¿No sudas pese al calor? Esta señal de alarma puede indicar un golpe de calor
La médica de familia Sandra Lossau explica las diferencias entre una insolación y un golpe de calor y cuándo es necesario acudir al hospital

A partir de cierto punto, ni siquiera el abanico sirve de ayuda. / CLARA MARGAIS/DPA
Nos encaminamos hacia la cuarta ola de calor. La sudoración constante, las largas noches calurosas y la elevada humedad se han convertido no solo en una molestia, sino también en un posible peligro. Pero ¿qué ocurre en nuestro cuerpo cuando permanece expuesto durante mucho tiempo al sol o a temperaturas extremas? La médica de familia Sandra Lossau, del Centro Médico Alemán de Santa Ponça, responde a varias preguntas sobre el calor y la salud.
—¿Cuál es la diferencia entre una insolación y un golpe de calor?
—En una insolación, el calor actúa principalmente de forma localizada, por ejemplo sobre la cabeza, cuando una persona permanece mucho tiempo al sol sin protección. Puede producirse incluso con temperaturas de 25 grados. Lo determinante es, sobre todo, el tiempo y la intensidad con los que el sol incide directamente sobre la cabeza. Esto puede provocar síntomas como fuertes dolores de cabeza o náuseas.
En un golpe de calor, en cambio, se ve afectado todo el organismo. Cuando la temperatura ambiental permanece elevada durante mucho tiempo, llega un momento en que el cuerpo ya no puede liberar suficiente calor. La temperatura corporal interna aumenta considerablemente. Esto puede dañar las células, desencadenar una grave reacción inflamatoria en el organismo y, en el peor de los casos, provocar un fallo multiorgánico.
—¿Qué otros síntomas puede provocar una insolación y cómo debe actuarse?
—Una insolación puede manifestarse mediante náuseas, mareos, taquicardia y dolor de cabeza. La persona afectada debe ser trasladada inmediatamente a la sombra o a un espacio fresco, preferiblemente climatizado.
Además, hay que enfriar el cuerpo con cuidado y beber suficiente líquido. En caso necesario, el paracetamol también puede ayudar a aliviar el dolor de cabeza.
—¿Puede una insolación derivar en un golpe de calor?
—Sí, es posible. Al principio suelen aparecer las molestias típicas de una insolación después de una larga exposición al sol. Sin embargo, si la temperatura corporal interna continúa aumentando, pueden aparecer también síntomas neurológicos, como confusión o alteraciones del habla y del movimiento. En ese caso puede desarrollarse un golpe de calor.
El riesgo aumenta si, además, se consume alcohol, ya que puede perjudicar la regulación de la temperatura corporal.
—¿Qué otros síntomas permiten reconocer un golpe de calor?
—Una señal importante es una temperatura corporal muy elevada, con frecuencia superior a los 40 grados. Pese al calor extremo, las personas afectadas pueden sudar muy poco o dejar de hacerlo por completo y presentar la piel seca.
Además de los síntomas neurológicos mencionados, también pueden producirse comportamientos repentinos, extraños o agresivos. Asimismo, pueden aparecer convulsiones similares a un ataque epiléptico. En el peor de los casos, la persona puede perder el conocimiento o entrar en coma.
—¿Qué ocurre exactamente en el cuerpo durante un golpe de calor?
—Hay que imaginarlo de la siguiente manera: todas las funciones corporales a nivel celular, es decir, los procesos que permiten que las células funcionen, están vinculadas a un margen de temperatura relativamente estrecho. A partir de una temperatura corporal superior a los 40 grados, la situación empieza a ser crítica.
Los mecanismos normales dejan entonces de funcionar correctamente a nivel celular. Se producen fuertes reacciones inflamatorias en el organismo, similares a las que aparecen durante una infección grave. Esta reacción inflamatoria afecta a los vasos sanguíneos, a la coagulación de la sangre y, finalmente, al conjunto de los órganos.
—¿Qué puede ocurrir en el peor de los casos? ¿Pueden quedar secuelas permanentes?
—En el peor de los casos puede producirse un fallo multiorgánico. Si una persona acaba ingresada en una unidad de cuidados intensivos, puede sufrir secuelas permanentes.
No obstante, la medicina intensiva ha avanzado mucho y el organismo también puede regenerarse. Todo depende de las enfermedades previas que tenga el paciente y de si órganos como el corazón o los riñones ya estaban dañados. Por eso no se puede generalizar. Sin embargo, diría que una persona sana de mediana edad puede llegar a recuperarse por completo.
—¿Quiénes son especialmente vulnerables al calor?
—Los bebés, los niños pequeños, las personas mayores y quienes padecen enfermedades previas son especialmente vulnerables. En estos grupos, un golpe de calor puede desarrollarse mucho más rápidamente que en adultos o adolescentes sanos y en buena forma física.
Determinados medicamentos también pueden aumentar el riesgo. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los betabloqueantes y algunos fármacos neurológicos, ya que pueden influir en la regulación de la temperatura y en la producción de sudor del organismo.
También desempeña un papel importante el grado de adaptación del cuerpo a las altas temperaturas. Hasta cierto punto, es posible acostumbrarse progresivamente al calor. Por eso, por ejemplo, los deportistas que van a participar en unos Juegos Olímpicos o en un campeonato mundial bajo condiciones especialmente calurosas se preparan específicamente para el clima que van a encontrar.
—¿Cómo hay que actuar para ayudar a una persona que sufre un golpe de calor?
—Hay que tomar inmediatamente todas las medidas necesarias para trasladar a la persona afectada a un lugar con una temperatura más baja. Se la debe refrescar con paños húmedos y hacer todo lo posible para reducir su temperatura corporal.
Tomar paracetamol o ibuprofeno para bajar la temperatura, como se haría en caso de fiebre, no sirve de nada y, por el contrario, puede provocar daños adicionales.
Si aparecen síntomas neurológicos, estas personas deben ser trasladadas siempre al hospital. Aunque se haya conseguido enfriar el cuerpo, el peligro no ha desaparecido. Pueden aparecer nuevos síntomas horas después o incluso hasta dos días más tarde.
En el hospital, los afectados reciben líquidos de forma continuada por vía intravenosa y siguen siendo enfriados con paños húmedos. Allí también se controlan los valores de los análisis y se les realiza un electrocardiograma.
—¿Cuánto tiempo pueden durar los síntomas de un golpe de calor y de una insolación?
—En el caso de un golpe de calor, depende de su gravedad. Si una persona acaba ingresada en cuidados intensivos, el tratamiento puede prolongarse hasta cuatro semanas.
En una insolación, en cambio, los síntomas suelen remitir con relativa rapidez. Si se enfría a la persona afectada y guarda reposo durante unas 24 horas, normalmente el episodio queda superado.
—¿Ha atendido en su consulta muchos casos de urgencias relacionados con el calor durante las últimas semanas?
—En realidad, lo que veo principalmente son insolaciones. De vez en cuando acuden pacientes con este problema. Este año creo que tuve un paciente que posiblemente había sufrido un golpe de calor.
Llegó a la consulta muy desorientado y presentaba lo que se conoce como disartria. Es decir, ya no podía hablar correctamente y le faltaban las palabras. Ante síntomas de este tipo, lo primero que se piensa es en un ictus.
Sin embargo, en su caso podía tratarse perfectamente de un problema relacionado con el calor, porque también tenía una temperatura corporal elevada. Por eso lo envié directamente al hospital.
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