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Sion Riera, médico internista en Son Espases, se jubila: «Ver cómo ha cambiado el VIH es la mayor satisfacción de mi carrera»

El jefe de sección de Enfermedades Infecciosas de Son Espases se ha retirado esta semana después de más de cuatro décadas dedicado a la sanidad pública, convencido de que el mayor reto sigue siendo protegerla

El internista, uno de los impulsores de la Consulta Autonómica de Enfermedades Infecciosas de Transmisión Sexual (CAITS), critica la huelga médica y lamenta la falta de apoyo a la Facultad de Medicina pública

El doctor Sion Riera, médico internista en Son Espases, se ha jubilado esta semana.

El doctor Sion Riera, médico internista en Son Espases, se ha jubilado esta semana. / Ana B. Muñoz

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Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

- Después de toda una vida dedicada a la medicina, ¿cómo afronta el momento de cerrar esta etapa?

Con alegría. Creo que he hecho todo el trabajo que podía hacer y todavía podré seguir ayudando desde otros ámbitos, como el IdISBa o en otros proyectos. Uno nunca deja de ser médico del todo.

- Sus compañeros le organizaron una despedida sorpresa. ¿Qué sintió al ver tanto cariño?

Fue muy emocionante porque no me esperaba nada. Vinieron compañeros con los que he trabajado durante muchos años, incluso algunos desde San Sebastián o Zaragoza. Me hizo muchísima ilusión.

Imagen de la despedida del doctor Sion Riera, con viejos amigos, compañeros del servicio de Enfermedades Infecciosas y del resto del hospital.

Imagen de la despedida del doctor Sion Riera, con viejos amigos, compañeros del servicio de Enfermedades Infecciosas y del resto del hospital. / DM

- ¿Por qué eligió dedicarse a las enfermedades infecciosas?

Cuando hacía la residencia llegó la epidemia del VIH. Los médicos adjuntos de entonces no querían hacerse cargo de aquellos pacientes, muchos de ellos consumidores de drogas por vía parenteral, y fuimos los residentes quienes empezamos a atenderlos. Así nació el grupo que acabaría impulsando la unidad de Enfermedades Infecciosas. Después de tanto tiempo, sigue sin existir esta especialidad en España, a diferencia del resto de Europa. Llevamos cuarenta años intentando que se reconozca y todavía no lo hemos conseguido, es una asignatura pendiente.

- ¿Qué le hubiera gustado ver antes de jubilarse?

- Una vacuna contra el VIH o un tratamiento que cure completamente la enfermedad. No lo hemos conseguido, pero sí hemos logrado tratamientos extraordinarios y tenemos un equipo magnífico.

- Usted empezó en Son Dureta y después vio nacer Son Espases. ¿Qué recuerda de aquellos años?

- Tengo muy buenos recuerdos, aunque también fueron años muy duros. Aproximadamente entre 1994 y el año 2000 morían alrededor de dos centenares de jóvenes al año por VIH. Veíamos morir a personas de 30 años continuamente. Hasta que llegaron los nuevos tratamientos aquello fue tremendamente duro.

- ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de toda su carrera?

- Sin duda ver cómo cambió el VIH. Pacientes que tenían un pronóstico de vida de pocos meses resucitaron, literalmente. Muchos de ellos llevan más de treinta años viniendo a consulta y estos días me he despedido de algunos.

- ¿Aquellos años fueron el momento más duro que le tocó vivir como médico?

- Uno de ellos, porque ver morir gente tan joven es muy difícil. Después también vivimos el ébola, la covid y muchas otras situaciones muy complicadas, pero el cambio que supusieron los tratamientos contra el VIH ha sido probablemente el mayor que hemos visto quienes nos dedicamos a esto. Hoy seguimos a más de 4.300 pacientes con VIH en Mallorca, y prácticamente hacen vida normal. Apenas ingresan y tienen una calidad de vida muy buena. Haber vivido esa transformación es una enorme satisfacción profesional.

- También fue uno de los fundadores del CAITS. ¿Qué supuso crear una consulta de este tipo cuando todavía existía tanto estigma?

- Nosotros siempre entendimos que no bastaba con tratar pacientes; había que prevenir nuevas infecciones. Cuando vimos que el VIH se transmitía principalmente por vía sexual pensamos que hacía falta un centro específico. Costó muchísimo ponerlo en marcha y todavía cuesta mantenerlo porque siempre ha faltado financiación, instalaciones y recursos.

- ¿Sigue viendo tanto estigma?

- Ha mejorado mucho, gracias también al trabajo de asociaciones como Alas, pero todavía existe. Hay personas que siguen teniendo miedo de hacerse una prueba del VIH por ese estigma y eso retrasa el diagnóstico.

- ¿Cómo han evolucionado las infecciones de transmisión sexual?

- Han aumentado todas. Es verdad que ahora diagnosticamos mucho más, pero también influye que se utiliza menos el preservativo. La gente ha perdido el miedo porque el VIH está más controlado. En Baleares, además, siempre hemos tenido tasas superiores a las del resto de España porque somos una comunidad turística. Por eso necesitamos reforzar todavía más recursos como el CAITS.

- Usted ha dedicado gran parte de su tiempo libre a participar en proyectos de cooperación internacional. Dentro de unos días, aunque ya está jubilado, viajará a Angola con varios residentes. ¿Qué le aportan estos viajes?

- Me enseñan que vivimos en un país privilegiado. Tenemos una sanidad pública extraordinaria, instalaciones magníficas y profesionales muy preparados. Cuando trabajas en lugares con muchos menos recursos aprendes a valorar todo eso y también a utilizar mejor los recursos que tenemos aquí. La gente allí te da más de lo que tú le das; son personas enormemente agradecidas y con una alegría de vivir impresionante. Al final vamos casi por egoísmo.

- También estuvo en primera línea con el ébola y la covid.

- Fue otro momento muy duro. Muchos médicos jóvenes sufrieron muchísimo porque se enfrentaban a una enfermedad completamente desconocida. No sabíamos cómo tratarla y veíamos morir a pacientes cada día. Algunos compañeros quedaron muy tocados e incluso dejaron la profesión.

- ¿Qué deberíamos recordar como sociedad de aquellas experiencias?

- Que la sanidad pública no es gratuita. Cuesta muchísimo mantenerla y detrás de cada consulta hay un enorme trabajo de médicos, enfermeras y muchos otros profesionales. Todos tenemos que cuidarla.

- Siempre ha defendido la sanidad pública. Nunca ha trabajado en la privada. ¿Por qué?

- Porque creo profundamente en ella. Me siento muy afortunado de haber podido atender a cualquier paciente sin preguntarle de dónde viene ni pedirle una tarjeta de crédito. Sin una sanidad pública fuerte, el VIH o el covid habrían sido muchísimo peores; desde luego, habrían muerto muchas más personas. La sanidad pública está infravalorada y rodeada de muchos intereses privados. Es vital protegerla porque es uno de los grandes logros de nuestra sociedad.

- También ha sido muy crítico con la situación de la Facultad de Medicina.

- Sí. Me parece muy triste que la facultad pública siga sin contar con las condiciones que necesita mientras se autorizan nuevas facultades privadas. Los profesores han trabajado prácticamente por vocación durante años y eso no puede mantenerse indefinidamente.

- En las últimas semanas también ha habido mucha tensión por la huelga médica. Usted no la secundó.

- Nunca había visto huelgas de una semana en la sanidad y me parece un escándalo. Es una medida muy grave que perjudica inevitablemente a los pacientes. Si se hacen, deberían responder a unos objetivos muy claros y entendibles para la sociedad. No es normal que haya huelgas médicas de una semana, y tampoco es normal que la gerente del hospital esté en primera línea en las manifestaciones. Quiere decir que no hay interés en que la sanidad pública se mantenga, y eso me sabe muy mal.

- Usted es crítico con el Sindicato Médico de Baleares (Simebal).

- Los representantes sindicales llevan muchos años alejados de la realidad asistencial. Ya no conocen la sanidad pública porque ya no trabajan aquí. Me perdonarán, pero a mí, sinceramente, no me representan.

- ¿Qué le preocupa del futuro de Son Espases?

- Que los gobiernos valoren la sanidad pública como merece, que cuiden a los profesionales y que permitan que los jóvenes puedan desarrollar aquí su carrera, comprar una vivienda y vivir dignamente. Si queremos seguir teniendo una buena sanidad, tenemos que cuidar a quienes trabajan en ella.

- ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de médicos?

- Son magníficas, están mucho mejor preparadas que nosotros. Tenemos residentes fantásticos. Lo único que les diría es que nunca pierdan la curiosidad y que vengan al hospital con alegría. Con eso ya tienen mucho ganado.

- ¿Cómo le gustaría que le recuerden en el hospital?

- Eso me da bastante igual. Lo único que me gustaría es que quienes vienen detrás disfruten trabajando tanto como he disfrutado yo. He venido al hospital todos los días con alegría y ojalá ellos también puedan hacerlo.

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