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El Síndrome de Diógenes se dispara en Baleares: "He vaciado más de 400 casas y cada vez de gente más joven"

Con dieciséis años de experiencia entrando donde nadie se atreve, el mallorquín Juan José Salvà alerta del avance de este síndrome en las islas, una crisis que ya no entiende de edades ¿Su reclamo? «Prevenir y atender la salud mental antes de que la acumulación termine en desgracia»

Interior de una vivienda repleta de basura.

Interior de una vivienda repleta de basura. / Vaciados La Talalla

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Hay un instante justo antes de cruzar el umbral de una vivienda tomada por la acumulación extrema en el que el aire se vuelve pesado y el olor lo impregna todo. Sin embargo, más allá del impacto inicial del deterioro y de las toneladas de residuos apiladas hasta el techo, lo primero que se encuentra un profesional en el plano humano no es basura: es «una profunda soledad», una «gran vergüenza» y una «vulnerabilidad» absoluta. Detrás de un trastorno que devora el espacio habitable hasta hacerlo impracticable «se oculta siempre una persona que ha sufrido un quiebre emocional y que se encuentra completamente desbordada por la situación».

En Balears, Juan José Salvà se ha convertido en una de las pocas personas capaces de adentrarse allí donde nadie más sabe cómo actuar. Natural de Ca’s Concos (Felanitx) y al frente de la empresa Vaciados La Talalla, este joven especialista suma ya más de 16 años de trayectoria profesional y cerca de 400 intervenciones directas en viviendas de las islas. Un amplio bagaje al que se añaden exploraciones sobre el terreno y labores de asesoría prestadas a cerca de un millar de familias. Ahora, Salvà ha decidido dar un paso al frente para alertar, ante este diario, de que «la acumulación compulsiva ha dejado de ser un problema doméstico silenciado para convertirse en una auténtica emergencia de salud pública que afecta a toda la comunidad».

Depresión, soledad y juventud

Existe la creencia popular y extendida de que el Síndrome de Diógenes es un trastorno que afecta de manera exclusiva a personas de edad avanzada o que viven en situaciones de exclusión social severa. La realidad cotidiana que se vive a pie de calle en Balears desmiente de forma tajante este mito urbano, ya que se ha convertido-señala- «en una pandemia». Según Salvà, el perfil de la persona afectada ha cambiado de manera radical en los últimos años, un fenómeno que se vio -observa el experto- gravemente intensificado «tras el periodo de cuarentena por la pandemia de covid», etapa a partir de la cual el mallorquín detectó un incremento de casos cercano al 50% en el archipiélago.

«El caso de la persona más joven que he tenido que atender era el de una chica de solo 24 años. Esto demuestra que la acumulación extrema ya no tiene nada que ver con el nivel de vida, con la renta económica ni con la edad que se tenga, sino con el hecho de entrar en una depresión profunda de la que no se puede salir o sufrir un problema familiar traumático», relata el especialista.

En unas islas donde se calcula que hay más de 38.000 personas mayores viviendo completamente solas- según el Instituto Nacional de Estadística (INE)- la dispersión territorial y el aislamiento no deseado actúan como un potente caldo de cultivo. Sin embargo, el deterioro de la salud mental y la falta de redes de contención social ya no entienden de generaciones ni de clases sociales.

Una habitación repleta de plásticos y suciedad.

Una habitación repleta de plásticos y suciedad. / VLT

«Bombas de relojería»

El incendio registrado en el casco antiguo de Llucmajor este mes de julio volvió a situar en primer plano los riesgos que entraña este trastorno. Y es que, como explica Salvà, una vivienda colapsada por toneladas de materiales inflamables no solo representa una trampa mortal para la persona que habita en ella; es una amenaza directa para todo el edificio y un entorno de trabajo con «un nivel de peligro altísimo para los equipos de bomberos y emergencias» que acuden al rescate.

«Cada caso de Síndrome de Diógenes que no se atiende a tiempo es una bomba de relojería para toda la comunidad», advierte el joven con contundencia. Las consecuencias inmediatas de esta inacción recaen de lleno sobre los vecinos de la finca, «quienes se ven obligados a convivir durante años con plagas recurrentes, olores insoportables y un desgaste psicológico abrumador provocado por el miedo constante a que se produzca una desgracia», detalla.

Las consecuencias inmediatas de esta inacción recaen de lleno sobre los vecinos de la finca, quienes se ven obligados a convivir durante años con plagas recurrentes, olores insoportables y un desgaste psicológico abrumador

A pesar de la gravedad de estas situaciones, Salvà considera que «el sistema público actual falla de manera reiterada» en la fase más crucial: la prevención primaria y el acompañamiento posterior a la intervención. El profesional enfatiza que vaciar un inmueble y extraer toneladas de desperdicios «resulta inútil si la persona no recibe atención terapéutica y social inmediata» desde el primer día.

«En un mismo periodo de un año y medio he llegado a limpiar la misma vivienda hasta en cuatro ocasiones distintas. Si no existe un seguimiento psicológico y social continuo durante al menos seis meses, la persona intenta volver a llenar la casa de inmediato para cubrir el vacío que siente», lamenta el especialista.

Protocolo

Salvà sostiene que la ausencia actual de un protocolo institucional «provoca que familias desbordadas y comunidades de vecinos al límite acudan a empresas privadas pagando miles de euros por trabajos que solo solucionan el síntoma estético pero no el trastorno de raíz». Ante esta situación, el experto abandera la necesidad de impulsar un Protocolo Balear de Actuación integral frente al Síndrome de Diógenes.

Asegura que esta herramienta autonómica «permitiría crear un canal único y ágil de notificación, fijar un sistema de valoración de riesgo común para todos los municipios y coordinar la actuación de los ayuntamientos, el IB-Salut, la Policía Local y los Bomberos».

Enfatiza que no le interesa ganar dinero con esto, de hecho dice que eso es algo que ya ha hecho «durante muchos años dedicándome al sector», pero que lo que de verdad le mueve ahora «es poner todo mi conocimiento sobre la mesa para que este peligro termine de una vez, porque es una realidad que le puede tocar a cualquier ciudadano». Por ello, ofrece su experiencia «de forma totalmente gratuita al Govern» para enseñar «cómo se interviene, aportar técnicas de campo y ayudar a formar a quien haga falta antes de que tengamos que lamentar nuevas tragedias en las islas», concluye.

Una cocina con residuos por todas partes.

Una cocina con residuos por todas partes. / VLT

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