Así vivió Mallorca el eclipse total de Sol de 1905: tranvías abarrotados, comercios cerrados y una nube en el peor momento
'La Almudaina', precedente de 'Diario de Mallorca', relató una jornada de enorme expectación popular, con expediciones científicas internacionales, hoteles llenos, azoteas abarrotadas y miles de personas pendientes del cielo

Más de un siglo antes del eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026, Mallorca ya vivió una jornada excepcional marcada por la ciencia, el turismo y la expectación popular. El 30 de agosto de 1905, la isla quedó bajo la sombra de la Luna y durante unos minutos el día se transformó en noche ante la mirada de miles de personas.
Las páginas publicadas por La Almudaina, precedente de Diario de Mallorca, los días 30 y 31 de agosto y 1 de septiembre permiten reconstruir con extraordinario detalle cómo se vivió aquel acontecimiento en Palma y en otros puntos de Mallorca. Hubo expediciones científicas extranjeras, hoteles completos, comercios cerrados, tranvías tomados por asalto y una población entera provista de cristales ahumados para poder mirar al cielo.
La meteorología, sin embargo, convirtió la jornada en una sucesión de nervios y decepciones. Las nubes amenazaron con ocultar el fenómeno y, cuando llegó la totalidad, una de ellas se interpuso en el momento más esperado. La corona solar solo pudo contemplarse claramente durante unos segundos.
«El turismo crece como avalancha»
El eclipse fue presentado por la prensa mallorquina como una oportunidad histórica para promocionar la isla. En su portada del 30 de agosto, La Almudaina publicó un artículo titulado 'Turistas y científicos', en el que aseguraba que «el turismo crece como avalancha en nuestra Mallorca».
El periódico celebraba que el fenómeno hubiera reunido en la isla a numerosos científicos y visitantes extranjeros. Consideraba que el eclipse permitía mostrar Mallorca a personas que hasta entonces desconocían sus paisajes, su patrimonio y sus condiciones para recibir viajeros.
Uno de los ejemplos citados era el del profesor escocés Mister Black. Según el diario, el científico estaba tan satisfecho con su estancia que se comprometía a recomendar la isla cuando regresara a Inglaterra. La Almudaina defendía que cada nuevo visitante podía convertirse en un propagandista de Mallorca en el extranjero.
La llegada de viajeros tuvo un efecto inmediato. El vapor Miramar arribó desde Barcelona lleno de extranjeros y algunos hoteles y fondas de Palma llegaron a ocupar todos sus departamentos. También se organizaron excursiones en carruaje a Santa Ponça, donde una comisión científica suiza había instalado una estación de observación.
Palma amaneció bajo la lluvia
El 30 de agosto comenzó con malas noticias. El cielo estaba cubierto, había lloviznas y la temperatura había bajado. Hasta aproximadamente las nueve y media de la mañana apenas se pudo ver el Sol.
La incertidumbre aumentó a medida que avanzaban las horas. El astro aparecía brevemente entre las nubes, pero volvía a ocultarse. La población no sabía si el esperado fenómeno podría observarse finalmente.
La crónica del día siguiente dejó una de las imágenes más gráficas de aquella mañana: los palmesanos salían de casa con los vidrios ahumados y el paraguas.
La venta de estos cristales se había disparado. En las calles prácticamente no había nadie sin algún tipo de protección improvisada. Quienes no habían comprado uno lo fabricaban en el portal de su casa, ennegreciendo trozos de vidrio. Cada vez que aparecía un rayo de Sol, los vecinos corrían hacia plazas y espacios abiertos para probarlos.
En el propio periódico se anunciaban «cristales ahumados y aparatos combinados para ver el eclipse», con precios de diez y cincuenta céntimos, una muestra de la dimensión comercial que alcanzó el acontecimiento.
Oficinas cerradas y tranvías «tomados por asalto»
A partir de las diez de la mañana, miles de personas comenzaron a desplazarse hacia los principales lugares de observación. Coches y tranvías circulaban llenos y, al acercarse el mediodía, eran «tomados por asalto», según la expresión utilizada por La Almudaina.
Las oficinas cerraron, los trabajadores dejaron los talleres y numerosos comercios bajaron sus puertas. Las azoteas, terrazas, plazas y entradas de las viviendas se llenaron de familias que esperaban el comienzo del eclipse.
«No quedaba criatura que no se preparase para observar el eclipse», resumía el periódico.
Muchos palmesanos se dirigieron hacia Bellver y Son Espanyolet, donde se habían instalado algunas de las principales expediciones científicas. Otros siguieron el fenómeno desde plazas, balcones y terrazas, con la mirada fija en los pequeños claros que se abrían entre las nubes.
El día se convirtió en noche
Cuando la Luna comenzó a cubrir el disco solar, la luz fue perdiendo intensidad. El paisaje adquirió tonalidades extrañas. Las montañas se volvieron moradas, el mar adoptó un tono gris plomizo y comenzaron a distinguirse algunas luces de Palma y de los barcos fondeados en la bahía.
Los gallos cantaron y los pájaros buscaron refugio. Poco antes de la totalidad también se observaron las denominadas sombras ondulantes, unas franjas luminosas que se desplazaban rápidamente sobre las superficies.
Finalmente, el último fragmento visible del Sol desapareció. La crónica describió una oscuridad «no completa, pero bastante intensa», semejante a encontrarse despierto a las tres de la madrugada durante una noche de verano sin luna.
«Un grito de sorpresa salió de millares de labios», relató La Almudaina. En algunos grupos hubo aplausos, vivas y exclamaciones de asombro.
Una nube ocultó la corona solar
Durante la totalidad apareció la corona alrededor del disco negro de la Luna. Sin embargo, el espectáculo duró muy poco.
Una nube espesa avanzó hacia el Sol y terminó cubriéndolo. Aunque el periódico calculaba que la totalidad se prolongaba durante casi cuatro minutos, la corona solo pudo contemplarse con claridad durante entre 15 y 20 segundos.
El resto del tiempo transcurrió bajo una especie de crepúsculo provocado por las nubes. La frustración fue enorme y la crónica habla de protestas y muestras de disgusto entre los espectadores.
Cuando reapareció el primer rayo solar, fino pero intensamente brillante, se produjo un rápido regreso de la luz. El paisaje recuperó sus colores y la actividad comenzó a reanudarse.

Campamento inglés de seguimiento del eclipse de 1905 en el Velódromo Palmesano del Camp d'en Serralta / Fotos Antiguas de Mallorca/Orgull Serraltí
Los científicos de Son Espanyolet obtuvieron diez fotografías
Una de las principales instalaciones científicas se encontraba en el Velódromo de Son Espanyolet. Allí trabajaba la comisión oficial inglesa dirigida por el astrónomo Norman Lockyer.
Al lugar acudieron el gobernador civil, el capitán general, el alcalde y varios concejales. En los alrededores se concentró una enorme cantidad de público procedente de Palma y de lo que entonces se conocía como el arrabal de Santa Catalina.
Las nubes impidieron observar con claridad una parte de la totalidad, aunque se abrió un breve claro que permitió contemplar la corona durante unos quince segundos.
Lockyer explicó después que habían obtenido diez fotografías de la corona con el espectroscopio. También se realizaron otras imágenes cuyo resultado era dudoso por el estado de la atmósfera. Los astrónomos consiguieron distinguir Venus y Júpiter, pero no descubrieron ninguna estrella nueva junto al Sol.
Bellver y la emoción del doctor Black
En Bellver trabajaban los doctores Black y Hunter. Desde allí solo fue posible obtener una fotografía de la corona solar, con una exposición de tres segundos. Black temía que el resultado fuera demasiado débil debido al poco tiempo disponible antes de que llegara la nube.
También se tomaron placas cinematográficas para estudiar la coloración y el movimiento de la sombra lunar, aunque el científico no estaba seguro de que pudieran aprovecharse.
Pese a las dificultades, Black se mostró profundamente emocionado. Según recogió el diario, el astrónomo había recorrido unas 6.000 millas para observar una corona solar, algo que nunca había podido contemplar en su país por culpa del cielo habitualmente cubierto.
«La he visto pocos segundos, pero la he visto y me basta», declaró.
Un dibujo de la corona en las páginas del periódico
La Almudaina publicó también una ilustración de la corona solar realizada por uno de sus redactores durante los breves segundos en que pudo contemplarse.
El propio periódico reconocía que el autor no tenía formación científica ni destacaba especialmente en el dibujo. Sin embargo, numerosas personas confirmaron que la representación se parecía a lo observado.
El doctor Black llegó a calificarla como una «excelente copia» y se quedó con uno de los originales para compararlo con los resultados de su expedición. La imagen se convirtió así en uno de los testimonios gráficos más inmediatos del eclipse vivido desde Palma.

Ilustración de la corona solar durante el eclipse publicada por 'La Almudaina' el 31 de agosto de 1905 / DM
El Seminario y el padre Algué
Otra de las estaciones de observación estaba instalada en el Seminario Conciliar y dirigida por el padre José Algué, responsable del Observatorio de Manila.
Algué aseguró que los fenómenos previstos se habían cumplido, aunque algunas fases parecían haberse producido ligeramente antes de los cálculos publicados. No quiso dar horarios definitivos hasta que se revelaran las placas fotográficas.
En las observaciones participaron varios sacerdotes y también estuvo presente el obispo. Días antes, algunos seminaristas se habían entrenado para dibujar directamente la corona durante la totalidad.
Muro, Inca y Andratx: experiencias muy diferentes
La experiencia del eclipse no fue igual en toda Mallorca.
Desde Muro se envió una crónica especialmente literaria. El corresponsal describió cómo la conversación se fue apagando a medida que disminuía la luz. Cuando apareció el disco negro rodeado por la corona, intentó dibujarlo, pero el lápiz se le cayó de la mano por la emoción.
La campiña quedó en silencio, los pájaros dejaron de cantar y un perro se refugió entre las piernas de su dueño. Cuando regresó la luz, el animal comenzó a ladrar y la naturaleza pareció reanimarse.
En Inca, la totalidad pudo contemplarse en buenas condiciones. Los vecinos ocuparon campanarios, terrazas, balcones y azoteas. Al desaparecer el último rayo de Sol se produjo una exclamación general, seguida de aplausos. También se observaron estrellas y numerosos murciélagos comenzaron a volar sobre los edificios.
Andratx tuvo peor suerte. Una nube impidió contemplar el fenómeno completo y, mientras en algunos puntos pudo verse durante unos instantes, en otros apenas fue visible. En Ibiza, en cambio, el eclipse se observó perfectamente y sin nubes.
La temperatura bajó dos grados
Las mediciones realizadas por la estación meteorológica mostraron que la temperatura descendió alrededor de dos grados durante el eclipse.
A mediodía se situaba en unos 25 grados y bajó hasta aproximadamente 23 durante el fenómeno, antes de recuperarse. El termómetro expuesto al Sol pasó de 28 a 24 grados al final de la totalidad.
También se registró una elevada humedad, viento del nordeste y corrientes atmosféricas en distintas direcciones. Durante la noche anterior habían caído unos tres litros de lluvia por metro cuadrado.
Un experimento médico durante la oscuridad
El médico M. Berga aprovechó el eclipse para estudiar sus posibles efectos sobre el organismo humano.
El experimento se realizó con un labrador de 32 años. Antes del eclipse tenía una temperatura axilar de 36,9 grados y 90 pulsaciones por minuto. Durante la totalidad, la temperatura descendió a 36,1 grados y las pulsaciones a 82.
El médico también anotó una respiración más lenta, menor circulación periférica, palidez, una mirada apagada y una expresión triste. Una hora más tarde, las funciones fisiológicas habían regresado prácticamente a la normalidad.
Berga concluyó que la luz solar y los fenómenos meteorológicos ejercían una influencia sobre el organismo. El experimento, muy alejado de los criterios científicos actuales, muestra hasta qué punto el eclipse despertó el interés de todas las disciplinas.
Eclipse total de sol: así podrás observarlo de forma segura con Diario de Mallorca y Multiópticas, aquí.
Hoteles completos y un extraordinario éxito editorial
El eclipse también dejó un importante movimiento turístico. Los visitantes extranjeros llenaron hoteles, fondas, vapores y carruajes.
Cuando comenzaron a abandonar Mallorca, la compañía Isleña Marítima tuvo que sustituir el vapor habitual por otro con mayor capacidad. Aun así, numerosos viajeros debieron retrasar su salida porque ya no quedaban camarotes disponibles.
El padre Algué y otros seis jesuitas partieron hacia Barcelona acompañados por autoridades y personalidades que acudieron al puerto para despedirlos.
El número extraordinario publicado por La Almudaina con motivo del eclipse también fue un éxito. Se imprimieron 4.250 ejemplares y apenas quedaban cincuenta pocos días después.
Banquetes para despedir a los astrónomos
Las autoridades organizaron varios actos en honor de las comisiones científicas.
La expedición inglesa ofreció un banquete en el Gran Hotel, al que fueron invitadas las autoridades y los responsables de los diferentes observatorios. Posteriormente, el Ayuntamiento reunió a los científicos en un almuerzo celebrado en el restaurante de Cas Català.
Durante la comida intervinieron el alcalde, el gobernador civil y el capitán general, y los responsables de las expediciones respondieron con diferentes brindis.
Suscríbete para seguir leyendo
- Alquila un coche para ir a la UIB y acaba destrozado por el temporal: «Lo tenía a todo riesgo, pero los del rent a car me dicen que no me lo van a cubrir»
- Detienen en Cataluña al líder de la estafa de Lujo Casa que llevaba nueve meses fugado
- Radar meteorológico en directo | Fuertes lluvias en Mallorca y se registran rachas de 109 kilómetros por hora
- Un informe del CNI desclasificado ayer por el Gobierno alerta del crecimiento de la ruta migratoria argelina hacia Baleares, la más importante en 2026
- Una conductora encontró el cuerpo de la fallecida en Felanitx al ver su brazo asomar fuera del agua
- Mallorca, en alerta naranja: el cambio de tiempo dejará lluvias intensas, tormentas y fuertes rachas de viento en la isla
- Malestar entre las familias de un colegio de Palma que ha eliminado los viajes de estudios tras un episodio de 'balconing'
- Una empresa alemana de alquiler de muebles se instala en Motorworld Mallorca
