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Ana Sancha, nueva presidenta del Colegio de Veterinarios de Baleares: "La profesión está en crisis; hay una falta de reconocimiento real a todos los niveles"

(Barcelona, 1972) Con una dilatada trayectoria en clínica de pequeños animales y erradicación de la lengua azul, toma las riendas del COVIB tras 24 años bajo el liderazgo de Ramón García, y lo hace abordando sin rodeos los retos del colectivo y las trabas burocráticas del medicamento

El «gran objetivo» de Ana Sancha es «abrir el Colegio a sus profesionales, que vean en la sede su propia casa».

El «gran objetivo» de Ana Sancha es «abrir el Colegio a sus profesionales, que vean en la sede su propia casa». / COVIB

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Asume la presidencia del Colegio de Veterinarios tras un mandato de 24 años encabezado por Ramón García Janer. ¿Qué balance hace de ese legado y qué sello personal busca imprimir en la institución desde el primer día?

El balance es absolutamente positivo. Ramón ha hecho muchísimo, no solo por el Colegio, sino por toda la profesión veterinaria. Ha tenido una visión muy moderna de lo que se avecinaba; además de un perfil muy enfocado a la salud pública, a la que ha dedicado prácticamente toda su vida. Ha digitalizado el Colegio y todo el sistema de identificación del RIAC [Registro de Identificación de Animales de Compañía]. De hecho, somos el segundo colegio de España en superar la auditoría del Esquema Nacional de Seguridad de la Agencia Española de Medicamentos, solo un mes por detrás de Valencia. Tuvo también la valentía de comprar la sede actual, una instalación magnífica a la que ahora queremos sacar todavía más partido. Aprovechando esa digitalización, hemos liberado dos espacios: una sala polivalente para formación e intercambio de conocimiento y una sala de coworking gratuita para que los colegiados puedan reunirse, estudiar o trabajar en tranquilidad. Mi gran objetivo es abrir el Colegio a sus profesionales, que no sientan que estamos de espaldas a ellos, sino que vean en la sede su propia casa.

Presenta una junta de gobierno renovada para esta nueva etapa. ¿Qué fortalezas aporta la combinación de los distintos perfiles para afrontar los retos de la insularidad?

Estoy muy contenta porque todas las personas a las que llamé eran mi primera opción y todas aceptaron. Nuestro lema es ‘experiencia para proteger e impulso para avanzar’. La veterinaria es un ámbito complejísimo: abarcamos salud pública, ganadería, producción, clínica de pequeños animales, équidos... No es como otras profesiones sanitarias más acotadas. Por eso era crucial mantener a referentes que conservaran la memoria histórica y el criterio, como Marta Cárdenas o Vicens Busquets en odontología como asesor externo. Por el lado del impulso, contamos con Amanda Figuerola como secretaria, que lleva trece años como técnica en el Colegio y conoce al milímetro la casa; Manu Ruiz como vicesecretario, con un bagaje enorme en formación; Marian Matas, diplomada europea en oftalmología, para prestigiar las especialidades; y Héctor Prósper en salud pública, quien junto a algunos jóvenes ha impulsado COVIB Joves. Queremos escuchar a las nuevas promociones desde el primer día, guiarles en sus responsabilidades y entender sus inquietudes.

Ha señalado abiertamente que la profesión atraviesa un momento duro por la precariedad y el desgaste emocional. ¿Qué está ocurriendo en el sector?

Es evidente que la veterinaria está en crisis. El bienestar emocional del colectivo está muy afectado por factores que compartimos con otras disciplinas sanitarias, pero también por agravios propios. Hay una falta de reconocimiento real de la profesión a todos los niveles. Esto empuja a veterinarios con 25 o 30 años de carrera a traspasar sus clínicas y retirarse antes de tiempo, mientras que los jóvenes, tras un enorme esfuerzo personal y económico —ya que en Balears no hay facultad y hay que estudiar fuera—, se topan con un mercado laboral muy golpeado. Trabajamos en un país con sanidad humana gratuita y la gente no es consciente de lo que cuesta la medicina sanitaria privada, de modo que siempre se nos tilda de ‘caros’. Tampoco se percibe nuestro papel. La sociedad nos asocia solo a perros y gatos, desconociendo que controlamos las zoonosis, garantizamos la trazabilidad alimentaria desde la granja hasta la mesa, supervisamos los mercados y los eventos gastronómicos, y velamos por la salud pública.

¿Sienten esa falta de reconocimiento también en el plano administrativo y legislativo?

En el ámbito autonómico debo romper una lanza a favor de la Administración balear, la Conselleria de Salud actual siempre ha sido sensible y cuenta con jefes de servicio veterinarios, algo que no ocurre en el resto de España. Sin embargo, a nivel estatal la discriminación es evidente. Se nos reconoce como profesión sanitaria en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, pero no tenemos especialidades oficiales ni un acceso tipo VIR (Veterinario Interno Residente) equivalente al MIR. Además, soportamos un IVA del 21%, un castigo fiscal insólito para cualquier acto sanitario. Todo esto se traduce en los salarios más bajos de las profesiones sanitarias. Los veterinarios de campo están desapareciendo por la dureza y el descuido del sector primario, y los de clínica están al límite por la falta de conciliación, las urgencias y los bajos ingresos.

Trabajamos en un país donde la sanidad pública es gratuita y el veterinario no, por eso siempre se nos echa en cara que somos caros

Una de las mayores fuentes de tensión reciente ha sido la regulación del medicamento veterinario. ¿Por qué resulta tan compleja su aplicación diaria?

El problema de fondo es que se nos ha impuesto una burocracia desmedida basada en la Ley de Garantías de la medicina humana. Hasta hace nada ni se contemplaba la cesión de medicación en consulta para tratamientos precisos, obligando al cliente a hacer una ‘ruta del bacalao’ por farmacias que muchas veces no disponen del producto. Además, se nos exige justificar continuamente el uso de medicamentos mediante la denominada ‘cascada de prescripción’. Si no existe un fármaco registrado para una especie o patología concreta, debemos saltar a supuestos extraordinarios y asumir responsabilidades penales o administrativas rigurosas antes de poder recetar un fármaco de medicina humana, aunque la ética y la lógica clínica así lo exijan para evitar resistencias antimicrobianas. Cuando un procedimiento que debería ser ordinario se convierte en un laberinto extraordinario que exige justificar cada paso, el modelo deja de funcionar. Desde el COVIB pedimos flexibilidad en la interpretación de la norma mientras no se modifique la ley estatal, porque la burocracia no puede asfixiar la eficacia veterinaria.

Ante este escenario de agotamiento, ¿qué herramientas va a poner en marcha el Colegio para proteger la salud mental de los colegiados?

Lo primero es batallar para reducir la carga burocrática absurda. En lo que respecta a la salud mental directa, queremos ampliar las herramientas que ya iniciamos con talleres y soporte de psicólogos expertos. Mi intención es formalizar un convenio con la Conselleria de Salud y con colegios profesionales de psicología para estructurar un programa sólido de apoyo emocional. También quiero desarrollar una vertiente de integración social, aprovechando el vínculo terapéutico con los animales. Pero, por encima de todo, para superar estas adversidades es necesaria la unidad de todo el colectivo veterinario para compartir esfuerzos; el diálogo y la resiliencia son las únicas vías reales para conseguir nuestros objetivos y dignificar el día a día del profesional.

La sociedad suele percibir al veterinario como el ‘médico de las mascotas’, relegando su papel en la seguridad alimentaria y la prevención de epidemias. ¿Tienen un plan para cambiar esta percepción?

El plan pasa por salir del anonimato. Los veterinarios somos una profesión que trabaja en el backstage de la salud pública: cuando todo funciona bien, nadie se entera de que estamos ahí supervisando restaurantes, mataderos, industrias agroalimentarias e importaciones. No nos hemos manifestado prácticamente nunca en más de un siglo, pero ha llegado el momento de dar la cara y explicar lo que hacemos. Vamos a potenciar la presencia en medios de comunicación, con profesionales de la junta como Manu Ruiz e intervenciones divulgativas. Queremos explicar a la ciudadanía que detrás de cada plato seguro y de cada control de zoonosis hay un profesional veterinario velando por su tranquilidad.

Recientemente, colectivos ecologistas y vecinales han denunciado casos de presunto maltrato o deficiencias en explotaciones ganaderas de las islas, como en Santa Margalida. ¿Cuál es la postura del COVIB ante las granjas de producción masiva?

Nuestra posición es clara y rigurosa: la legislación sobre bienestar animal está para cumplirse estrictamente. Si se demuestra que ha habido negligencia o maltrato en cualquier instalación, el Colegio actuará con la máxima contundencia a través de su comisión deontológica y se aplicarán las sanciones correspondientes. Dicho esto, sobre el modelo de las explotaciones intensivas debemos mantener un criterio técnico y aséptico: mientras las instalaciones cumplan escrupulosamente con los parámetros legales de bienestar, bioseguridad y sanidad animal, la institución colegial respeta la actividad. Cuando existan indicios o denuncias fundadas, los inspectores veterinarios y los órganos del Colegio intervendrán para depurar responsabilidades.

Es fuerte que durante la Covid, en el comité de crisis, ni se contactara con nosotros»

Diversos ayuntamientos de municipios como Andratx o Lloseta han renovado acuerdos con el Colegio para la gestión de censos y colonias felinas. ¿Qué falta para que todos los consistorios alcancen una gestión eficiente?

Vamos por muy buen camino. La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales y la implantación del protocolo marco autonómico para colonias felinas han marcado un punto de inflexión. Los municipios están tomando conciencia de que la gestión de la fauna urbana y las colonias es una competencia de obligado cumplimiento. Históricamente existía la figura del veterinario municipal, cuya pérdida dejó desatendidos muchos problemas locales. Desde el COVIB estamos tendiendo la mano a todos los ayuntamientos para ofrecerles asesoramiento técnico, herramientas informáticas de registro y convenios de esterilización, garantizando que el control poblacional se haga siempre con criterios sanitarios, éticos y rigurosos.

De cara al eclipse solar que tendrá lugar el 12 de agosto, existe cierta inquietud entre los propietarios sobre cómo pueden afectar estos fenómenos al comportamiento de los animales de compañía. ¿Qué recomendaciones traslada el Colegio?

Más allá del fenómeno en sí, lo que realmente altera e intimida a las mascotas es el comportamiento humano que se genera a su alrededor. Ante eventos multitudinarios o situaciones excepcionales, el alboroto, los desplazamientos masivos y la tensión del entorno son captados de inmediato por los animales, que son extremadamente intuitivos. Mi recomendación a los propietarios es mantener la calma, proporcionar a sus mascotas un entorno tranquilo, protegido y con rutinas habituales, evitando exponerlos a aglomeraciones o a situaciones de estrés innecesarias.

Pedimos flexibilidad en la normativa de medicamentos para garantizar una atención ágil y eficaz

Con la crisis climática, la llegada de vectores invasores amenaza con la entrada de nuevas enfermedades en la ganadería local. ¿Cómo se coordina la vigilancia epidemiológica en el archipiélago?

En este ámbito podemos estar profundamente tranquilos porque contamos en las islas con uno de los mayores expertos de España. El expresidente Ramón García es el responsable del servicio de epidemiología de la comunidad autónoma y un referente indiscutible en la materia. Baleares dispone de protocolos de vigilancia epidemiológica muy consolidados ante cualquier amenaza vectorial o alerta sanitaria. Las directrices técnicas que se determinan desde la Administración sanitaria cuentan con todo el respaldo y la colaboración del Colegio para coordinar a los veterinarios de campo y de clínica en la detección precoz.

Para concluir, si tuviera que enviar un mensaje al veterinario que hoy abre su consulta o se desplaza a una explotación ganadera en las islas, ¿cuál sería?

Le diría que sienta un profundo orgullo de su profesión. La crisis del coronavirus demostró el gran desconocimiento administrativo que existe a nivel estatal: es incomprensible que en una pandemia de origen zoonótico se prescindiera del criterio veterinario en los gabinetes de decisión. Así que a ese profesional que se levanta cada día le pido que no pierda la ilusión ni la excelencia. Somos una profesión enormemente vocacional, pero de la vocación no se vive: tenemos que hacernos valer, trabajar con la máxima rigurosidad y formarnos continuamente. Si nos mantenemos unidos, somos rigurosos y demostramos el valor esencial de nuestra labor, poco a poco pondremos a la veterinaria en el sitio que justamente le corresponde.

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