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Unas 60.000 personas enmudecen mirando al cielo ante el eclipse en la Playa de Palma

La afluencia se ha duplicado en la última hora y ha llenado el paseo después de una jornada mucho más tranquila de lo previsto

Turistas de numerosas nacionalidades, sobre todo alemanes, han contemplado un fenómeno que durante unos segundos ha dejado a miles de personas mirando al cielo prácticamente en silencio

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Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

Unas 60.000 personas se han quedado prácticamente en silencio durante unos segundos mirando el eclipse en el cielo de la Playa de Palma. Después han llegado los aplausos, gritos, silbidos y ovaciones, pero han sido contenidos para semejante espectáculo. Cuando la Luna ha tapado por completo el Sol, ante una escena que difícilmente volverán a contemplar en sus vidas, centenares de personas se han quedado embobadas observando fijamente el horizonte. Sin gafas por primera vez en más de una hora, con la mirada hacia arriba y miles de teléfonos móviles levantados intentando guardar unos segundos irrepetibles.

El eclipse total de sol ha convertido esta noche la Playa de Palma en uno de los grandes escenarios de Mallorca para contemplar el fenómeno astronómico. Alrededor de 60.000 personas han terminado concentrándose a lo largo de sus kilómetros de costa, según el balance final del Ayuntamiento de Palma, después de una jornada que durante muchas horas ha sido bastante más tranquila de lo que hacían prever las dimensiones del dispositivo que han preparado las instituciones.

El escenario ha cambiado en el último momento. A las siete de la tarde, el Ayuntamiento calculaba que había alrededor de 30.000 personas en toda la Playa de Palma. Pero poco después de las 19.00 horas han comenzado a aparecer centenares de espectadores por todas partes y la afluencia se ha duplicado en apenas una hora. El paseo se ha llenado, la arena ha recibido a miles de personas y los autobuses de la EMT han empezado a llegar abarrotados. Finalmente han sido 60.000, una cifra ya mucho más próxima a las 70.000 personas para las que se había dimensionado el operativo.

Y aun así, no ha habido sensación de aglomeraciones. Había muchísima gente, pero también muchos kilómetros donde repartirse. Desde Can Pastilla hasta los balnearios de s'Arenal, los espectadores han encontrado su particular trozo de cielo y el alcalde de Palma, Jaime Martínez, destacaba ya antes del eclipse que la concentración estaba "territorializada" y no había tapones de gente.

El Ballermann mira al cielo

Si había un lugar especialmente internacional era el entorno de los balnearios del Ballermann. Allí se hablaba principalmente alemán: los mallorquines eran minoría entre una multitud formada sobre todo por turistas del país germano, aunque también había británicos, estadounidenses, argentinos, franceses y visitantes de muchas otras nacionalidades.

La estampa era peculiar. Frente a la discoteca Megapark, uno de los mejores puntos para contemplarlo con el horizonte despejado, familias y grupos de amigos aguardaban con sus gafas especiales mientras a pocos metros continuaba la otra vida habitual de la Playa de Palma: turistas ebrios, vasos de cerveza enormes y el ambiente festivo típico de una tarde de agosto en uno de los epicentros del turismo alemán.

Aunque no todo el mundo compartía la expectación. Mientras miles de personas llevaban más de una hora siguiendo cómo la Luna iba comiéndose poco a poco el disco solar, algunos turistas estaban tranquilamente sentados en las terrazas, tomando algo y prácticamente ajenos a lo que estaba sucediendo sobre sus cabezas. Aun así, la inmensa mayoría miraba al cielo.

Las gafas (no todas homologadas, cabe decirlo) han sido el objeto estrella de la jornada. En las primeras horas del día la mayoría de farmacias de la zona han agotado existencias ante la avalancha de última hora, y de hecho, en el punto álgido del eclipse, había policías recorriendo la zona ofreciendo gafas a quienes no llevaban. Parece que las campañas de concienciación han calado, porque miles de personas observaban el Sol protegidas y se colocaban y retiraban las gafas a medida que seguían el fenómeno. Otros intentaban resolver otro de los grandes retos de la tarde: cómo fotografiarlo. No han sido pocos quienes han colocado las gafas delante de la cámara del teléfono para intentar captarlo.

A las ocho y media ha llegado el momento. Cuando la Luna ha ocultado completamente el Sol, la Playa de Palma se ha sumido durante unos instantes en una oscuridad insólita en pleno mes de agosto. Miles de teléfonos se han levantado a la vez. También han desaparecido muchas gafas de los rostros, porque durante la totalidad podía contemplarse, durante unos segundos que se han hecho muy breves, el fenómeno directamente.

Entonces ha ocurrido algo quizá más llamativo que el aplauso: ha habido un breve instante de silencio. Después de meses de preparativos, advertencias, dispositivos extraordinarios y expectativas, el espectáculo estaba finalmente allí y en la Playa de Palma se han escuchado aplausos y silbidos, pero miles de personas han permanecido mudas mirando hacia arriba. Ha durado muy poco, apenas unos segundos capaces de justificar horas de espera. Y tan rápido como ha llegado la oscuridad, ha regresado la luz.

Cuando la Luna ha empezado a descubrir de nuevo el Sol, gran parte del público ha dado por terminado el espectáculo y pocos han esperado a contemplar todo el proceso a la inversa. Entonces ha comenzado uno de los momentos más delicados del dispositivo, sacar de la zona a decenas de miles de personas.

Centenares han emprendido camino hacia Can Pastilla y algún aventurado ha empezado a andar en dirección a Palma. Otros han recuperado las bicicletas o han ido en busca de los vehículos que han dejado lejos de la primera línea. Ha habido carreras de los que querían adelantarse a la salida masiva y han comenzado a aparecer las primeras colas. La Policía Local ha desplazado su atención a la segunda línea para ordenar el tráfico y controlar el éxodo. Las terrazas han vuelto a llenarse de cerveza y comida. En la arena se han quedado numerosos grupos de personas y algunos han aprovechado los últimos minutos de luz para darse un baño.

El desenlace ha contratado con las horas anteriores. Las instituciones han preparado durante meses un dispositivo de máximos ante la enorme incertidumbre, y en este punto de Palma, los accesos a primera línea han empezado a cerrarse desde el mediodía. Las primeras horas han dejado también momentos de confusión y malestar para acceder a la playa, aunque el transporte público ha absorbido gran parte de los desplazamientos, con autobuses de la EMT pasando aproximadamente cada cinco minutos y muchos de ellos completamente llenos. A las siete de la tarde, más de 15.000 personas habían utilizado ya este servicio para desplazarse hasta la zona.

Pasadas las siete de la tarde, treinta mil personas se han convertido en 60.000 y el paseo ha acabado completamente lleno. La previsión de máximos ha permitido absorber esa llegada repentina sin que la multitud se convierta en una aglomeración incómoda.

Ahora queda por conocer la otra posible consecuencia del eclipse. Los sanitarios llevan semanas advirtiendo de que las lesiones en la retina pueden no manifestarse inmediatamente y el IB-Salut mantiene preparado su dispositivo oftalmológico para las horas y días posteriores.

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