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Conflicto familiar

Absuelta por pedir ayuda a una asociación de mujeres maltratadas

La mujer se separó sin presentar denuncia pero su marido se sintió ofendido

La mujer acudió a IBDona a pedir ayuda por el conflicto familiar que sufría.

La mujer acudió a IBDona a pedir ayuda por el conflicto familiar que sufría. / G. BOSCH

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Palma

Una jueza de Palma ha dictado una sentencia absolutoria por un caso único. Se trata de una mujer que fue juzgada y acusada por su expareja, padre de sus dos hijas, porque acudió a pedir ayuda a una asociación de maltratadas, pese a que nunca había denunciado a su exmarido por violencia familiar. El exesposo, sin embargo, se sintió ofendido y calumniado cuando descubrió a la madre de sus hijas en las páginas de este periódico, en un reportaje sobre un proyecto de ayuda, conocido como Venus sense canon, que organizaba la fundación IRES. Se trataba de un proyecto que se fundó para ayudar a las víctimas de la violencia de género.

La pareja se casó en el año 1996 y se separó nueve años más tarde. No fue hasta el año 2017 cuando la mujer acudió por primera vez al IBDona a pedir ayuda porque atravesaba una difícil relación con su expareja. Tras esta visita la mujer fue derivada al servicio de atención psicológica para mujeres víctimas de la violencia de género. Recibió numerosas sesiones, puesto que los técnicos consideraron que se trataba de una víctima de la violencia familiar, aunque ella no se había dado cuenta. No era una violencia a base de golpes, sino psicológica. Se le propuso la posibilidad de denunciar a su expareja, pero ella reclinó la oferta.

La mujer se implicó tanto en este tema que participó en proyectos de ayuda a otras mujeres que han sido maltratadas. También participó en un proyecto del Consell de Mallorca, llamado Trencar el silenci, y lo hizo escribiendo una carta que tituló «Cartas a los maltratadores». En este escrito relató los malos momentos que tuvo que sufrir durante su relación de pareja pero, eso sí, nunca mencionó en el texto el nombre de su exmarido.

Ya en el año 2022 la mujer apareció en un documental en televisión y en un reportaje en Diario de Mallorca, en el que se expresó desde su papel de víctima. Ella, junto a otras mujeres, habló de la necesidad de educar y trasformar a la sociedad para terminar con esta lacra social. La mujer apareció en el reportaje con el rostro descubierto. La publicación, sin duda, enfureció a su exmarido, porque interpretó que le estaba acusando directamente de ser un maltratador, cuando no se había presentado ninguna denuncia contra él, ni antes, ni después del divorcio. Por ello, decidió denunciar a la madre de sus hijas y acusarla de un delito de calumnias, a pesar de que su nombre no fue ni una vez citado en el texto del reportaje. Por lo tanto, esta mujer ha sido la primera persona que ha sido acusada de dicho delito por un caso directamente relacionado con un conflicto entre una pareja.

La jueza Catalina Munar, sin embargo, ha considerado que la mujer es inocente, por cuanto entiende que no constan «los actos, gestos, actuaciones, palabras, expresiones o vivencias que experimentó la mujer con la pareja que le causó tanto daño para necesitar terapia, quizás precisamente para no hurgar en el dolor».

La magistrada ha valorado sobre todo un detalle muy importante: cuando la mujer apareció en el reportaje en prensa hacía 17 años que se había divorciado de su marido, tiempo más que suficiente para tener otras relaciones sentimentales. Por tanto, el denunciante no podía saber con toda seguridad si se estaba refiriendo a él, insinuando que la había maltratado, o a otro hombre con el que podría haber iniciado una posterior relación sentimental. Tanto es así que incluso una excuñada, al ver su fotografía en el periódico, pensó que la mujer había iniciado una relación con otro hombre.

Lo que sí tiene claro la jueza es que esta mujer ha sido víctima de maltrato familiar, con independencia de que no hubiera denunciado nunca a su exmarido. Su condición de víctima lo acreditan todas las terapeutas que la han ayudado a superar este trauma psicológico. Por lo tanto, se considera que tampoco se inventaba unos hechos falsos cuando relató en la carta su experiencia como mujer maltratada, aunque no hubiera tenido después el coraje de presentar una denuncia formal contra su exmarido.

La sentencia desmonta todos los delitos que imputó el varón contra la mujer, para la que pidió pena de multa y 50.000 euros de indemnización. Como también se desacredita la declaración de los testigos, aportados por el marido, que aseguraron que identificaron al denunciante cuando no habían leído ni siquiera el reportaje.

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