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Más allá de las ideas: un estudio con participación de la UIB concluye que las emociones políticas también se viven físicamente

La investigación determina que emociones habituales en el ámbito político, como la ira, la ansiedad, el asco o la esperanza, generan sensaciones corporales específicas

Según los resultados, cada una de estas emociones presenta un "mapa corporal" propio, con zonas del cuerpo donde las sensaciones son más intensas en función de la emoción y del contexto en el que se produce

Àlex Gàlvez, investigador de la UIB que ha participado en el proyecto.

Àlex Gàlvez, investigador de la UIB que ha participado en el proyecto. / A.Costa/UIB

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Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Una investigación en la que ha participado la Universidad de las Islas Baleares (UIB) ha demostrado que las emociones vinculadas a la política no solo se piensan o expresan, sino que también se viven físicamente a través del cuerpo. El estudio, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), aporta una nueva perspectiva sobre el papel de las emociones en la participación democrática.

La investigación concluye que emociones habituales en el ámbito político, como la ira, la ansiedad, el asco o la esperanza, generan sensaciones corporales específicas. Según los resultados, cada una de estas emociones presenta un "mapa corporal" propio, con zonas del cuerpo donde las sensaciones son más intensas en función de la emoción y del contexto en el que se produce.

Uno de los hallazgos más relevantes es que estas emociones cambian cuando se trasladan al terreno político. Así, el asco político activa un mayor número de zonas corporales que el asco cotidiano, mientras que emociones como la esperanza o la ansiedad también presentan diferencias en su intensidad y distribución física. Los investigadores consideran que este resultado evidencia que las emociones políticas no son simplemente una adaptación de las emociones generales, sino experiencias cualitativamente distintas.

El estudio también señala que la participación política -como votar, firmar peticiones o participar en protestas- está más relacionada con la intensidad con la que las personas experimentan físicamente esas emociones que con la intensidad que manifiestan al describirlas. Esta dimensión corporal podría ayudar a explicar por qué algunas personas se implican más que otras en la vida política.

La investigación se llevó a cabo con una muestra representativa de 992 participantes mediante la herramienta emBODY, que permite visualizar sobre una silueta del cuerpo las zonas donde las personas sienten activación o desactivación asociadas a cada emoción. Este método ofrece una forma innovadora de analizar no solo qué sienten las personas, sino también cómo lo experimentan físicamente.

El profesor del Departamento de Psicología de la UIB y coautor del estudio, Alejandro Gálvez-Pol, destaca que comprender cómo se sienten las emociones políticas en el cuerpo permite entender mejor por qué las personas participan en la vida democrática y cómo surgen fenómenos como la polarización. En su opinión, este enfoque pone de manifiesto que la política no es únicamente una cuestión de ideas y opiniones, sino también una experiencia corporal.

En conjunto, el trabajo abre nuevas vías para estudiar la relación entre las emociones, el cuerpo y la democracia, además de contribuir a una mejor comprensión de los procesos de participación política y del comportamiento electoral. El estudio ha contado también con la participación de investigadores de las universidades de Londres, en el Reino Unido, y Vanderbilt, en Estados Unidos, y se ha desarrollado en el marco de un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

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