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Antonio Turiel, doctor en Física teórica y experto en combustibles fósiles: «La idea de un mundo con recursos abundantes y comercio internacional cada vez mayor llega a su límite»

El físico y divulgador científico participará esta tarde, a las 19 horas en el Estudi General Lul·lià, en el proyecto ‘No Normal Mallorca’

El físico y divulgador científico Antonio Turiel, autor de la obra ‘No Normal Mallorca’.

El físico y divulgador científico Antonio Turiel, autor de la obra ‘No Normal Mallorca’. / P. E.

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Palma

El proyecto en el que participa lleva por título ‘No Normal’. ¿Qué es exactamente lo que ya no podemos considerar normal?

Lo primero que debemos entender es que la normalidad que hemos conocido durante las últimas décadas ha terminado. Hemos vivido creyendo que el crecimiento económico, la energía abundante y un comercio global sin límites eran algo permanente, cuando en realidad respondían a unas circunstancias muy concretas que ahora están desapareciendo.

Sin embargo, la sensación general es que la vida continúa con cierta normalidad.

Porque todavía existe una falsa sensación de normalidad. Hemos podido mantenerla gracias a las reservas de petróleo acumuladas durante años y a distintas medidas que han ido amortiguando el impacto. Pero esas reservas se están agotando y ese margen de maniobra cada vez es menor. Francia ya está introduciendo restricciones en algunos combustibles y España acabará afrontando dificultades similares. No existe ninguna perspectiva realista de que esta situación se resuelva a corto plazo.

¿Qué escenario prevé para los próximos meses?

Nos dirigimos hacia una recesión económica importante, una reducción de la actividad y un descenso del turismo. Será una situación bastante más grave de lo que mucha gente imagina. Hemos entrado en una etapa caracterizada por la escasez de petróleo y de otros recursos energéticos. Eso incrementará la competencia internacional y hará mucho más difícil mantener el modelo económico que hemos conocido hasta ahora.

¿Se está acabando, por tanto, la globalización tal y como la entendíamos?

Creo que sí. La idea de un mundo con recursos abundantes y un comercio internacional cada vez mayor está llegando a su límite. Lo que aparece ahora es un escenario de competencia por los últimos recursos que todavía resultan rentables desde el punto de vista económico. Esa será una de las grandes fuentes de tensión durante los próximos años.

¿Por qué cuesta tanto aceptar ese mensaje?

Porque vivimos instalados en una cultura del pensamiento positivo mal entendido. Yo me considero optimista y creo que es bueno afrontar la vida con optimismo. Pero una cosa es el optimismo y otra muy distinta negar la realidad. Actuar como si los problemas no existieran no los hace desaparecer. Sabemos desde hace más de medio siglo que el crecimiento ilimitado en un planeta finito era imposible. Los informes científicos ya advertían de que este momento acabaría llegando. Pues bien, ese momento ha llegado y ya no podemos seguir comportándonos como si nada estuviera ocurriendo.

A menudo se le acusa de catastrofista.

Es una crítica habitual, pero profundamente equivocada. Precisamente porque soy optimista sigo dedicando tanto tiempo a la divulgación. Si creyera que todo está perdido, no tendría ningún sentido explicar estas cuestiones ni participar en debates públicos. Lo hago porque todavía estamos a tiempo y porque creo que una sociedad bien informada siempre toma mejores decisiones.

¿Quién debe asumir la responsabilidad de impulsar ese cambio: la clase política o la ciudadanía?

La ciudadanía ya soporta una carga enorme. Mucha gente dedica toda la jornada a trabajar y llega a casa agotada. Es difícil pedirle, además, que analice problemas tan complejos como la crisis energética o el cambio climático. La principal responsabilidad corresponde a quienes toman las decisiones. Durante demasiado tiempo, la política ha permanecido atrapada en la idea de que el crecimiento económico no podía cuestionarse. Sin embargo, aceptar que existen límites energéticos significa reconocer que el modelo económico actual no puede mantenerse indefinidamente. No es una cuestión ideológica; es una cuestión puramente física. Mientras no asumamos esa realidad, seguiremos encadenando crisis económicas, recesiones y conflictos cada vez más intensos.

Muchos identifican ese discurso con el pesimismo.

Confundir el realismo con el pesimismo es un error muy frecuente. Yo no describo el mundo como me gustaría que fuera, sino como indican los datos científicos. Si realmente pensara que ya no hay nada que hacer, habría abandonado hace años la divulgación.

¿Por qué Mallorca merece una atención especial dentro de ese debate?

Porque las islas presentan una vulnerabilidad muy superior a la de otros territorios. La crisis energética supondrá un encarecimiento del transporte, de los desplazamientos y de numerosos bienes y servicios. Todo ello afectará directamente a una economía tan dependiente del turismo como la nuestra. Pero hay un aspecto todavía más importante: la población actual difícilmente podrá mantenerse en el futuro con los recursos disponibles en el territorio. Esa realidad debe estudiarse con rigor, sin dramatismos, pero también sin ocultarla. Necesitamos planificar la transición con criterios técnicos y pensando a largo plazo.

El lema del proyecto afirma: «No era normal. No es normal. No será normal». ¿Qué resume esa frase?

Resume una idea muy sencilla: nunca fue realmente normal creer que el crecimiento podía ser ilimitado en un planeta limitado. Ahora comprobamos que aquello fue una excepción histórica. Lo que llamábamos normalidad era, en realidad, una anomalía.

¿La crisis climática y la crisis energética son problemas distintos?

No. Son dos manifestaciones de una misma crisis de sostenibilidad. La dependencia de los combustibles fósiles ha provocado el cambio climático y, al mismo tiempo, el agotamiento de esos recursos condiciona nuestra capacidad para afrontarlo. Intentar resolver uno de los problemas ignorando el otro conduce inevitablemente al fracaso.

Se suele confiar en que la tecnología acabará resolviendo todas estas dificultades.

La tecnología será imprescindible, pero no hace milagros. Puede ayudarnos con los recursos, sin embargo, no puede crearlos donde ya no existen ni modificar las leyes de la física. Es peligroso pensar que aparecerá una innovación capaz de mantener intacto nuestro modelo de consumo.

¿Y las energías renovables?

Son absolutamente necesarias y debemos desplegarlas cuanto antes. Pero tampoco podemos caer en la ilusión de que bastarán para sustituir el actual sistema energético sin cambiar nuestros hábitos. La transición exigirá consumir menos energía y reorganizar muchos aspectos de nuestra economía y de nuestra forma de vida.

Finalmente, ¿cree que el actual modelo turístico de Mallorca tiene recorrido?

Tal como está planteado hoy, cada vez lo tendrá más difícil. El turismo depende de una energía barata, de una movilidad accesible y de un crecimiento continuo. Los tres pilares están entrando en crisis. Eso no significa que el turismo vaya a desaparecer, pero sí que tendrá que transformarse profundamente. Cuanto antes empecemos a diversificar la economía y a prepararnos para ese escenario, mayores serán nuestras posibilidades de adaptarnos con éxito.

Si tuviera que resumir en una sola idea el mensaje que quiere transmitir en ‘No Normal Mallorca’, ¿cuál sería?

Que todavía estamos a tiempo de hacer muchas cosas y que negar los límites físicos del planeta no hará que desaparezcan. Afrontarlos con responsabilidad es la única manera de construir un futuro más estable y más justo.

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