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Fenómeno Astronómico

El eclipse vacía los restaurantes del centro de Palma: "La facturación cayó un 60%"

Las playas, miradores y zonas costeras concentraron a miles de personas durante la tarde del 12 de agosto, mientras Playa de Palma salvó la jornada con el consumo posterior al fenómeno astronómico: "Fue lo comido por lo servido"

Observación del eclipse desde Playa de Palma.

Observación del eclipse desde Playa de Palma. / B. Ramon

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César Mateu

César Mateu

Palma

Mientras playas, miradores y montañas de Mallorca se llenaban para contemplar el eclipse, el centro de Palma ofrecía una imagen inédita en pleno agosto. Comercios que bajaron la persiana antes de hora, menos gente paseando y restaurantes a un ritmo insólito sustituyeron durante varias horas el habitual bullicio de una de las zonas más concurridas de la ciudad. La búsqueda del mejor lugar para seguir el fenómeno astronómico cambió por completo los hábitos de consumo de residentes y turistas.

Centro de Palma vacío

"El espectáculo de la naturaleza fue apoteósico, pero el centro de Palma quedó vacío. La facturación cayó un 60% respecto a un día normal", asegura el presidente de Restauración CAEB Mallorca, Juanmi Ferrer. El centro histórico fue una de las zonas más perjudicadas por un eclipse que desplazó durante horas a miles de personas hacia la costa y los principales puntos de observación.

Esprint después del eclipse

En Playa de Palma el balance fue muy diferente. La restauración logró recuperar la actividad una vez terminó la totalidad gracias a la llegada masiva de clientes. "Fue lo comido por lo servido", resume Ferrer.

Muchos comensales ocuparon las mesas antes del eclipse, pero cuando llegó el gran momento abandonaron durante unos minutos las terrazas para acercarse a la playa y contemplar el fenómeno. Después regresaron para continuar la cena. Esa falta de rotación impidió que algunos establecimientos alcanzaran una facturación superior a la de un miércoles habitual de agosto, aunque el repunte posterior compensó buena parte de la caída de las horas anteriores, donde se notó una menor actividad.

Todos mirando el anillo de diamantes

Durante esos 90 segundos, incluso los camareros dejaron por unos instantes el servicio para acercarse al mar junto a los clientes. "Había emoción. Nuestro personal también salió a verlo. Hay que agradecer el trabajo de todos los equipos porque, en cuanto terminó, volvieron a dar un gran servicio", destaca Ferrer.

El presidente de Restauración CAEB reconoce que la emoción por el eclipse no se tradujo en un mayor gasto por cliente. "La gente lo vivió como una experiencia para recordar toda la vida y eso no siempre se refleja en la cuenta", asegura. Aun así, se queda con la imagen de una jornada histórica. "Fue un momento vibrante. Quien estuvo allí no lo olvidará nunca".

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