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Lucha pacífica contra la violencia

Miles de personas forman una cadena humana para protestar contra la desprotección de es Trenc

Miles de personas forman una cadena humana para protestar contra la desprotección de es Trenc / Ana B. Muñoz

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Matías Vallés

Matías Vallés

Los radicales prosperan por la deserción de los moderados, también frente a la destrucción violenta de Mallorca. La inhibición de PP/PSOE y sus partidos satélites acelera la frustración social frente a dilemas existenciales, qué queda el lunes de la impresionante cadena humana del domingo en es Trenc.

Cada cual dispone de su manual de combate, una opción es abogar por medidas radicales pero pacíficas, en el amplio abanico que incluye la paralización del aeropuerto violento. En cambio, no hace falta cortar la Vía de Cintura, interrumpida durante quince horas al día gracias a las políticas de PP/PSOE. También parece tolerable señalar las viviendas alquiladas violentamente y sin licencia de explotación turística, como se ha hecho en el Santanyí de Llorenç Galmés. En cambio, es excesivo inutilizar las cerraduras de los violentos pisos ilegales de Palma, aunque los vecinos lo agradecerían y aunque la policía de Roma descerraja los cajetines de llaves a martillazos.

En es Trenc, la única incitación a la violencia surgió de una alto cargo del PP, que se reafirmó en su desafío irracional. Los beatos alarmados por los excesos de los cachorros independentistas, y la Audiencia exculpó la pirotecnia de Arran, tal vez entenderían el llamamiento ilegal si no dispusieran de una vivienda, ni ninguna perspectiva de acceder a una casa. Los conciliadores también se mantienen ajenos a la pancarta amenazante colgada por los hoteleros en un espacio público. «Nuestra casa», proclaman para que se sepa que los depredadores son los dueños de la isla, y rematan con un gigantesco «Cuidadito», texto coactivo de destinatario impreciso.

La manera más sencilla de eliminar la tentación de indeseables protestas violentas contra el alquiler turístico violento consiste en suprimirlo, pero las instituciones protegen con dilaciones a los piratas. Tampoco se combate el gangsterismo inmobiliario, en oficinas que no se dignan emplear ni los idiomas de la isla. Qué escándalo, los expulsados de Mallorca se revuelven a manotazos contra su condena.

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