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Contracrónica

Todo lo que no has visto del eclipse en Playa de Palma: ataques de pánico, timos y fotógrafos de medio mundo

Las 60.000 personas que han llenado la principal zona turística de Mallorca han dejado una jornada para el recuerdo

La playa de Palma ha recibido miles de visitantes para observar el eclipse

La playa de Palma ha recibido miles de visitantes para observar el eclipse / B.RAMON

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Playa de Palma

La histeria mediática se apoderó de los primeros rayos del amanecer en Playa de Palma. Había más micrófonos que personas clavando sus sombrillas en una arena que dejaba atrás una noche de excesos. La psicosis por las consecuencias del eclipse dejó un ambiente poco habitual en la principal zona turística de Mallorca.

Escasa actividad de día

La poca demanda comercial y gastronómica la compensaron los avispados que quisieron compensar sus cuentas. Vendían gafas por cinco euros y otros las regalaban a cambio de promociones, pero sin contar con los certificados pertinentes visibles en un día de escasez en las farmacias. Los empresarios más previsores hicieron su agosto por seis euros la unidad, eso sí, con todas las medidas de seguridad.

Fotógrafos de todo el mundo

Comenzaban a llegar los aspirantes de astrónomos y luego fotógrafos de medio mundo cuando todavía quedaban varias horas para el espectáculo final. Kevin y Joshua llevaban años planificando su viaje desde Estados Unidos y Canadá y pasearon durante horas con sus cámaras bajo un cielo asfixiante. El único lugar que dio un respiro al calor fue un supermarket asiático que tiró los precios: 75 céntimos por botella de agua. Ni en las grandes superficies.

Peor que un día normal

La sensación de todos los empresarios era la misma: peor que un día normal. Esa percepción también llegó entre los corresponsales que se buscaban unos a otros esperando noticias llamativas, pero era un día más. O incluso peor, con menos gente.

Todo lo bueno se hizo esperar. A pesar de unas declaraciones satisfactorias por el alcalde, la previsión de visitantes amagó con decepcionar, pero cumplió con las expectativas con un gran esprint final. Allí comenzó la traca.

Comenzó el comportamiento ejemplar

La nota que iba a ser amarga, llegó a ser un ejemplo de servicio público. A un chico de 18 años le dio un ataque de pánico por perder las gafas homologadas. Fue a Cruz Roja y un policía local, con una gran empatía le dio unas. La tónica del cuerpo municipal fue un auténtico reflejo de personas entregadas a la causa que también repartieron a todos los que necesitaban.

Las oleadas de gente llegaron y con ellas el esprint final mostró el verdadero comportamiento de algunas personas. Llamó la atención cómo algunas ajenas al resto que contemplaba los astros se subieron sobre el cuestionado murete tapando a los demás y, obviamente, tuvieron que bajar. Aunque quizás, menos consciente fue una pareja joven que, en vez de presenciar los 90 segundos de totalidad, solo se hicieron fotos.Y todos sabemos que su relación durará menos que la siguiente vez que el eclipse total de Sol paralice la isla de nuevo.

Llegó la luz y ahora sí la normalidad llegó. Los excesos llegaron en una jornada única y, quienes escriben esta crónica, se marchan más tarde que los servicios esenciales desplegados, que ya han recogido. Sí, ha vuelto la normalidad.

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