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Boulevard

Trump amenazó a los hoteleros mallorquines de Cuba con echarlos del mercado

El presidente americano habló incluso de intervenir los instrumentos de pago electrónicos, o de cortar la financiación desde entidades USA

El ejercicio de matonismo de Trump con los hoteleros mallorquines en Cuba redundará en provecho personal de la familia del presidente, según los afectados.

El ejercicio de matonismo de Trump con los hoteleros mallorquines en Cuba redundará en provecho personal de la familia del presidente, según los afectados. / Xisco Alario

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Matías Vallés

Matías Vallés

El presidente del Gobierno se entrevista con la primera autoridad de la Comunidad Autónoma. Al regresar del encuentro, confiesa horrorizado a sus próximos:

-Es la persona más racista que he conocido.

Mientras tanto, recuerden dónde leyeron antes que «Trump se quedará con todos los hoteles mallorquines en Cuba», cuando nuestros compatriotas solo habían renunciado a una parte de sus activos y confiaban en detener la hemorragia. La interpretación operaba en tres fases:

1. Trump expolia a los hoteleros mallorquines.

2. Trump enseña cómo tratar a los hoteleros mallorquines.

3. Trump solo necesitó una insinuación para que los hoteleros mallorquines huyeran despavoridos.

Pues bien, la tercera cláusula precisa de una corrección. La implicación de Trump que aterrorizó a los mallorquines tuvo una intensidad sin precedentes, viciosa y personalizada. Para persuadir o disuadir a los tacaños isleños tuvo que amenazarles directamente con echarlos del mercado, con no dejar piedra sobre piedra de sus imperios. Así nos cuadra más la estrepitosa espantada cubana.

Antes de comenzar, es obligatorio recordar que hay hoteleros mallorquines de pacotilla, la inmensa mayoría, y que al margen reina la Santísima Trinidad de Escarrer/Fluxá/Barceló. Los dos primeros estaban especialmente comprometidos en la isla caribeña, donde han regalado 34 y 20 establecimientos respectivamente. Para obligarles a entregar este botín, Trump y nadie más que Trump se empleó con una desfachatez insultante. Anunció medidas tan desaforadas como anularles los instrumentos de pago electrónico, vulgo tarjetas de crédito. O cortarles radicalmente cualquier financiación procedente de instituciones estadounidenses, un nudo corredizo para imperios basados en la deuda.

No tiene sentido aquí entrar a discutir si Trump disponía de instrumentos para materializar sus coacciones sumarísimas, basta examinar sus bravatas continuas en Irán. Se trataba simplemente de crear la atmósfera de pánico indispensable para que los mallorquines entregaran la dama cubana a su vecino del norte, que la volverá a convertir en su prostíbulo. El ataque no se limitaba a cortar la corriente digital que alimenta las transacciones. Trump y nadie más Trump dejó bien claro que el futuro de los imperios mallorquines quedaba segado en cualquier geografía de obediencia estadounidense. De nuevo, la crudeza de la apuesta iba por encima de sus posibilidades de ejecutarla.

Durante las imposiciones que no negociaciones se llegó a instaurar un clima de terror. Los hoteleros mallorquines no solo han protagonizado la segunda derrota histórica de España en Cuba frente a Estados Unidos, en algunos protagonistas de las exacciones ha quedado un rastro de pánico. Y una convicción, Trump no quiere los hoteles cubanos para genéricas cadenas norteamericanas, sino para propiciar intereses concretos de su familia. Al igual que ha ocurrido en Gaza, en Albania o en el Sáhara ahora marroquí que será atravesado de norte a sur por una ‘Autopista Trump’. A propósito, los hoteleros más avisados y por tanto conservadores reconocen que la intervención del Gobierno Sánchez no hubiera evitado la apropiación masiva de los establecimientos caribeños.

Nadie acusará a Escarrer/Fluxá de asustarse fácilmente, pero les ha asombrado encontrarse por primera vez con un enemigo que no apuñala por la espalda, sino que explica con todo lujo de detalle sus métodos de tortura. De manera directa y personal, sin necesidad de intermediarios. Por eso consuela regresar a la pacífica Mallorca, donde Marga Prohens ha obrado el prodigio de que el Sol y la Luna se alinearan sobre la isla. Ninguno de sus predecesores hubiera sido capaz de efectuar los cálculos necesarios para establecer dicha superposición. Ahora que hemos perdido Cuba y en la imagen que hoy nos ilustra, recuperamos el orgullo con una hazaña sin precedentes del Govern donde no se pone el Sol. Gracias a esta gesta más astronómica que autonómica, la presidenta es la política más importante de la historia de Balears, y de España si me apuran.

(¿Hoy no tenemos una noticia educativa descacharrante?) Por supuesto. El Govern confiesa que excluyó a un cinco por ciento de alumnos del informe PISA, cifra que coincide casualmente con el porcentaje máximo autorizado por la OCDE sin descalificar a la autonomía en cuestión. Rezaremos para que no hayan mentido, sería la primera vez.

No descartemos a la ligera que el mundo cultural mallorquín sea más desolador que el turístico, por poner un caso extremo. Por eso queríamos tanto a la excepción y excepcional Lourdes Sampol, artista y sobre todo luchadora, la hermana mayor que llamaba para aleccionar, animar o incluso regañar, con su voz ronca convencida de que el combate tenía sentido y un escueto saludo al teléfono, «Lourdes Sampol». Ha muerto una persona convencida de que Mallorca podía cambiar, y de que era nuestra obligación intentarlo. No siempre estuvimos a su altura.

Reflexión dominical ególatra: «Begoña Gómez se sentará en el banquillo por ser esposa de Sánchez, pero Sánchez pensaba que Begoña Gómez no se sentaría en el banquillo por ser su esposa».

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