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Andrés Enrique, director del Atlas Histórico del Español: “El español no es solo castellano, sino una mezcla de variedades peninsulares”

Este proyecto de investigación se centra en el análisis de determinados fenómenos morfosintácticos para conocer su origen y difusión por el territorio peninsular

Andrés Enrique, director del Atlas Histórico del Español: “El español no es solo castellano, sino una mezcla de variedades peninsulares”

B. Ramon

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Palma

Andrés Enrique es un filólogo y profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB), que, actualmente, se dedica a la gestión del Atlas Histórico del Español, un proyecto de investigación que busca reconstruir la evolución de la lengua desde el siglo XIII hasta el XVI mediante mapas interactivos y una base de datos digital.

Pregunta: ¿Podría explicar en qué consiste el Atlas Histórico del Español?

Respuesta: Es una obra de referencia que pretende mostrar la evolución histórica del español en el espacio geográfico de la península Ibérica. Básicamente consiste en una serie de fenómenos de la historia del español para los cuales se da una explicación breve. Y cada uno de estos fenómenos va con un atlas dinámico en el que se ve en una animación cómo en el espacio geográfico han evolucionado, se han ido extendiendo y difundiendo las diferentes variantes de estas formas en la historia del español.

P: ¿Cuáles son los fenómenos morfosintácticos que forman parte de esta primera fase del proyecto?

R: Son como unos 40 fenómenos los que están ahora cartografiados. Nuestro objetivo final es hacer toda la historia del español en todas las variedades. Hemos empezado por la morfosintaxis y por el español peninsular medieval, entre los siglos XIII y XVI. Pero, hay que hacer una aclaración porque esto de hablar de español es más complejo de lo que parece porque en el siglo XIII no existía la idea del español. Ahí se hablaba en la península Ibérica, en el espacio central era como un continuum dialectal en el que se hablaba el castellano, leonés o aragonés; pero no había una frontera definida. Ahora sí, porque los estados modernos fueron adoptando una lengua oficial que en la Edad Media no existía.

P: ¿Cómo se recopilan y validan los datos procedentes de los manuscritos medievales antes de incorporarlos al Atlas?

R: En el Atlas, hay un resumen, un estado de la cuestión y el mapa, que es lo más novedoso de esta herramienta. Para poder hacerlo, se necesitan datos que tengan lugar y fecha. Y para eso utilizamos varios corpus que hay en línea. Los documentos notariales normalmente tienen indicación de fecha y lugar, por lo que necesitamos datos que vengan de ahí. Y a partir de hacer búsquedas en esos corpus, podemos obtener estos datos para procesarlos con una hoja de cálculo y asignarles las coordenadas. A partir de ahí, hay un programa que hemos creado que permite cartografiar los resultados y utilizar diferentes colores. De hecho, hemos utilizado una gama de colores accesible para los daltónicos.

P: ¿Cuáles han sido los principales hallazgos obtenidos hasta ahora sobre el origen geográfico de los cambios lingüísticos estudiados?

R: Uno de los temas que nos interesa es ver un poco cómo se ha configurado el español como lengua estándar en la modernidad. Lo que sabemos es que el castellano se expandió por toda la península, sustituyendo las variedades lingüísticas, como el leonés o el aragonés. Hoy en día, mirando los datos de atrás, vemos que en realidad hay más como una especie de mezcla, pues con los movimientos de población durante la reconquista, se va mezclando gente de diferentes zonas. Y entonces el castellano tiene muchos componentes que vienen originalmente de esas áreas laterales. Entonces, gracias al Atlas, vemos que el español no es solo castellano, sino una mezcla de variedades peninsulares.

P: ¿Qué dificultades presenta la elaboración de mapas lingüísticos históricos en comparación con los atlas dialectales contemporáneos?

R: Hacer un atlas siempre es algo complicado y costoso. Hoy en día tenemos la ayuda de la tecnología. Un atlas histórico tiene el problema de que no podemos acceder a los hablantes del pasado, sino que tenemos que basarnos en la documentación. Y lo que sucede es que a veces no hay documentación de todos los sitios, porque había lugares donde había mucha actividad, pero otros que eran muy rurales y estaban más despoblados. Al encontrar períodos históricos y zonas en las que hay poca documentación, es más difícil saber cómo era la lengua de esos lugares.

P: Una vez completada esta primera fase, ¿cuáles son los siguientes objetivos del Atlas y qué impacto espera que tenga tanto para la investigación como para la docencia y la divulgación?

R: El siguiente paso sería pasar a la fonética o al léxico, o expandir nuestro marco cronológico, porque hasta ahora solo hacemos hasta el siglo XVI. Y también nos gustaría pasar a Español de América y a partir del XVI, que es cuando se produce la conquista. Y sobre el papel que tiene, yo creo que en la enseñanza viene a completar la visión que tenemos de la historia de la lengua. Porque al incorporar el factor geográfico, nos da una idea más completa de cómo evolucionó la lengua.

P: ¿Y cómo logran investigar el origen social en la Edad Media?

R: Nosotros vemos que la documentación de la que sacamos los datos tiene diferentes niveles de formalidad. Por ejemplo, tenemos documentos privados, que no son tan formales. Y entonces esto nos permite ver si un fenómeno se da más entre la clase social alta o entre la más popular y coloquial. No solo miramos el origen geográfico, sino también el origen social.

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