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Cronistas, historiadores y detectives, tras el rastro de la misteriosa herencia Desclaux en Mallorca

Las dos posibles herederas, una de ellas residente en la isla, investigan junto al abogado Fernando Osuna quién posee actualmente las propiedades y si se produjo alguna anomalía en las sucesivas transmisiones del millonario patrimonio

desclaux prensa herencia Presse 1961 (002)

desclaux prensa herencia Presse 1961 (002) / Bufete Osuna

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Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

La investigación sobre la denominada herencia Desclaux, un patrimonio cuyo origen se remonta a hace cerca de dos siglos, entra ahora en una nueva fase centrada en localizar los bienes que pudieron formar parte de la fortuna y reconstruir su trayectoria hasta sus actuales poseedores. Las dos posibles herederas, primas entre sí y residentes respectivamente en Mallorca y Suiza, tratan de determinar qué ocurrió con un legado al que se han vinculado históricamente casas, palacios, castillos, fincas rústicas, joyas y numerosas obras de arte.

El abogado Fernando Osuna, encargado del asunto, explica que hasta el momento se ha desarrollado una amplia labor de investigación, aunque sin resultados concluyentes en cuanto a la recuperación o localización de bienes del antiguo patrimonio. "Hemos rastreado con historiadores, cronistas y expertos en historia reciente", señala el letrado, que asegura que también se ha contactado con personas próximas a la familia. Pese a esas gestiones, reconoce que las pesquisas realizadas hasta ahora no han permitido determinar de forma clara quiénes son los actuales propietarios de los bienes que se buscan.

La estrategia pasa ahora por profundizar en una investigación patrimonial que permita identificar inmuebles que en algún momento hubieran figurado vinculados al apellido Desclaux. El objetivo es localizar casas, palacios y otras propiedades y, una vez identificadas, acudir a los correspondientes registros de la propiedad para reconstruir documentalmente su historia.

Según explica Osuna, si se consigue localizar uno de esos inmuebles, se solicitaría un certificado histórico en el Registro de la Propiedad con el que conocer su trayectoria y los sucesivos titulares. De esta forma se pretende comprobar si las diferentes transmisiones de los bienes se realizaron correctamente o si pudo producirse alguna anomalía susceptible de abrir una vía de reclamación.

La investigación contempla también revisar propiedades en Mallorca y otros lugares relacionados con el patrimonio familiar. Se trata, admite el abogado, de "un trabajo arduo y pesado", aunque considera que merece la pena continuar con las pesquisas ante la dimensión que históricamente se ha atribuido a la fortuna.

Registros, notarías y testamentos

El plan de trabajo de las reclamantes se articula en varios frentes. El primero consiste en la identificación y localización de castillos, palacios, viviendas, fincas, joyas, obras de arte y cualquier otro bien que hubiera podido integrar el patrimonio. A partir de ahí, se pretende buscar posibles testamentos, determinar quién posee actualmente esos bienes y obtener la documentación correspondiente tanto en los registros de la propiedad como en las notarías.

Otro de los objetivos es contactar con familiares y personas vinculadas al apellido Desclaux que puedan aportar información sobre las distintas ramas de la familia o sobre el destino que tuvieron determinadas propiedades. Las dos mujeres que impulsan actualmente las pesquisas, una de ellas residente en Mallorca, disponen, según la información facilitada por su representación, de documentación y árboles genealógicos con los que sostienen su pertenencia al mismo tronco familiar.

Por el momento, sin embargo, la investigación no ha permitido recuperar bienes pertenecientes al que se describe como un enorme patrimonio. El equipo jurídico tampoco descarta recurrir a nuevas vías para avanzar en el rastreo. Entre ellas figura la posible contratación de un detective que lleve a cabo una investigación patrimonial específica.

Una fortuna nacida hace unos dos siglos

El origen de esta historia se encuentra en Esteban Desclaux, un francés que hace aproximadamente doscientos años contrajo matrimonio con una mujer de Menorca. Según la documentación y los relatos reunidos alrededor del caso, posteriormente estuvo vinculado a la navegación y habría generado una importante fortuna.

La figura de Desclaux ha llegado hasta nuestros días rodeada de versiones diferentes. Algunos relatos lo presentan como un empresario que amasó su patrimonio mediante el transporte marítimo durante las primeras décadas del siglo XIX, mientras que otras versiones lo han relacionado con el ámbito militar y con la nobleza francesa.

A su fortuna se han asociado históricamente palacios, viviendas, tierras rústicas, joyas y una importante colección de obras de arte. Además del patrimonio atribuido directamente a Esteban Desclaux, la investigación maneja la existencia de otro legado relacionado con la misma sucesión en el que figurarían, entre otros bienes, un castillo en Mónaco y numerosas casas y terrenos.

La reconstrucción de aquella herencia resulta especialmente compleja debido a lo ocurrido durante las generaciones posteriores. De acuerdo con los antecedentes recopilados, algunos herederos renunciaron a la sucesión, se produjeron litigios y conflictos familiares y varios descendientes fallecieron sin hijos. Esta última circunstancia habría mantenido abierta la línea colateral de la familia, que es precisamente la vía por la que las dos actuales reclamantes sostienen sus posibles derechos.

La actual investigación tampoco constituye el primer intento de esclarecer el destino de la fortuna Desclaux. El patrimonio ya generó reclamaciones en Mallorca durante los años sesenta del siglo pasado. En 1961, el diario Baleares dedicó una página a la historia bajo el titular "Dos familias mallorquinas dicen ser herederas universales de la fabulosa fortuna del Caballero Desclaux". La publicación de aquella época hacía referencia a un legado formado por oro, joyas, tierras y castillos y recogía también la existencia de árboles genealógicos y enfrentamientos familiares que dificultaban ya entonces cualquier posible resolución de la sucesión.

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