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Oposiciones a profesor de Geografía: «Varsovia es una ciudad de Rusia»
Los republicanos socialistas aseguran que «pasamos una noche ‘de cosas buenas en los jardines de palacio’», orgullosos de los canapés de Marivent

El buzón, el tablón de anuncios, y sobre todo el «Conectado» a una agencia de seguridad, en los templos donde antaño hallaban refugio los perseguidos por la justicia. / MV
Entremos en harina. Profesores juzgan a futuros profesores en las oposiciones a enseñanzas medias, supongamos que hablamos del área de Geografía e Historia. Los docentes en el papel de alumnos se quejan de la dureza de las pruebas. Transmito esta acusación a dos miembros de tribunales de reconocido prestigio, ‘boomers’ incorregibles enjuiciando a la generación X y subsidiarias. Se muerden la lengua, pero acaban comentando que uno de los candidatos a enseñar la ciencia de los mapas estableció en el momento crucial de su carrera que «Varsovia es una ciudad de Rusia».
El lamento de los examinadores no se detiene en Polonia, perdón, en Rusia. Detallan confusiones climáticas casi humorísticas, y que el Enrique IV de un examen es en realidad Enrique VIII, aunque aquí podría alegarse la voluntad legítima de degradar a la monarquía, mediante un adelgazamiento radical de sus ordinales. Me desmenuzan las excesivas faltas ortográficas o sintácticas, las caóticas construcciones lógicas a las que tienen que acostumbrarse.
Les pido una tregua, porque los profesores de cualquier asignatura solo han de enseñar a los alumnos que Mallorca es una heredocracia, y que su misión en este mundo consiste en recibir en testamento una vivienda que nunca podrán adquirir por su propio esfuerzo laboral. Abundan los libros sobre errores morrocotudos cometidos por los estudiantes, pero la democratización de la vida académica iguala a los docentes en meteduras de pata. Y en el enigma definitivo, ¿por qué querría ser profesor de Geografía alguien que no siente el menor interés por ubicar a Varsovia en un mapa? O tal vez sabe algo sobre los propósitos inminentes de Putin que nosotros ignoramos
Bienvenidos en general a Mallorca, el primer lugar del mundo donde la Guardia Civil declara Bienes de Interés Cultural a las inmobiliarias. ‘Immobilien’, perdón por el lapsus. De este modo, la mera crítica por escrito a los extranjeros que roban sus casas a los mallorquines supone un atentado patrimonial, que concede a los lectores de dicha discrepancia el rango de grupo criminal.
De hecho, el sabio atestado policial de Santa Maria emplea como criterio de autoridad las críticas de las organizaciones empresariales a las acciones directas contra el turismo. Ni los más radicales nos referíamos a esto, cuando hablábamos del poder de la Caeb. Queda claro que el atestado no corresponde a los mismos guardias que han desnudado al multimillonario patrón alemán del yate/discoteca que mató a un mallorquín, y que devuelven el honor a su cuerpo. Por cierto, no pedimos al Consell que detenga y espose a los grafiteros de la Vía de Tortura, solo que borre sus monigotes con nuestro dinero.
A propósito de políticos incompetentes, Marivent albergó la semana pasada una cumbre del PSOE. En la foto oficial del acontecimiento cortesano, figuran Xisco Dalmau, José Hila, Rosario Sánchez, Cati Cladera y demás perdedores. Los republicanos socialistas se postraban ante los Reyes en pleno desastre de Ceuta con decenas de muertos, cuando la tragedia de Adamuz privó a los palmesanos de las fiestas de Sant Sebastià. La rendición de armas progresista estaba presidida por Rodríguez Badall, sonriente y relajado el mismo día en que las aguas de Balears amortajaban a una veintena de inmigrantes en su jurisdicción.
Que pasen y coman los socialistas, suerte que no existe ningún riesgo de que recuperen el poder. El resumen de la humillación coronada lo recoge el concejal Dalmau en su cuenta de facebook, bajo la foto del grupo: «No estaba Hasan, como cantaba Pastora Soler en la canción, pero sí que pasamos una noche ‘de cosas buenas en los jardines de palacio’». En cuanto te despistas, los progresistas se adueñan del lenguaje imperial de la ultraderecha, aunque nada puede sorprender en el autor de la frase «el sector del taxi se autorregula». La toxicidad o ‘taxicidad’ de la herencia de Armengol no se corrige ni colocándoles una mascarilla fraudulenta a sus cachorros. Son tan inocuos que ocultan la evidencia de que hay mentiras, grandes mentiras y el Govern del PP, el único ejecutivo autonómico que defiende la patraña de que en su territorio no se producen muertes por el calor.
En la imagen que hoy nos ilustra no constan aunque podrían el hotelero Antonio Horrach Moyá y la actriz Patricia Conde, que cenaban el pasado ocho de agosto en el restaurante Amazo, local de moda en el Port de Pollença. Es la segunda vez en que debería aparecer Armengol en esta página, así que evitaremos la reiteración. Les supera en atractivo la fachada de la iglesia del Port d’Andratx que consta de buzón, tablón de anuncios, pero sobre todo de la placa del ‘Conectado’ a una agencia de seguridad. Algo ha cambiado desde los tiempos en que los templos ofrecían refugio a los perseguidos por la justicia. Pobre Jesucristo, si se le ocurre regresar
Reflexión dominical hueca: «No hay nada más triste que una manifestación de éxito sin un día después».
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