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El Informe Fènix explicado por sus autores: «Nos estamos cargando la gallina de los huevos de oro»

Guillem López Casasnovas y Miquel Puig sostienen que el archipiélago ha confundido el crecimiento con la prosperidad y alertan de que el modelo turístico está reduciendo la productividad, empobreciendo a los residentes y comprometiendo el futuro económico de las islas

Guillem López Casasnovas y Miquel Puig.

Guillem López Casasnovas y Miquel Puig. / Oriol Duran / Europa Press

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Guillem Porcel

Guillem Porcel

Palma

Durante décadas, Balears ha asumido que el crecimiento económico era sinónimo de prosperidad, un paradigma basado en la idea de que más turistas, más empleo y un mayor PIB implicaban automáticamente una mejora del bienestar. Ese consenso, que ha marcado la política económica del archipiélago desde el auge del turismo de masas y ha sobrevivido a gobiernos de todos los signos, es precisamente el que cuestiona el Informe Fènix, elaborado por seis economistas, quienes sostienen que las islas han confundido el crecimiento con la prosperidad y que, mientras la economía bate récords, afloran con mayor intensidad sus debilidades estructurales.

El estudio será presentado el próximo martes 14 de julio en CaixaForum Palma, en un acto organizado por la Obra Cultural Balear en el que participarán dos de sus autores, Miquel Puig, doctor en Economía por la Universitat de Barcelona, y Guillem López Casasnovas, catedrático emérito de Economía de la Universitat Pompeu Fabra, mientras que la presentación correrá a cargo de Jaume Garau, doctor en Economía por la Universitat de les Illes Balears.

López Casasnovas explica que el origen del trabajo se encuentra en investigaciones anteriores sobre la evolución de Menorca e Ibiza, donde ya detectó que el crecimiento medido únicamente en volumen ofrecía una imagen distorsionada de la realidad. «Mirar simplemente cuánto crece una economía de un año para otro no refleja lo que realmente está ocurriendo. Lo importante son las cifras relativas: la renta per cápita, la renta familiar disponible, la renta por ocupado».

Considera que el auténtico indicador que debería preocupar es la evolución de la productividad y de la renta por habitante: «En términos de renta per cápita no vamos bien. No nos estamos acercando a la media de los países desarrollados de nuestro entorno, sino que nos estamos alejando. Si el empleo crece más que el valor añadido, la productividad baja». Por eso insiste en que el auténtico «toque de alarma» del Informe Fénix reside precisamente en la pérdida de productividad acumulada durante las dos últimas décadas: «Hemos confundido el crecimiento con la prosperidad».

A su juicio, el archipiélago ya dispone de un volumen de actividad extraordinariamente elevado: «Lo que tenemos ya es muchísimo. Veinte millones de turistas, cien millones de pernoctaciones... Son cifras que impresionan». El reto, sostiene, ya no consiste en seguir aumentando esos registros: «Lo que se trata ahora es de mejorar lo que ya tenemos». Y eso implica aceptar que el crecimiento en volumen pueda detenerse: «Tenemos que aceptar tasas de crecimiento cercanas a cero. No más creación de oferta barata. No más empleo de bajo valor añadido». Para López Casasnovas, buena parte de la sociedad sigue interpretando el crecimiento cero como una derrota, «pero mantener lo que tienes y hacerlo mucho mejor sería una magnífica noticia».

El economista sostiene que el principal problema del actual modelo turístico es que aumenta la renta sacrificando los activos que precisamente generan esa riqueza: «En Balears estamos haciendo crecer la renta consumiendo el patrimonio, los activos y el territorio». Y utiliza una comparación muy gráfica: «A ninguna familia se le ocurre aumentar sus ingresos vendiendo su patrimonio. Porque tarde o temprano acabará arruinada». Según afirma, eso es exactamente lo que está ocurriendo en las islas: «Has deteriorado activos que antes tenías. Has degradado el territorio. Lugares que eran atractivos se convierten en espacios congestionados, llenos de ruido y difíciles de disfrutar. Nos estamos cargando la gallina de los huevos de oro».

El Estado y las divisas

López Casasnovas sitúa además el origen de esta dinámica en la estrategia económica del propio Estado: «España necesita cubrir el déficit exterior de su economía. Importa mucho más de lo que exporta y necesita generar divisas». Y, por ello, la manera más sencilla de hacerlo consiste en impulsar el turismo masivo en los territorios mediterráneos: «Al Estado le interesa la cantidad de divisas que genera el turismo. Lo que ya no le preocupa tanto son los efectos secundarios sobre el territorio, la lengua, el patrimonio o la población». Por eso considera que Balears soporta un esfuerzo desproporcionado: «Si relacionamos el número de turistas con la población residente, Balears hace un esfuerzo aproximadamente tres veces superior al de Cataluña».

El economista sostiene que el turismo español mantiene buena parte de su competitividad gracias a múltiples ayudas públicas. Entre ellas cita los trabajadores fijos discontinuos, determinadas ventajas fiscales o las subvenciones al transporte: «Nosotros hablamos de sectores subvencionados. El empresario paga al trabajador una parte del año y el resto del coste lo asumimos entre todos mediante subsidios y prestaciones».

También menciona los descuentos al transporte: «Puedes venir desde Barcelona por treinta y cinco euros. Cuesta menos que un taxi para ir al aeropuerto. Son subvenciones implícitas que algún día habrá que revisar». Todo ello permite competir en precios con otros destinos mediterráneos: «Este sistema hace competitivo un modelo low cost que compite con Grecia, Chipre o el norte de África». Pero también tiene consecuencias: «Un sector que compite de esa manera nunca podrá pagar salarios razonables».

López Casasnovas rechaza que el debate se centre en la inmigración: «Quiero dejar muy clara una idea: este no es un problema de inmigración. Es un problema del modelo económico». En este sentido, apunta que los inmigrantes son precisamente quienes soportan las peores consecuencias: «Les decimos que vengan a trabajar por 1.700 euros y cuando llegan descubren que con ese salario ni siquiera pueden permitirse un lugar donde dormir».

Considera que existe una importante responsabilidad empresarial: «No puedes limitarte a contratar al trabajador y decirle que ya se apañará para encontrar vivienda. Si una empresa necesita trabajadores, también debe asumir los costes asociados a esa decisión». Y critica que esos costes acaben desplazándose hacia las administraciones públicas: «Lo que no puede hacerse es externalizar todos los costes sociales del modelo hacia el sector público mientras el empresario se queda con todos los beneficios».

Contradicciones del modelo

Por su parte, el economista Miquel Puig apunta que «la economía balear ha crecido muchísimo durante los últimos veinticinco años, pero lo que toca por habitante ha crecido muy poco». Para Puig, ese es el auténtico mensaje del informe: «Tenemos crecimientos récord de la economía, pero crecimientos muy débiles del PIB per cápita y de la productividad. Esa es la gran contradicción de la economía balear».

El economista considera que el problema no es la existencia del turismo, sino el tipo de modelo que se ha consolidado: «Tenemos es un turismo de baja productividad, pero no tiene por qué ser así». De hecho, recuerda que «hay regiones europeas de monocultivo turístico que tienen una productividad muchísimo más alta. Por tanto, es perfectamente posible reconvertir nuestro turismo para que genere mucho más valor».

Pero para ello considera imprescindible abandonar la lógica del crecimiento permanente: «Eso pasa por empezar a frenar su crecimiento e, incluso, revertir parte de ese aumento». Puig sostiene que el gran beneficiado de la expansión turística no ha sido el conjunto de la población: «Este modelo ha beneficiado, sobre todo, a los propietarios inmobiliarios». A su juicio, el incremento constante de la demanda ha disparado el valor de los activos inmobiliarios, los alquileres y las rentas derivadas de la propiedad.

Mientras tanto, el crecimiento económico no se ha traducido en una mejora equivalente de la renta de los trabajadores. Precisamente por eso considera que la pérdida de poder adquisitivo de buena parte de la población no es una contradicción con el crecimiento del PIB, sino una consecuencia directa del modelo.

Sobre los «sectores subvencionados», Puig explica que «son aquellos que tienen una media salarial muy baja y que, por tanto, están vendiendo sus productos a un precio inferior al coste real que tienen». En otras palabras, parte de los costes que genera esa actividad económica no son asumidos por las empresas, sino por el conjunto de la sociedad: «Cuando una empresa paga salarios muy bajos no está pagando el coste real de esa persona».

El economista establece una relación directa entre el modelo turístico y el fuerte crecimiento de la población: «Las comunidades autónomas donde más crece la población son precisamente aquellas donde más empleo genera el turismo». Por este motivo, apunta, la creación continua de puestos de trabajo de baja productividad obliga a incorporar cada vez más trabajadores: «El gran creador de empleo en Balears ha sido el turismo». Ese crecimiento laboral, añade, explica buena parte del incremento de población registrado durante los últimos años.

Por este motivo, Puig considera que existe una profunda divergencia entre los intereses del Estado y los problemas que afrontan los territorios turísticos: «El Estado español celebra cada día el crecimiento del PIB y celebra el crecimiento de la población». ¿Por qué? «Porque siempre se interpreta que el crecimiento es positivo». Pero existe una segunda explicación: «El crecimiento de la población y de la economía tiene un impacto directo sobre las arcas públicas del Estado».

Sin embargo, sostiene que el Gobierno central apenas asume las consecuencias negativas que genera ese mismo crecimiento: «La presión sobre la vivienda, sobre la sanidad, sobre la educación o sobre los servicios públicos la soportan las comunidades autónomas». Por eso resume la situación de forma muy gráfica: «El Estado obtiene los beneficios y se desentiende de las repercusiones y de las consecuencias que tiene ese crecimiento».

Pese al diagnóstico que realiza el Informe Fénix, los economistas envían un mensaje claro: «Esperamos que exista sensibilidad para captar cuáles son realmente los problemas de la gente. Pensamos que estamos ayudando a que la población tenga unas ideas más claras sobre lo que hace falta».

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