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El eclipse total de la Universitat de les Illes Balears

El conseller de Educación, Antoni Vera

El conseller de Educación, Antoni Vera / DM

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Matías Vallés

Matías Vallés

España cuenta con hasta treinta universidades entre las mil mejores del mundo, que no es un dato para presumir. Ninguna se llama Universitat de les Illes Balears, la institución académica más relevante de su comunidad ha sufrido un eclipse total, hasta desaparecer de un ranking de Shanghái donde estaba obligada a integrarse solo por demografía y ubicación.

Por fortuna, cabe descartar que el eclipse total de la Universitat afecte en lo más mínimo a la institución. Ni siquiera generará un átomo de autocrítica, afianzará su acentuada vocación provinciana. El hundimiento de la UIB implica el fracaso colectivo de Balears. El principal imperio turístico del planeta lidera también la incultura planificada.

El eclipse total estaba tan anunciado como el solar, tras el retroceso sostenido desde la inclusión de la UIB entre las quinientas mejores del mundo en la década pasada. Las caídas fueron menospreciadas con la suficiencia típica de quienes acaban de ser condecorados como los peores catedráticos del planeta.

Un retroceso en Shanghái sería preocupante, el eclipse total es descorazonador. Para evitar trastornos serios, conviene no desmenuzar qué enclaves del planeta han desplazado a la UIB. Limitando el foco a España, la práctica totalidad de las autonomías están representadas. Figuran catorce regiones, incluidas las consideradas pobres desde la prepotencia local, como Andalucía (3), Canarias (1) o Extremadura (1). Solo La Rioja y Cantabria acompañan en la orfandad a Balears.

Tres factores deben explicar la catástrofe: Alumnado, profesorado y estructura de la UIB. Culpar a los estudiantes bordearía el sadismo, por lo que se cuestiona el nivel docente e investigador, pero ante todo la ejecutoria del rectorado que ha hundido a la Universitat sin prisa pero sin pausa.

Dado que la UIB depende del Govern, el conseller Antoni Vera siempre podrá culpar a alguna ley socialista del naufragio de su portaviones. Prohens, incapaz de improvisar una solución para ningún problema, se dedica a la promoción vergonzosa de universidades a todas luces inferiores a la UIB. Ninguno de los proyectos privados figurará en el índice Shanghái, ni aunque lo amplíen a un millón de centros mundiales.

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