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Fenómeno Astronómico

La contradicción de las 60.000 personas en Playa de Palma para el eclipse: "Fue el peor día de ventas del mes"

La concentración de miles de personas junto al mar alteró por completo el consumo en la principal zona turística de Mallorca

Mientras algunos negocios perdieron ventas, otros salvaron la jornada gracias al repunte posterior a la totalidad.

En la Playa de Palma, hasta las siete de la tarde, se han concentrado unas 30.000 personas para ver el eclipse.

En la Playa de Palma, hasta las siete de la tarde, se han concentrado unas 30.000 personas para ver el eclipse. / Irene R. Aguado

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César Mateu

César Mateu

Palma

Un día después del eclipse, la normalidad ya había regresado a Playa de Palma. Los atascos volvieron a aparecer en la autopista y acceder a la Plaça de les Meravelles volvió a convertirse en una pequeña dificultad. Apenas quedaba rastro del mayor dispositivo de seguridad desplegado nunca en la zona. Sin embargo, el balance que dejó el fenómeno astronómico sigue sorprendiendo a muchos comerciantes: pese a las cerca de 60.000 personas que se concentraron junto al mar, algunos negocios registraron el peor día de ventas del mes.

Playas llenas, comercios vacíos

La playa estaba abarrotada y apenas cabía un alfiler en primera línea. Sin embargo, la mayoría de los visitantes no habían ido a consumir. Habían ido a mirar al cielo. Ese cambio de comportamiento alteró por completo una tarde que los comerciantes esperaban histórica y que terminó dejando sensaciones muy distintas según el tipo de negocio. "Teníamos muchas más expectativas. Había gente, pero no hubo ningún boom", resume Jonathan, del Spar de la Plaça de les Meravelles.

Preparó más mercancía de la habitual convencido de que el eclipse dispararía las ventas. No ocurrió: "Cuando acabó sí que vino algo más de gente, pero fue un día de verano más".

Peor día del mes

Las expectativas tampoco se cumplieron en el estanco a tan solo unos pasos. "Fue peor que cualquier otro día del mes. Pensábamos que sería un boom y nada", explica María José.Todos entraron a pedir gafas homologadas, pero se agotaron. A las 19.30 horas, cerraron.

En la joyería Demi también esperaban más movimiento. "Fue un día demasiado tranquilo. La gente entró en la zona, pero se quedó en la playa. Pensábamos que habría mucha más gente paseando por la calle", explican Mónica y Natalia. Creen incluso que el gran despliegue de seguridad pudo influir en el comportamiento de muchos visitantes. "Fue tan exagerado lo que se iba a hacer que mucha gente decidió no moverse". Cuando terminó el eclipse, en apenas diez o quince minutos, la mayoría ya había abandonado la zona.

Cara en el Restaurante Blau

La otra cara de la moneda la encontró el restaurante Blau. "Trabajamos un poco más que un día normal", cuentan Silvana y Verónica. El agua fue el producto más solicitado durante una jornada marcada por el calor. Cuando llegó la totalidad, los clientes dejaron las mesas para acercarse a la playa y contemplar el fenómeno. Después regresaron para continuar la comida o la cena. "Todavía tengo aquí la imagen del anillo", dice una de ellas emocionada.

En la perfumería Aures las ventas fueron normales, pero el recuerdo será otro. "Lo vimos desde la puerta. Fue emotivo", explica Maria Antònia. Lo que más le sorprendió no fue únicamente la oscuridad, sino el silencio. "Sin tráfico durante el día parecía volver al pasado. Un día normal esto parece un polígono con tantos camiones". Incluso alguien hizo sonar la banda sonora de Star Wars cuando comenzó la totalidad.

Alquiler de bicicletas

También Ricky's Cars percibió un comportamiento diferente. Durante buena parte del día el trabajo fue similar al habitual, pero a última hora aumentó la demanda de bicicletas para desplazarse a Cala Blava o Cabo Blanco. "Muchos no sabían dónde ir y acabaron alquilando una bici", explican. Incluso una persona lo llamó desde Cala Pi que había pinchado minutos antes de los 90 segundos de oscuridad. "No sé cómo lo hizo para por la mañana la bici ya estaba aquí".

Quizá ahí esté la gran contradicción del eclipse. Playa de Palma reunió a decenas de miles de personas, pero durante unas horas dejó de comportarse como un destino turístico convencional. Los clientes no buscaban otra compra ni otra ronda. Buscaban un buen lugar desde el que mirar al cielo. Y durante noventa segundos, todo lo demás pasó a un segundo plano.

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