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En el eclipse también hubo clases

Restaurante de Mallorca con vistas al eclipse

Restaurante de Mallorca con vistas al eclipse / .

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Matías Vallés

Matías Vallés

Procedente de geografías tan exóticas como Groenlandia o Islandia, el eclipse entró en España por Galicia y salió por Mallorca, o más concretamente por Formentera. En el archipiélago situado a medio camino entre España y África, la ultraderecha de PP/Vox había organizado un fenómeno clasista. La plebe que les vota debería abstenerse de la contemplación en condiciones, para resignarse como máximo al apiñamiento en los arenales y sobre el cemento de la capital. Con la gente del común atemorizada, el Sol negro se colocaría al servicio de los reyes, magnates y turistas a más de mil euros la noche, fortificados en sus privilegiados refugios de montaña.

El partido de fútbol es el mismo, pero no es lo mismo contemplarlo desde un palco con aire acondicionado que en las gradas de piedra. Sin embargo, el Cielo desbarató los planes de la ultraderecha, porque los destinatarios del eclipse privado no lo pudieron disfrutar en su integridad. La coreografía solar fue entorpecido por unas engorrosas nubecillas, a las que ni siquiera se podía imputar penalmente por desórdenes públicos o injurias a la Corona como si fueran raperas. El eclipse a medias de los potentados demostró que estaban en el sitio equivocado en el momento equivocado, y que cuando aciertan es por casualidad.

Es imposible no adjuntarle un mensaje cósmico al eclipse que se empeñó en defraudar a los multimillonarios. En ningún caso se insinúa aquí que el dios Sol se dejó envenenar por las doctrinas marxistas, y sigue siendo evidente que habitamos la única vida que conocemos. Queda claro sin embargo que, en una existencia paralela o posterior, el reparto de roles no se ajustaría a los parámetros vigentes en la Tierra, vulgar espectadora de las conjunción astral. Las cada vez más escasas personas con conciencia de clase se habrán estremecido al comprobar que los reyes de España, Qatar o Dubai no fueron espectadores privilegiados. O tal vez se trató simplemente de ponérselo un poco más difícil a quienes siempre lo tienen más fácil, para regresar a partir de hoy a la realidad jerarquizada que patrocina la ultraderecha.

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