Así experimentó el eclipse una persona con discapacidad visual: “Quise tener mi propia percepción”
La trabajadora de la ONCE, Carmen Soler, relata cómo percibió el fenómeno a través del sonido, la temperatura y el comportamiento animal

Carmen Soler, trabajadora de ONCE Baleares / C.S.
Mientras miles de personas miraban al cielo con gafas homologadas para no perderse uno de los grandes fenómenos astronómicos de los últimos años, otras tuvieron que buscar formas diferentes de experimentar el eclipse. Es el caso de las personas con discapacidad visual, que, aunque no pudieron observarlo directamente, encontraron en otros sentidos una manera de vivirlo.
Una de ellas fue Carmen Soler, trabajadora de la ONCE en Baleares y persona con discapacidad visual. Soler reconoce que, en un primer momento, pensaba que el eclipse era “un acontecimiento exclusivamente visual" y que, por ello, sería difícil disfrutarlo. “Aunque no creía que el eclipse se podría experimentar de otra manera, lo he terminado viviendo con curiosidad”, explica Soler.
Sin embargo, la información que encontró en podcasts y redes sociales despertó su curiosidad y decidió acercarse hasta la zona de la Bahía de Palma para vivirlo en primera persona. Además, allí se encontró con un ambiente multitudinario y pero respetuoso, y comenzó a percibir los cambios que estaba provocando el eclipse.
Uno de los primeros efectos que notó fue el descenso de la temperatura. Lo que inicialmente parecía un atardecer convencional fue cambiando poco a poco hasta convertirse en una sensación mucho más parecida a la noche. “De repente, la sensación era de ser las 8 de la tarde a ser una noche cerrada”, recuerda.
Asimismo, Soler también percibió un aumento de la humedad y un mayor olor a mar. El comportamiento de los animales fue otro de los elementos que le permitieron seguir el fenómeno. Afirma que ella escuchó cómo “las gaviotas se estaban yendo”.
La trabajadora de la ONCE también quiso vivir la experiencia desde su propia percepción, sin que otras personas le explicaran constantemente lo que estaba sucediendo. Al final, asegura “haberse sentido incluida” y haber disfrutado de la experiencia “más de lo que esperaba”. Además, le sorprendió la repercusión social del eclipse y la cantidad de gente que salió a la calle, acercándose a la costa o siguiéndolo desde el mar.
Su experiencia demuestra que contemplar un fenómeno astronómico no siempre significa necesariamente verlo. El sonido, la temperatura, la humedad, los olores o incluso el comportamiento de los animales pueden convertirse también en una forma de acercarse a un eclipse y hacerlo accesible para todos.
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