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Educación

¿Investiga peor la UIB por desaparecer del ranking de las mil mejores universidades del mundo?

Tres expertos respaldan que el tamaño de la universidad y la creciente competencia internacional explican parte del desplome, pero amplían las causas al auge de los países emergentes, la incorporación de nuevas instituciones y el enorme peso de unos pocos investigadores altamente citados

Estudiantes en el campus de la UIB.

Estudiantes en el campus de la UIB. / Nair Cuéllar

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César Mateu

César Mateu

Palma

Que la Universitat de les Illes Balears (UIB) haya salido del ranking de Shanghái tras sufrir un desplome de más de 200 posiciones en un año es una sorpresa, que no solo deja a la institución académica balear fuera de las mil mejores del mundo, sino también a la cola a nivel nacional. Cantabria y La Rioja son las únicas comunidades autónomas de España que acompañan a Balears en estos parámetros, aunque hay ciertos aspectos que se deben matizar. "Su desempeño investigador está por encima del promedio", interpreta Joaquín Aldás, coautor de U-Ranking (listado nacional de universidades de la Fundación BBVA y el Ivie) y catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados en la Facultat d’Economia de la Universitat de València.

Coinciden con los argumentos de la UIB

Los tres expertos consultados por este diario coinciden en los dos argumentos principales con los que la UIB justifica su salida de la edición de 2026 del Academic Ranking of World Universities (ARWU): el auge de las universidades chinas, aunque lo matizan y extienden a instituciones de otros países emergentes, y una metodología basada fundamentalmente en indicadores de volumen que penaliza a las universidades más pequeñas.

Diferenciar volumen y productividad

La clave está en diferenciar entre volumen y productividad. "Hay dos tipos de rankings", explica Aldás. Shanghái pertenece al primer grupo, ya que contabiliza, además de alumnos o profesores con Premio Nobel o Fields (un parámetro muy difícil de conseguir para cualquier universidad nacional), el número de investigadores altamente citados, las publicaciones científicas o los artículos en las revistas Nature y Science, prácticamente siempre en términos absolutos. "La metodología penaliza a las pequeñas y no únicamente a la de Balears", señala. Solo uno de sus seis indicadores introduce una corrección relacionada con las dimensiones de cada institución y es el 10% de la puntuación total.

Aldás contrapone el caso balear con lo que ocurre cuando los resultados se relativizan en función de los recursos disponibles. En este segundo escenario, la fotografía cambia: "Es una universidad razonablemente productiva. Su desempeño investigador está por encima del promedio". Pone también como ejemplo a la Universidad Carlos III de Madrid, donde estudiará la princesa Leonor, una de las instituciones españolas con mayor productividad investigadora y que tampoco aparece este año entre las mil primeras de Shanghái.

Caída en los investigadores altamente citados

Precisamente, uno de los indicadores que más ha castigado a la UIB durante los últimos años es el de investigadores altamente citados (HiCi). Su puntuación ha pasado de 14,7 en 2019, cuando la universidad balear se encontraba entre las 500 mejores del mundo, a 6,6 en 2025, una caída superior al 55 %. En el mismo periodo, sin embargo, la puntuación correspondiente al volumen de publicaciones apenas ha descendido un 2,7 %, de 22,2 a 21,6.

La aparente contradicción tiene una explicación sencilla. "Esos puntos los generan muy pocas personas", advierte Aldás. La presencia o desaparición de unos pocos investigadores en la lista anual de los más citados elaborada por Clarivate puede tener un impacto enorme para una universidad pequeña. "Es lo que hace subir y bajar en el ranking a las universidades españolas", sostiene.

Y pone como ejemplo a la Universidad de La Laguna, cuya vinculación con el Instituto de Astrofísica de Canarias y a los observatorios astrofísicos de las islas, como el del Teide en Tenerife y el del Roque de los Muchachos en La Palma, le permite contar con investigadores altamente citados en un campo muy especializado. La composición de las áreas científicas y la presencia de apenas unos pocos nombres pueden, por tanto, provocar diferencias importantes entre instituciones de dimensiones similares.

Mayor competencia internacional

El segundo factor es una competencia internacional cada vez mayor. La UIB puso el foco en el crecimiento chino después de conocerse los resultados: el gigante asiático cuenta ya con 234 universidades entre las mil primeras. Los expertos coinciden en el diagnóstico, pero amplían el foco. No se trata únicamente de las nuevas instituciones chinas que entran en la clasificación, sino de universidades asiáticas y de otros países emergentes que incrementan año tras año su producción científica y adelantan a instituciones occidentales.

Carles Ramió, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universitat Pompeu Fabra, coincide en que "la competencia mundial es feroz", aunque introduce otra duda sobre la mesa: la magnitud de las oscilaciones. La UIB ha pasado de situarse entre las 500 mejores en 2019 a desaparecer de las mil primeras siete años después. "Una universidad no ha tenido tiempo de cambiar tanto", reflexiona. Un movimiento tan brusco le hace cuestionar hasta qué punto los rankings internacionales son instrumentos "maduros y estables".

Incremento de la muestra de las universidades

Considera "injusto" atribuir automáticamente el retroceso a los equipos de gobierno universitarios. Ni siquiera el incremento presupuestario de la UIB, aunque aun así bastante inferior que el de la Universidad de Murcia, que es cerca de un 50% mayor, ofrece una comparación inmediata. Ramió recuerda que habría que descontar la inflación y, sobre todo, que los resultados de una mayor inversión en investigación tardan años en materializarse: "No se nota al año siguiente, sino en cinco o seis años". Además, también cree que la muestra de universidades que utilizan en Shanghái es mayor que antes: "Tampoco era normal que tuviéramos a casi todas las universidades públicas entre las mil mejores".

Financiación y jubilación, más factores

Carlos Elías, licenciado en Química y Periodismo, periodista y catedrático de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid, además de profesor visitante en Harvard y en la London School of Economics, introduce en el debate factores internos del sistema universitario español que también pueden estar jugando en contra. "La financiación es un factor, pero no lo explica todo", sostiene. Apunta especialmente a la jubilación de investigadores con largas trayectorias en las ciencias experimentales, las dificultades para garantizar su relevo, los cambios en los incentivos académicos y la evolución de los criterios de evaluación de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación), que ha reducido la presión por publicar investigaciones de máximo impacto.

Recuerda que la clasificación nació en China con el objetivo de identificar las universidades de mayor potencia científica del mundo para saber hacia dónde enviar estudiantes al extranjero. De ahí su especial atención a las ciencias "duras", los premios Nobel, los investigadores altamente citados y las publicaciones de máximo impacto. "El ranking beneficia a las universidades potentes en ciencias", resume.

Las tres miradas confluyen así en una misma advertencia: desaparecer de Shanghái no significa necesariamente que la UIB investigue peor. El desplome existe, pero también los matices para interpretarlo.

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