Análisis
«Votau una altra cosa», el mensaje de la manifestación

Identificar a «Mallorca» con el «paraíso» se ha vuelto un sarcasmo. | MANU MIELNIEZUK
Identificar a «Mallorca» con el «paraíso» se ha vuelto un sarcasmo, la sorpresa procede de que tantos indígenas lo hayan descubierto a la vez. Los manifestantes superaban con mucho al cálculo policial de asistentes, porque 25 mil era quizás la cifra de nativos a quienes pensaban represaliar por atreverse a reclamar su isla.
La Policía Local emite por su parte una cifra de manifestantes, 25 mil. Y la Policía Nacional calcula de modo independiente la participación, también 25 mil. Un anumérico pensará que la coincidencia refuerza la estimación, pero solo demuestra que ambas cifras son falsas, una burda confabulación de los cuerpos PP/PSOE. ¿Cuál es la probabilidad de que dos cálculos coincidan con tanta precisión? En torno al diez por ciento, con el noventa por ciento a favor de una mentira por duplicado. A gente así se le concede la «presunción de veracidad».
La cabeza de la marcha alcanzaba el Borne, prostituido por Cort al igual que las Ramblas, mientras la cola seguía sin arrancar en la plaza de España. Ese trecho de caminantes tupidos no son 25 mil, tampoco 75 mil como desean los organizadores, se quedan en la fabulosa cifra de 50 mil. A nadie puede extrañarle que la Policía decidiera castigar este exceso de afluencia.
Es indecente montar una concentración contra los grupos criminales turísticos y no manchar ni una inmobiliaria, bar, hotel o restaurante. El Gobierno de Aina Calvo, secretaria de Estado de Seguridad, decidió castigar esta inconsistencia pacifista en los lomos de los manifestantes. La carne del mallorquín es reseca pero jugosa, ideal para poner a prueba la elasticidad de las porras. Consuma producto local.
Todo altercado es en primer lugar un fracaso policial, la apelación pueril al aforo de ses Voltes huele a escarnio en una isla donde los Bierficken de la Platja de Palma congregan a más gente cada noche, salvo que se trata de alemanes borrachos. La gracia consiste en aterrorizar con disparos huecos a los nativos, Balears es la única provincia de España donde hasta Vox defiende la misma «prioridad internacional» que PP/PSOE.
El mensaje más repetido del domingo fue un protector «Fora Guiris», porque los indígenas son conscientes de que Mallorca se ha convertido en una trampa mortal también para turistas, mientras los grupos criminales rebañan los últimos millones de euros. Es notorio que Rodríguez Badant garantizaba la derrota del PSOE en Calvià, pero su potencial destructivo es tan acusado que el peor de los delegados del Gobierno apellidados Rodríguez puede lograr la caída de Sánchez en Madrid.
La Mallorca decente ni siquiera puede confiar en algunos organizadores de la iniciativa de éxito, demasiado inhibidos cuando gobernaba la pseudoizquierda. Marga Prohens ya ha logrado su rechazo del TIL, después de tres años acobardada y sin atreverse ni a subir la ecotasa. Su adjunto Llorenç Galmés posterga subrepticiamente al próximo verano la reducción de vehículos a la que nunca se atreverá, porque los grupos criminales se lo han prohibido.
El inefable PSOE aporta como siempre la nota de humor. Su presunta candidata apoyaba la manifestación pero no participó en ella, porque en domingo tiene cosas más importantes que hacer. Cabría preguntar a Rosario Sánchez si piensa dignarse a votar el próximo 23 de mayo, o si depende del calor que haga. La pancarta más inteligente de la marcha proponía un radical «Votau una altra cosa». Sin definir la alternativa, porque seguimos siendo mallorquines.
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