Mundial 2026
Así vive Pere Garau la eliminación de Marruecos en el Mundial: "Ahora nos toca ir con España"
Tristeza entre los seguidores de los Leones del Atlas en Palma tras caer ante Francia por 2-0 con goles de Mbappé y Dembelé: "Nos ha pasado lo mismo que en 2022"

Tres amigos, antes de que comenzara la segunda parte del Marruecos-Francia. / C.M.

Cada vez más mujeres con la camiseta de Marruecos. Es una de las consecuencias de varias generaciones de inmigrantes cada vez más integrados en Mallorca, sobre todo en este caso, Pere Garau. La barriada más poblada de Palma enmudeció tras la derrota de los Leones del Atlas contra Francia por 2-0 en los cuartos de final del Mundial. La ilusión y la alegría se disiparon de un plumazo tras el definitivo gol de Dembelé. "Sentimos tristeza, nos ha pasado lo mismo que en 2022. Otra vez nos han eliminado los galos", cuentan Meriam y Kaoutar, madre e hija de camino a casa vestidas con la camiseta de su selección y con las mejillas pintadas de rojo y verde.
Palma con España
Sara y Omhany sienten la misma decepción, aunque con algo más de ilusión. "Ahora vamos con España", que juega este viernes contra Bélgica. "Cada vez nos gusta más el fútbol", señalan destacando una clara tendencia.
Una sensación parecida tiene Aya, que en un perfecto mallorquín, le apena la eliminación: "Éramos los únicos africanos y musulmanes. Ahora ganará una selección europea o peor, Argentina".
También en la salida del Restaurante Marrakech en la plaza Pere Garau, en la esquina junto a la calle Capità Vila, intenta consolarse Othman: "Espero que las camisetas ahora bajen el precio". Aunque el único que sale satisfecho es Youssef, camarero del local: "Estoy contento, hemos facturado bien".
Camisetas de Marruecos por las calles
Los goles de Mbappé y Dembelé despertaron del sueño mundialista a los magrebíes, que comenzaron a hacerse notar bastante antes de que comenzara el encuentro. Al entrar en la calle Nuredunna alrededor de las 21 horas apareció la primera de las muchas camisetas de Marruecos. Un turista europeo excéntrico llevaba la camiseta de Ziyech.
Sin aire acondicionado en el interior de El Gran Marrakech de la Plaza de las Columnas, la situación tampoco mejoró en la cafetería Paloma Blanca, en el carrer Joan Mestre, a escasos metros de la plaza Pere Garau.
A falta de media hora para que arrancara el encuentro, todas las sillas estaban perfectamente colocadas para ver el encuentro con la señal francesa de BeIn Sports.
Calor sofocante en Mallorca
Con botellas de litro y medio de agua sobre las mesas y apurando los últimos tés y cafés, llegaron tres señores con timbales y con una gran bandera marroquí para colocarla con esparadrapo debajo de la televisión. Como si fuera una señal del destino, en ese preciso instante la luz se fue en un local en el que no había ninguna mujer. Tardó unos minutos en regresar para la impaciencia de la clientela.
Las camisetas rojas y algunas blancas tenían un denominador común: Achraf Hakimi, el ídolo local. Quince minutos antes de que arrancara el encuentro llegaron los primeros tres chicos que no hablaban marroquí, sino español.
Sonó el himno de los Leones del Atlas y todo el local se puso en pie. Al sentarse, apagaron la luz más lejana a la televisión para crear un clima acogedor.
El calor comenzó a acuciar. Algunos se abanicaban con las bandejas de comida ya acabadas y otros, simplemente se secaban el sudor con las servilletas.
De la ilusión a la decepción
Comenzó el partido. Achraf tocó el balón y comenzaron a rugir los Leones del Atlas.
Cada despeje lo celebraban con rabia y, cada vez que los de Ouahbi cruzaban el medio del campo, se ilusionaban. Su primer córner a favor sacó el primer grito de los que más sufrían. Nadie dijo que iba a ser fácil.
Tocó remar. Entre quejas inocuas, Mbappé cogió el esférico para tirar el penalti que provocó Olise. Se encomendaron a Bono. Y no les falló. Adivinó el lanzamiento de la estrella del Real Madrid y todos saltaron de alegría durante varios segundos. Su celebración la escuchó toda la calle. Aguantaron el empate al descanso.
Más mujeres en Pere Garau
Al salir, la primera brisa veraniega rebajó varios grados la sensación térmica. A solo unos cien metros y, en plena plaza Pere Garau haciendo esquina con Capità Vila, el ambiente cambió por completo en el Restaurante Marrakech.
Más jóvenes que en el anterior local esperaban con impaciencia en la calle entrar antes de que comenzara la segunda parte. "Bono está siendo el héroe del partido", cuenta Othman.
Aquí sí hay mujeres y sí sirven tés. "Si Marruecos gana voy a Estados Unidos a ver las semifinales con una camiseta mitad España y otra mitad Marruecos", desafío Mohamed.
Cerca suyo aparece Aya, que también habla mallorquín: "Tengo mucha fe, si gano no me tatúo porque no puedo, pero si pierdo me quito las redes sociales".
En el interior del local, además de varias camisetas marroquíes y alguna española, también hay una de N'Doye.
Adiós al sueño de ganar en Pere Garau
Comienza la segunda mitad y la señal de BeIn Sports en francés también reina en el salón principal. La tensión vuelve a sentirse.
Las paradas de Bono son un alivio. Hasta que llega el primer listo de la noche, adelantándose a la televisión: "Gol de Francia".
El jarro de agua fría llegó antes de hora y, otra vez el mismo listo del fondo del restaurante, levantó la voz: "Otro".
Mbappé y Dembelé arruinaron el sueño de los Leones del Atlas por segundo Mundial consecutivo. Pere Garau enmudeció y el sueño marroquí tendrá que esperar, como mínimo, cuatro años.
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