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Una nube empaña el eclipse en Banyalbufar: «Los ricos también lloran»

Más de un centenar de personas se reunió en el Port des Canonge para disfrutar de un atardecer histórico, aunque el tiempo decidió emborronar parte del espectáculo que la naturaleza brindaba, altruísticamente, a los presentes

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Pere Morell

Pere Morell

Port des Canonge

Las dos caras de la Luna. Entre cervezas y astrónomos transcurrió el eclipse en el Port des Canonge. Más de un centenar de personas se reunió en el privilegiado enclave de Banyalbufar para disfrutar de un atardecer histórico. Un público muy diverso: familias, turistas emborrachándose, (para los que lo menos importante parecía ser el eclipse) y algunos científicos armados con telescopios. No hubo una masificación total y, con el colapso que sufrían el pueblo de Banyalbufar, su carretera y su cala, se agradecía un poco de calma.

Al empezar, ya se pronosticaban murmullos de decepción ante la poca solemnidad de los primeros minutos del eclipse. Sin embargo, bajó la temperatura y empezaron los nervios. Y, de pronto, se hizo la oscuridad; el eclipse total se presentó ante el público.

Llegaron los «oooh», los «aaah» y los aplausos, hasta que una nube empañó parte del espectáculo que la naturaleza brindaba, altruísticamente, a los presentes.

Sin embargo, volvió a amanecer, que no es poco, por segunda vez este 12 de agosto. Y otro día más empezó como acabó el anterior. «Ha regresado como el ave Fénix», comentaba un grupo de jóvenes. En ese momento empezó la desbandada. No todos quisieron ver la puesta de sol eclipsada ni las llàgrimes de Sant Llorenç. Una vez pasado aquello de lo que todos habían hablado durante días, ya no tenía sentido quedarse.

Algunos estaban aterrados ante las advertencias de los oculistas y trataban de proteger a sus hijos: «Ahora es cuando te puedes quedar ciego». El terror era tal que algunos no quisieron que sus pequeños vieran la puesta de sol, aunque a esas alturas ya casi todos habían dejado de lado las gafas porque no se veía nada. No se sabía si porque eran de las que había repartido el Ayuntamiento de Valldemossa, que eran demasiado seguras y, por tanto, inseguras.

Las nubes desaparecieron y dejaron paso a una media luna rellena de sol que bañó de calidez el horizonte de la Tramuntana durante varios minutos.

«Los ricos también lloran», comentaba un padre a sus hijas al finalizar el espectáculo. Y es que, al final, en la propia Palma o en algunos pueblos del Pla se vio mejor el eclipse total que en la tan vanagloriada Tramuntana. En la sierra algunos habían arriesgado su vida en la carretera y otros habían pagado miles de euros para disfrutar de esos 90 segundos que el tiempo decidió emborronar.

Puede que no hiciera falta hacer tanta comèdia.

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