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Sanitarios mallorquines en Venezuela, cuando los damnificados se convierten en salvadores

Enfermeras y médicos de Cruz Roja, entre ellos el doctor Javier Arranz, se despliegan en el país andino para trabajar codo con codo con una sociedad civil y unos sanitarios locales que lo han perdido todo tras los seísmos de junio

Arranza (polo blanco) atiende a una de las víctimas de los terremotos de junio.

Arranza (polo blanco) atiende a una de las víctimas de los terremotos de junio. / Cruz Roja España

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

El silencio que deja un terremoto «es sobrecogedor», pero en el corazón de la catástrofe ocurrida en Venezuela en junio, el ruido que se impone es el de la solidaridad. Hasta allí se ha desplazado un contingente de la Cruz Roja Española para trabajar codo con codo con la Cruz Roja Venezolana y la Federación Internacional. En total, un equipo multidisciplinar de 18 personas —médicos, enfermeras, logistas, técnicos de telecomunicaciones y especialistas en apoyo psicosocial— procedentes de diversos puntos de España, entre ellos el médico mallorquín Javier Arranz, sostiene una clínica de emergencias que busca devolver la esperanza donde solo quedan escombros.

Fátima Cabello, enfermera y responsable de la atención clínica de esta unidad desplegada, relata con calma pero con profunda emoción cómo es el día a día en un escenario donde los recursos se miden al milímetro. «La idea es proveer la mejor asistencia en el contexto que podemos tener», explica. En una situación donde el sistema sanitario local ha quedado colapsado, la prioridad absoluta pasa por la atención primaria de salud y la medicina preventiva, claves para «evitar brotes epidemiológicos y dar respuesta a dolencias que, en otras circunstancias, se resolverían de forma ordinaria», explica la sanitaria a este diario.

Fátima Cabello (centro) en un momento de la operación en Venezuela.

Fátima Cabello (centro) en un momento de la operación en Venezuela. / Cruz Roja Española

Coraje local

Si algo ha impactado al contingente español no es solo la devastación física provocada por la magnitud de los temblores, sino la «entereza de la población local» y, muy especialmente, de sus homólogos venezolanos. Muchos de los voluntarios y profesionales de la Cruz Roja Venezolana, "que ya habían atendido a más de 4.000 pacientes antes del despliegue de la estructura española" -detalla Cabello-, son también damnificados directos de la tragedia.

«Un gran número de ellos han quedado afectados en sus casas, han perdido familias, con lo cual, me quito el sombrero. Tienen una situación en casa muy difícil y vienen todos los días a trabajar», confiesa Cabello, visiblemente conmovida por la entrega de sus compañeros locales. Esa cercanía y amabilidad, pese al dolor de las pérdidas, es lo que sostiene el espíritu de la misión.

En una catástrofe de estas dimensiones, las heridas visibles son solo la superficie. Por ello, el equipo de Cruz Roja ha priorizado el área de apoyo psicosocial. La demanda de atención psicológica es constante, especialmente entre aquellos que han estado en primera línea de los rescates. Según explica la responsable clínica, la población pide ayuda abiertamente, sin tabús, «exhausta ante la crudeza de lo vivido».

Detrás de cada consulta médica hay un desahogo emocional. Aunque los pacientes acuden por dolencias físicas, terminan compartiendo relatos de supervivencia que marcan a los sanitarios. «Me llevo la resiliencia y esa amabilidad, esa apertura. Me sorprende la actitud, la cercanía de estas personas», reflexiona la enfermera española sobre las historias de vida que la acompañarán de vuelta a casa.

Me llevo la resiliencia y esa amabilidad, esa apertura. Me sorprende la actitud, la cercanía de estas personas

Fátima Cabello

— Enfermera y responsable de la unidad española de Cruz Roja en Venezuela

Semillas para el día después

Una de las grandes preocupaciones en las crisis humanitarias es qué ocurre cuando los focos de la prensa se apagan y los equipos internacionales regresan. En este caso, el diseño de la misión garantiza que la ayuda no sea un parche temporal. Aunque el personal rota mensualmente y la unidad tiene una previsión de funcionamiento de tres a cuatro meses, la estrategia de salida ya se está planificando.

Toda la infraestructura y el material médico desplegado se donarán de manera íntegra para fortalecer la capacidad de respuesta de la Cruz Roja Venezolana ante futuras emergencias. Como recuerda Cabello, la institución local "estuvo antes del desastre, está durante la emergencia y seguirá allí después", garantizando que el esfuerzo de hoy sea la seguridad del mañana.

El médico mallorquín Javier Arranz (centro) frente a un edificio derrumbado.

El médico mallorquín Javier Arranz (centro) frente a un edificio derrumbado. / Cruz Roja España

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