90 años
Mallorca, 19 de julio de 1936, golpe de Estado
Era un domingo de verano cuando los militares acantonados en la isla, al mando del general de división Manuel Godet, se sumaron a la sublevación que en la península se había perpetrado un día antes e iniciada el 17 de julio en el Protectorado de Marruecos
José Jaume
Las noticias que desde el viernes llegaban a Palma sobre movimientos militares en el Protectorado español en Marruecos, y el sábado informando del levantamientos de las guarniciones en la península, dejaron claro que se estaba fraguando un golpe de Estado militar contra la República. 19 de julio de 1936. Estaba claro: el Ejército de África se había sublevado, sucedía otro tanto en la península. ¿Qué estaba acaeciendo? El sábado, Antonio Espina, gobernador civil, intelectual simpatizante del presidente de la República, Manuel Azaña, se entrevistó con el jefe de la guarnición militar de Balears, el general de división Manuel Godet, quien le dio su promesa formal de que los militares en Mallorca estaban comprometidos con la legalidad constitucional republicana. Espina se creyó las mentiras de Godet, por lo que se negó a armar a las organizaciones del Frente Popular, demanda que hacían los sindicatos y partidos de las izquierdas. Espina se reunió con sus dirigentes en la sede del Gobierno Civil asegurándoles la lealtad de los militares. Godet, la mayoría de jefes y oficiales, llevaban comprometidos con el general Emilio Mola, jefe de la sublevación, conocido como el director, desde los inicios de la conspiración. Entre ellos destacan el teniente coronel de Ingenieros Antonio García Ruiz y el comandante Mateo Torres Bestard, que desempeñarán un papel fundamental en la represión, con fusilamientos masivos, que se abatió sobre Mallorca en los meses posteriores.
Anocheció el 18 de julio en Palma, momento en el que los golpistas ultimaron los planes de la sublevación en la sede de la Comandancia General, en el palacio de la Almudaina, y en los salones del Círculo Mallorquín, en el que la trama civil del golpe, partidos fascistas, entre ellos la Falange, y algunos de la derecha, CEDA y Renovación Española, aguardaba las órdenes de los militares para salir a las calles. Era el teniente coronel García Ruiz, bien conectado con la trama civil, el que transmitía las novedades a quienes se disponían a pasar la noche en vela en el Círculo Mallorquín. El golpe estaba muy planificado y pensado, lo destaca el catedrático de Historia Contemporánea Sebastià Serra. También el catedrático Miguel Deyá señala que Godet declaró el estado de guerra con gran sorpresa por parte del gobernador Espina. Tesis que sostiene el catedrático de Historia Contemporánea Antoni Marimón.
El general Godet no perdió ni un minuto, al alba, al tiempo que las tropas acuarteladas salían a las calles para controlar los puntos neurálgicos y proceder a la clausura de los locales de las organizaciones del Frente Popular, emitió el bando militar en el que se proclamaba el «estado de guerra». Decía así: «Resuelto a mantener inflexiblemente mi autoridad y el orden, será pasado por las armas (fusilado) todo aquel que intente, en cualquier forma, de obra o de palabra, hacer la más mínima resistencia al Movimiento Salvador de España». El golpe de Estado se materializaba. Eran el teniente coronel García Ruiz y el marqués de Zayas, máximo dirigente de la Falange en Mallorca, los que organizaron los piquetes civiles. Falange se distinguió desde el primer momento por llevar a cabo una represión sin tasa. El gobernador Espina fue depuesto, sustituido por García Ruiz, quien junto al comandante Torres Bestard, amigo del general Franco, asumieron la dirección de la violenta represión que se desarrolló a partir del mes de agosto. Los catedráticos Serra y Marimón destacan que ambos integraron la cúpula de la estructura sediciosa que ordenó los fusilamientos de los meses posteriores. A ellos dos se sumó el policía Barrado, que se encargó junto a Falange de asesinar en las cunetas a muchos republicanos.
A media mañana del domingo, los golpistas controlaban Palma. Los conatos de resistencia fueron liquidados de inmediato. Lo que no pudo evitarse fue lo sucedido en la plaza de Cort, junto al Ayuntamiento, cuya vara de mando había pasado a ostentar, por imposición del general Godet, el comandante jurídico Mateo Zaforteza. Una columna de soldados entró en la plaza topándose de sopetón con un grupo de civiles fuertemente armados. El oficial al mando pensó que se trataba de republicanos ordenando abrir fuego. Hubo dos muertos: un capitán de Artillería y un civil. Los civiles eran falangistas. En otras ciudades de Mallorca, la resistencia republicana adquirió mayor envergadura. El mismo día 19, los militares tenían el control.
Las autoridades mallorquinas eran los citados García Ruiz, en Gobierno Civil; Mateo Zaforteza, en la alcaldía de Palma, y Ramos Unamuno en la presidencia de la Diputación. El coronel Díaz Freijóo se hizo cargo de la comandancia general. Tanto García Ruiz como Torres Bestard presionaron al general Franco para que lo destituyera por considerarlo «tibio». Incluso escribieron una carta al Generalísimo, remitida por Torres Bestard, en la que le comunicaban que en Mallorca «no se fusila lo suficiente». El desembarco de Bayo en Porto Cristo condujo a que ya en otoño se le destituyera. A partir de entonces García Ruiz y Torres Bestard se vieron con las manos libres para fusilar hasta contabilizarse, según las estimaciones más solventes, 2.500 víctimas. El escritor católico francés George Bernanos, en su libro Los grandes cementerios bajo la luna, horrorizado por lo que ocurría en la isla, escribió: «aquí fusilan como si talaran». Solo la sustitución de García Ruiz por José Quint Zaforteza en el Gobierno Civil atemperó la represión. Parece que éste dijo al tomar posesión del cargo: «Se han acabado las noches lúgubres en esta casa»
Otro aspecto destacado fue la total adhesión de la jerarquía de la Iglesia católica a la sublevación. El obispo de Mallorca, José Miralles, desde el primer momento se puso a disposición de los golpistas argumentando que se habían intentado quemar las parroquias de San Jaime y Santa Fe. Algunos sacerdotes salieron a las calles pistola en mano, como fue el caso del teatino Julián Adrover.
En Palma, en julio de 1936, vivían poco más de 100.000 personas. La proporción de 2.500 fusilados, contando el resto de población de Mallorca, es abrumadora.
Aquellos días de julio siguen reverberando. Constituyeron el inicio de la mayor tragedia vivida en su historia por los españoles, la Guerra Civil de 1936-1939.
Suscríbete para seguir leyendo
- Imputados por prevaricación nueve profesores de un tribunal de la UIB
- Reclaman devolver Marivent a la ciudadanía y recuperar el Museo Saridakis: 'La Familia Real lo usa como si se tratara de un alquiler turístico
- Multa de 47.200 euros por alquilar a 13 personas un piso que es para seis en Mallorca
- Estas son las principales carreteras de Mallorca que tendrán restricciones por el eclipse del 12 de agosto
- La última prueba antes del eclipse en Mallorca: comprueba desde hoy si podrás verlo desde tu casa
- Las claves de la caída de la jefa de Costas en Baleares: «No me iré, tendrás que echarme y justificar por qué"
- Cómo acceder pese a las restricciones del eclipse en Mallorca: quién puede entrar y cómo acreditarlo
- Sanción a un agente que se aprovechó de su uniforme en el aeropuerto de Palma
