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Estudio

El legado de Educación Física: aprender a entrenar para toda la vida

Una investigación de Guillem Bujosa sugiere que enseñar a los adolescentes a planificar, supervisar y evaluar su propio aprendizaje en Educación Física mejora sus hábitos de fortalecimiento muscular, especialmente entre quienes menos ejercicio realizan

Guillem Bujosa, autor de la tesis.

Guillem Bujosa, autor de la tesis. / Guillem Bujosa

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Blanca Gelabert

Blanca Gelabert

Palma

¿Por qué algunos adolescentes abandonan la actividad física en cuanto termina la clase de Educación Física, mientras que otros consiguen convertirla en un hábito? La respuesta, según la tesis doctoral de Guillem Bujosa, no está únicamente en la motivación o en la condición física, sino en enseñarles una habilidad mucho más profunda: aprender a autorregularse.

«No solo es importante qué se enseña en Educación Física, sino cómo se enseña», resume Bujosa durante la entrevista. «Cuando un alumno aprende a gestionar su propio aprendizaje, tiene muchas más posibilidades de seguir practicando actividad física fuera del centro educativo».

La investigación analiza cómo el aprendizaje autorregulado puede ayudar a consolidar hábitos de actividad física de fortalecimiento muscular durante la adolescencia, una etapa decisiva porque los hábitos adquiridos en esos años suelen mantenerse en la edad adulta.

Mucho más que levantar pesas

Cuando se habla de fortalecimiento muscular, muchas personas piensan inmediatamente en un gimnasio. Sin embargo, el concepto es mucho más amplio. «Son ejercicios destinados a desarrollar el sistema musculoesquelético con cargas relativamente ligeras», explica el investigador. «Hablamos de flexiones, bandas elásticas, TRX, pesas rusas o ejercicios con el propio peso corporal, trabajando normalmente entre el 50 y el 60% de la capacidad máxima y con unas diez o quince repeticiones».

Este tipo de actividad aporta beneficios que van desde el aumento de la fuerza y la prevención de lesiones hasta la mejora de la autoestima, la salud mental o incluso el rendimiento académico. Aun así, sigue teniendo una presencia limitada entre los adolescentes. La propia tesis recuerda que el cumplimiento de las recomendaciones internacionales continúa siendo bajo y que los hábitos adquiridos durante la adolescencia son determinantes para mantener una vida activa en la edad adulta.

Además, existen diferencias entre chicos y chicas. «Las niñas realizan menos actividades de fortalecimiento muscular que los niños», señala Bujosa, un aspecto que también aparece reflejado en uno de los estudios de la tesis.

Enseñar a pensar antes, durante y después del ejercicio

El núcleo de la investigación gira en torno al aprendizaje autorregulado, una competencia que permite al estudiante dirigir conscientemente su propio aprendizaje. En la práctica significa aprender a hacerse preguntas como: ¿qué quiero conseguir?, ¿cómo voy a hacerlo?, ¿estoy progresando?, ¿qué debería cambiar?

«La autorregulación consiste en que el alumno aprenda a planificar, establecer objetivos, controlar cómo está trabajando, evaluar los resultados, reflexionar y mantener el esfuerzo», explica. Lejos de ser una habilidad exclusiva del ámbito académico, estas estrategias pueden trasladarse al ejercicio físico. Un adolescente que sabe organizar una rutina, adaptar la intensidad, revisar sus progresos y corregir errores tiene más probabilidades de seguir practicando deporte cuando desaparece la supervisión del profesor.

La tesis está estructurada como un compendio de cinco artículos científicos que abordan el problema desde distintos ángulos. Primero revisa toda la evidencia disponible; después desarrolla y valida un cuestionario específico para medir la autorregulación en Educación Física; posteriormente analiza la relación entre estas habilidades y la práctica deportiva en cerca de 300 adolescentes; y finalmente pone a prueba distintas intervenciones educativas en aulas reales.

Los resultados convergen en una misma conclusión: los estudiantes con mayores niveles de autorregulación también realizan más actividad física de fortalecimiento muscular, y enseñar estas habilidades mejora especialmente la situación de quienes eran menos activos al inicio.

«Quienes prácticamente no hacían este tipo de ejercicio fueron los que más mejoraron», destaca Bujosa. «No solo aumentó su práctica física, sino también su capacidad para gestionar el aprendizaje».

Tarjetas informativas de aspectos clave de los ejercicios de resistencia muscular (anverso y reverso).

Tarjetas informativas de aspectos clave de los ejercicios de resistencia muscular (anverso y reverso). / Guillem Bujosa

El profesor sigue siendo imprescindible

Uno de los resultados más llamativos contradice la idea de que el mejor aprendizaje siempre surge dejando libertad absoluta al alumnado. La investigación muestra que la estrategia más eficaz comienza precisamente con una enseñanza muy guiada por parte del profesor. «No se trata de lanzar al alumno a descubrir por sí solo cómo entrenar. Primero necesita un modelo claro», explica.

El programa se basa en un modelo de cuatro fases. En la primera, el profesor demuestra y guía. Después reduce progresivamente las ayudas mientras el alumnado gana autonomía. Finalmente, el estudiante es capaz de decidir qué ejercicios realizar, qué cargas utilizar y cómo adaptar su entrenamiento según sus necesidades.

«El objetivo final es que el profesor deje de ser necesario para que el alumno continúe entrenando».

Una metodología sencilla y aplicable

Aunque la tesis se centra en el fortalecimiento muscular, el investigador asegura que este enfoque ya está trasladándose a otros contenidos de Educación Física. «Estamos aplicando estas estrategias también en expresión corporal, danza o situaciones de cooperación y deportes colectivos».

La clave, afirma, no está en introducir grandes cambios materiales, sino en modificar la forma de enseñar. «Es una metodología relativamente sencilla y de bajo coste. Lo importante es explicar claramente qué se pretende conseguir, ayudar al alumnado a hacer seguimiento de su progreso y fomentar que reflexione sobre lo aprendido».

Lo que todavía queda por investigar

Como toda investigación, la tesis también presenta limitaciones. La práctica física se midió mediante cuestionarios cumplimentados por los propios estudiantes, ya que actualmente no existen herramientas objetivas ampliamente validadas para registrar específicamente la actividad de fortalecimiento muscular. Además, Bujosa considera necesario realizar seguimientos durante varios años para comprobar si los cambios observados en la adolescencia realmente se mantienen en la vida adulta.

Más allá del deporte, la investigación plantea una idea con implicaciones educativas mucho más amplias. Aprender a fijarse metas, planificar, perseverar, evaluar los propios errores y corregirlos son competencias que pueden utilizarse en prácticamente cualquier ámbito de la vida. «Cuando un alumno aprende a autorregularse, no solo mejora en Educación Física; adquiere herramientas que le servirán para seguir aprendiendo de manera autónoma durante toda su vida», concluye Bujosa.

Y quizá esa sea la principal aportación de su tesis: demostrar que el mejor entrenamiento no empieza en los músculos, sino en la forma de aprender.

¿Por qué los hábitos que se adquieren a los 15 años pueden durar toda la vida?

La adolescencia es una etapa clave para consolidar un estilo de vida activo. Numerosos estudios muestran que los hábitos de actividad física adquiridos durante estos años son uno de los mejores predictores de la práctica deportiva en la edad adulta. La evidencia indica que existe un «seguimiento» moderado de estos comportamientos: quienes son físicamente activos en la adolescencia tienen una probabilidad significativamente mayor de seguir siéndolo años después, aunque el hábito no sea inmutable.

¿Por qué los hábitos que se adquieren a los 15 años pueden durar toda la vida?

¿Por qué los hábitos que se adquieren a los 15 años pueden durar toda la vida? / .

La explicación está en que durante la adolescencia no solo se desarrollan las capacidades físicas, sino también los comportamientos y habilidades que permiten mantener un estilo de vida activo de forma autónoma. Es una etapa en la que los jóvenes empiezan a decidir cómo ocupan su tiempo libre, qué actividades disfrutan y hasta qué punto se sienten capaces de practicar ejercicio sin depender de otras personas. Una revisión reciente, que analizó a más de 63.000 personas seguidas durante una media de 21 años, concluye que los comportamientos activos adquiridos en la infancia y la adolescencia tienden a mantenerse en la edad adulta y que esta continuidad es mayor cuando la práctica se realiza de forma regular, organizada y durante varios años, ya que favorece la consolidación del hábito y de la percepción de competencia. Por el contrario, otro metaanálisis muestra que el mayor descenso de la actividad física se produce entre el final de la adolescencia y el inicio de la vida adulta, coincidiendo con el abandono del deporte escolar, el acceso a la universidad o al mercado laboral y la desaparición de rutinas estructuradas que facilitaban el ejercicio. En otras palabras, cuando la práctica deja de depender de un horario o de un entrenador, solo quienes han desarrollado estrategias para mantenerla tienen más probabilidades de seguir siendo activos.

En este contexto, la tesis de Guillem Bujosa plantea que la Educación Física puede desempeñar un papel decisivo al enseñar a los adolescentes no solo a hacer ejercicio, sino también a planificarlo, supervisarlo y mantenerlo de forma autónoma cuando desaparece el apoyo del entorno escolar.

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