cuevas y no los conciencia de que son ecosistemas frágiles. Hay unas condiciones estables y, cuando las mueves un poco, se desequilibran. Tenemos muchos federados avisando de un comportamiento irrespetuoso y, cuando te tiras en un lago calmado, las olas rompen o matan organismos frágiles. Cada verano pasa esto", denuncia Mulet, que además este año ha habido un incremento de guías pirata que acceden a lugares que son Patrimonio Natural.
De los mejores patrimonios espeleológicos de Europa
"Una cueva no es un parque acuático. No se trata de que no queramos que se lleve gente, sino de hacerlo con respeto. Es como entrar en un museo: no entras pegando golpes", insiste Mulet.
Buena parte de los comportamientos que preocupan a los espeleólogos no nacen de una voluntad de provocar daños, sino de la ignorancia de quienes acceden por primera vez. "No es que la gente sea mala, sino que por desconocimiento tocas algo, lo rompes y nadie más lo verá. Si entran cien personas cada día y una parte hace eso, al final solo quedan las rocas. Tenemos un patrimonio espeleológico de los mejores de Europa y no se pueden ir destruyendo las cosas de cualquier manera porque no vuelven a crecer. Cuando lo rompes, nadie más lo volverá a ver".
Más concienciación en la isla
La Federación apuesta más por la concienciación que por aumentar el control o restringir el acceso a las cavidades. "No se debería controlar. Si vas por la montaña, ¿cómo lo controlas? La solución es la concienciación, enseñar a respetar las cosas. No hay otra. Tampoco hay que ir al extremo de cerrar las cuevas. Hay que disfrutar de la naturaleza de una manera consciente. No podemos poner un Guardia Civil en cada cueva", señala Mulet, que recuerda que desde la Federación también realizan charlas en colegios para divulgar cómo comportarse y proteger la fauna que habita en ellas.
Dentro del incremento de personas que acceden a las cavidades aparece también un fenómeno que preocupa a la Federación: personas que ejercen como guías al margen de las empresas reguladas. "Hay algunos ilegales furtivos que se dedican en verano a hacer cuatro duros haciendo excursiones sin estar dados de alta", denuncia Mulet. Aun así, matiza que la mayoría de empresas turísticas trabaja correctamente y pone el acento en otra cuestión: "Si llevas a gente y eres espeleólogo, intenta hacer ver a esta gente cómo se tiene que respetar una cueva. Si vas en plan de jijijaja, la gente normal que no sabe lo que es una cueva se piensa que todas son iguales".
Más allá de las empresas
Sin embargo, para acceder a muchas de ellas ya ni siquiera es necesario recurrir a una empresa o conocer a alguien que sepa dónde están. Internet también la forma de descubrir el subsuelo de Mallorca. "El mundo actual es un problema porque ves a youtubers haciendo excursiones y luego la gente pregunta cómo ir. Se están dando a conocer muchos sitios que antes eran difíciles de encontrar y ahora, con las coordenadas y las aplicaciones, llega todo el mundo. Por eso tampoco es raro que haya gente que tenga las cuevas secretas", explica Gràcia.
El fenómeno ha superado ya al turismo de aventura organizado y afecta al conjunto de los espacios naturales de la isla: "Ya no es solo una cuestión de empresas. Ahora ya no hacen falta ni guías. La gente debe tener un mínimo de conocimiento. Dentro de la medida de lo posible, en entornos tan sensibles, la responsabilidad tiene que ponerse tanto en los visitantes como en los guías. Cuando hay valores geológicos y ambientales hay que tratarlos con más delicadeza. El turismo de naturaleza está bien, pero se tiene que intentar dejar el lugar igual o mejor que antes de que hayas pasado".
Una simple acción puede ser suficiente para provocar daños. "Si te tiras en plancha, el golpe de agua que pega contra los costados puede romper las formaciones fácilmente", ejemplifica Gràcia, que establece una comparación con las cavidades plenamente turísticas: "A nadie se le ocurre ir a las Coves del Drach y tirarse en plancha porque te echarían".
Cómo entrar por primera vez a una cueva
Vanessa Sánchez, propietaria de AV Caving, guía y espeleóloga, intenta precisamente que quienes entran con ella sepan desde el primer momento dónde están accediendo. "Somos los únicos guías que somos espeleólogos. Con guía es cuando la gente mejor se comporta. Hacemos una visita de aventura, pero también educativa sobre lo que se puede y no se puede hacer. Parece que yo quiera ir a favor del guía para hacer dinero, pero la única forma de que la gente se porte bien es que alguien le explique cómo tiene que hacerlo", sostiene.
Sus visitas se convierten durante aproximadamente una hora y media en una pequeña clase de espeleología. "Sobre todo hay que estar tranquilo, no se puede levantar la voz ni saltar. Es una masterclass durante la hora y media que estamos. Explicamos las normas, cuánto tardan en crecer las formaciones y hacemos que la gente tenga un poco de conciencia. Un centímetro de una estalactita tipo espagueti tarda una media de cien años en crecer. Cuando la gente es consciente dice: ojo. Si queremos que las siguientes generaciones puedan ver esta cueva como nosotros, hay que protegerla".
Para Sánchez, precisamente ese conocimiento transforma la manera en la que los visitantes se comportan dentro de una cavidad. "Aquí, en Mallorca, están las cuevas más bonitas que he visto en mi vida. Hay que protegerlas, es increíble. Es lo que tenemos que valorar y proteger y lo que intentamos transmitir", cierra.

Estalactitas, por los suelos en una cueva de Mallorca / F.B.E.
Suscríbete para seguir leyendo