Fenómeno astronómico
Mallorquines que renunciaron a ver el eclipse por indiferencia y miedo: "Me molestó que los encargados de diseñar el dispositivo priorizaran a los turistas"
El barrio de Pere Garau se divide entre quienes disfrutaron de los 90 segundos de oscuridad y los que en ningún momento se plantearon hacer ningún sacrificio por observarlo: "Ha servido para desviar la atención de otras cosas más importantes"

Manu Mielniezuk
Decenas de miles de personas se concentraron el miércoles en diferentes lugares estratégicos de Mallorca para poder observar un eclipse histórico que para muchos quedará marcado en la memoria... y también en algunas retinas. La perfecta alineación entre la Tierra, el Sol y la Luna, erizó pieles, desató aplausos y los más sentimentales, derramaron lágrimas. No obstante, no toda Palma quiso ser parte de este fenómeno astronómico por "miedo", "indiferencia" o "la apertura de un portal energético oscuro que se abre dentro de la luz". Pere Garau, el barrio más poblado de la ciudad, acoge a varios residentes que han evitado ver los 90 segundos de oscuridad con sus propios ojos.
"He preferido alejarme"
Entre cajones llenos de fruta y verdura de temporada y de kilómetro cero como sandías, tomates, calabacines y berenjenas la vida continuaba igual en una de las plazas más concurridas de Palma unas horas después de que media isla enmudeciera al ver cómo llegaban los 90 segundos de oscuridad. El respiro térmico supuso también un alivio para los cuerpos, que están asfixiados por las olas de calor que no dejan de encadenarse.
Algunas conversaciones, no muchas, pero sí unas cuantas todavía sucedían en torno a todo lo que dio de sí. Unos sonreían orgullosos por haber encontrado una ubicación única y otros comentaban las imágenes más llamativas que deparó el día: personas caminando por la carretera, pedidas de mano y mucho, pero que mucho selfie, en el momento cumbre. Alegría, crítica e indiferencia juntas. Este era el ambiente de Pere Garau el jueves por la mañana.
Mientras muchas personas miraban en dirección al horizonte la tarde del 12 de agosto pasadas las 19:30 horas, muchas otras no tuvieron tanta suerte de tener ese privilegio porque a esa hora todavía se debían a su empleo. Un ejemplo de ello es Concha Merino, que teletrabajaba. Sin embargo, no le ha molestado. Tampoco intentó cambiar sus rutinas para ello, ya que no deseaba observar el eclipse: "Es un portal energético oscuro que se abre dentro de la luz. Prefería mantenerme alejada".
Asimismo, fueron otros los motivos que la llevaron a renunciar al fenómeno astronómico. La gran expectación generada le despertó un gran sentimiento de" pereza" y también le molestó que los "encargados de diseñar el dispositivo" priorizasen a los "turistas" por encima de los residentes en un día tan importante para la isla.
Otra razón por la que más vecinos del barrio no asistieron a contemplarlo es porque ya tuvieron la suerte de haberlo vivido en otro país. Reichel Gómez, que tras haberlo visto en su país de nacimiento hace algunos años, piensa que "una vez visto, visto todo".
Además, ha asegurado mientras recibía su pedido de frutas no sentir "ningún remordimiento" por haber faltado a esta cita histórica en Mallorca. "He dormido como un bebé", ha afirmado entre risas cómplices con la dependienta.
"Es una excusa para desviar la atención"
En la misma línea se ha mantenido Raquel Yebes, que tuvo el mismo sentimiento de "indiferencia" que la mayoría de los encuestados. "Sabiendo que todo estaría colapsado, decidí quedarme en casa. Es verdad que ha sido un evento increíble, pero no me llamaba especialmente la atención", ha subrayado. Aun así sí tuvo suficiente curiosidad como para seguir la retransmisión por televisión.
Yebes, que trabaja de frutera en el Mercat de Pere Garau, ha sostenido que "se ha creado un gran fanatismo" alrededor del fenómeno y que ha servido como excusa "para desviar la atención de otras cosas que son más importantes", sin mencionar cuáles debían tener un mayor protagonismo.
El miedo ha sido una de las respuestas más recurrentes. Las restricciones y todas las medidas preventivas del Govern para evitar riesgos de salud o quedarse parado durante horas en un atasco ha quitado la ilusión a más de uno.
Las previsiones de llegadas de miles de asistentes en las Zonas Oficiales de Observación y la retirada de varios modelos de gafas homologadas los días previos generaron en Custodia Jiménez un sentimiento de pavor por las consecuencias que podría sufrir presenciando en directo el peculiar ocaso. Además, ha opinado que se ha producido una "sobreinformación" y "publicación de artículos ilógicos" que ha aumentado la agonía que la llevó a seguir el acontecimiento desde la pantalla del televisor como otras miles de personas más.
"No era tan importante para frenar toda la ciudad"
Por el contrario, Edwin Andrés, otro viandante que prefirió no buscar ningún lugar para ver el eclipse, ha defendido el papel del despliegue informativo sobre las secuelas que puede provocar una larga exposición de los ojos al sol: "Es algo nuevo para mucha gente. Se ha informado bien sobre los efectos perjudiciales y las zonas de observación para generar una buena experiencia que es muy importante". Pese a sentirse seguro, Andrés optó por no arriesgarse por "salud y protección".
Keneth Brandao no estuvo presente por motivos más personales: agotamiento y no tener grandes expectativas por vivir de nuevo un acontecimiento de estas características, ya que tuvo la oportunidad de contemplarlo en Brasil.
Brandao ha explicado que parecía que "todo estaba montado para que la gente lo viese en casa mientras que los turistas podían tener bastante más libertad". Asimismo, ha calificado al eclipse como "un evento asombroso", pero "que no era tan importante para frenar toda la ciudad", ya que "en parte perjudicaron a la gente que tenía que ir a trabajar". "Entiendo que venga la gente a buscar la foto, pero primero los de aquí", ha sostenido Brandao.
Algunas personas pronosticaban que se viviría un cambio en la actitud de la sociedad, no obstante, la vida sigue igual, por lo menos, en el Mercat de Pere Garau. Yebes ha notado a sus clientes igual que los días previos: acelerados por comprar. La rutina parece haberse impuesto de nuevo y la normalidad ha regresado rápidamente a las calles y a los puestos del mercado. La expectación quedó atrás y la vida cotidiana ha vuelto a ocupar el centro de la escena, dejando poco espacio para aquel entusiasmo que había marcado los días anteriores. Todavía es pronto para generar ilusión para los próximos dos eclipses que recorrerán Mallorca en 2027 y 2028, pero nadie ha sido ajeno al del 12 de agosto que ha abierto una ventana nueva en la isla. Quieran o no, todos hablan de astronomía. Algo ha ganado la ciencia.
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