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Restauración

Más currículums que nunca para ser camarero en Mallorca, pero cada vez duran menos: "Hizo medio turno, se fue y no regresó ni para devolver el uniforme"

Atraídos por unas suculentas propinas que pueden llegar a los cien euros «según el grado de simpatía», más personas prueban este negocio, pero pocos aguantan: «No basta con llevar una bandeja»

Imagen de archivo: Las terrazas de Platja de Palma, a rebosar.

Imagen de archivo: Las terrazas de Platja de Palma, a rebosar. / MANU MIELNIEZUK

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Palma

Los meses de mayor actividad turística vuelven a abrir un debate que cada verano se repite en Mallorca: ¿faltan o no camareros? La respuesta ya no es tan sencilla como hace unos años. Los currículums siguen llegando cada día a cafeterías y restaurantes tanto de la Playa de Palma como del centro de la ciudad. El problema, coinciden muchos de los profesionales que atienden cada día a decenas de clientes, no es tanto encontrar personas como dar con trabajadores que quieran hacer del oficio una profesión, aguantar el ritmo que exige la restauración y, sobre todo, poder permitirse vivir en la isla.

Acceso a la vivienda en Mallorca

Las respuestas son tan diferentes como los establecimientos. Hay quien culpa al elevado precio de la vivienda, otros señalan directamente al horario partido y tampoco faltan quienes consideran que el principal problema es la falta de relevo generacional de los más jóvenes que no aguantan el ritmo. Todos coinciden en una cosa: ser camarero en Mallorca sigue siendo una de las profesiones mejor remuneradas gracias a unas propinas que, en muchos casos, pueden suponer entre 20 y 100 euros diarios, aunque ese dinero extra cada vez compensa menos el coste de vivir en la isla.

Por las mañanas, la mayoría de establecimientos se preparan para una jornada frenética. Luce el sol, la brisa marina es prácticamente inexistente y la sensación térmica supera los 30 grados. Caminar es sinónimo de sudar. Playa de Palma comienza a llenarse de turistas que colocan sus toallas en la arena antes de bañarse en el agua, que este año sí es transparente.

Desayunos en Playa de Palma

Algunos aprovechan para coger fuerzas en el By Nicole Cafe Mohn, un popular café y restaurante especializado en desayunos que, cerca del mediodía, apenas tiene una mesa libre en la terraza. Allí, entre cafés, zumos y tostadas, Nicole explica que completar la plantilla continúa siendo uno de los mayores retos de cada verano.

«Esta temporada ha ido un poco mejor para nosotros, pero es una realidad que faltan cocineros y camareros en el sector. El problema es que no hay pisos para vivir. Completar el equipo es difícil; nosotras empezamos a buscar personal en febrero», explica.

Nicole y su madre posan frente a la terraza de su negocio en Playa de Palma.

Nicole y su madre posan frente a la terraza de su negocio en Playa de Palma. / C.M.

La vivienda aparece una y otra vez durante el recorrido. Cambian los locales, pero el diagnóstico apenas varía. A escasos metros, un restaurante alemán comienza a abrir sus puertas mientras una enorme pantalla espera el siguiente partido del Mundial de fútbol. Ángel Hernando sonríe al comprobar que Alemania ya ha quedado eliminada. «Es una alegría que ya no esté», comenta, consciente de que el volumen de trabajo será menor que si los de Nagelsmann siguieran compitiendo.

Falta de mano de obra en la isla

Lleva trabajando en Playa de Palma desde 2012 y no tiene dudas sobre la situación del sector. «En Mallorca falta mano de obra. Es así», asegura. Recuerda, además, que la restauración también ofrece incentivos económicos difíciles de encontrar en otros sectores. «Los camareros pueden ganar hasta 100 euros al día en propinas y, en mi caso como cocinero, unos 120 euros a la semana».

A pocos metros, en la histórica Pizzeria Plaza, un restaurante con más de cuatro décadas de historia orientado principalmente a la clientela local, Chechu coloca los vasos sobre las mesas y corta rodajas de limón mientras espera el primer servicio del día. Lleva un año y medio trabajando allí y, aunque está muy contento de trabajar en este establecimiento, está convencido de que en el sector la falta de personal es una constante. En su opinión, una de las principales razones tiene nombre propio: el turno partido.

Horario partido

«Si trabajas de una a cinco y vuelves de siete a once, ¿qué haces durante esas dos horas? Yo vivo al lado y estoy encantado, pero si viviera en Palma no podría trabajar aquí», subraya. Como otros compañeros, también señala directamente al mercado inmobiliario. «Antes venían muchos andaluces a hacer la temporada, pero ahora, si ganas 1.800 euros y más de la mitad se va en el alquiler, ya no sale a cuenta».

Propinas de hasta cien euros en Palma

La misma respuesta se repite unos metros más adelante, en el Münchner Kindl, uno de los restaurantes más frecuentados por el turismo alemán. La terraza empieza a llenarse poco antes del mediodía, mientras la plaza continúa en obras. Fuera, el calor aprieta; dentro, donde la temperatura da un pequeño respiro, Norberto lleva quince años detrás de la barra observando cómo ha cambiado el perfil de los trabajadores. Para él, el problema ya no es solo encontrar camareros, sino profesionales con idiomas.

«Faltan camareros que sepan alemán. Antes venían de Alemania, trabajaban de día y salían de fiesta por la noche. Ahora ya no vienen», resume. Cree que el problema vuelve a estar ligado a la vivienda. «Si cobras 1.700 euros, ¿cómo vas a pagar un alquiler? Con las propinas te puedes plantear pagarlo, pero ninguna inmobiliaria las acepta». Según explica, un camarero puede ingresar entre 20 y 100 euros diarios en propinas, dependiendo del volumen de trabajo y de la atención al cliente.

Natalia y Norberto, en el interior del restaurante de Playa de Palma en el que trabajan.

Natalia y Norberto, en el interior del restaurante de Playa de Palma en el que trabajan. / C.M.

Falta de relevo generacional

Norberto también percibe un cambio generacional. «Los jóvenes no quieren aguantar este ritmo. Están más cómodos en una oficina o en una tienda con aire acondicionado», afirma.

La sensación también la comparte Emma, segunda de bar y comedor en uno de los hoteles más emblemáticos de Playa de Palma. Describe una temporada diferente a otras. «Está siendo atípica. Hay muchos desayunos y pocas cenas». Aun así, asegura que continúan recibiendo currículums. El problema llega después.

«La gente joven no aguanta o no le interesa este horario. A veces vienen un día y ya no vuelven. Exigen unos días libres concretos. Incluso llamas a personas que han enviado el currículum y ni te cogen el teléfono. Hubo un chico que hizo medio turno, se fue y ni devolvió el uniforme», relata. También percibe que el turista controla más el gasto. «Se permiten venir de viaje, pero gastan menos».

Terrazas llenas en Palma

Del bullicio de la Playa de Palma al centro de Palma apenas cambian las conclusiones. El perfil del visitante sí es diferente, con un mayor poder adquisitivo, pero las dificultades para encontrar personal siguen siendo las mismas y, curiosamente, las propinas disminuyen. Mismo sol, más humedad y un ritmo de trabajo que tampoco da tregua.

Bruno Marchi, encargado de un restaurante del Born, ultima junto a su equipo los preparativos antes de abrir las puertas, poco antes de las 11 de la mañana. La jornada acaba de empezar, pero sabe que será larga. «Todos los años es lo mismo», resume al hablar de la dificultad para encontrar personal. En su negocio, además, el absentismo ronda el 15%. «El ritmo de este trabajo es alto, pero también cobramos más que la media.Nosotros también ganamos bastante en propinas. Ayer fueron 50 euros», sostiene.

"Faltan camareros, pero buenos"

En la plaza de la Lonja, las terrazas empiezan a cobrar vida. Allí, Ander Mendieta confirma que los currículums siguen llegando, aunque el perfil ha cambiado. «Mallorquines o españoles que se quieran dedicar a esto ya no hay. Cada vez vienen más trabajadores hindús y sudamericanos», señala. En su opinión, «la propina paga la vivienda» y muchos jóvenes no están dispuestos a soportar el ritmo que exige el sector.

Un poco más adelante, Andrés Giménez introduce un matiz que resume buena parte del debate. «Faltan camareros, pero buenos», afirma. «Currículums llegan, pero muchos no tienen profesionalidad. Cualquiera puede llevar una bandeja, pero pocos cuidan el detalle, preguntan por los alérgenos o atienden al cliente con el cuidado que merece».

La última parada es en la Plaza Mayor. Allí, Mohamed asegura que reciben entre tres y cuatro currículums diarios. Su conclusión vuelve a alejarse de la idea de que no haya candidatos. «Los que dicen que faltan camareros, seguro que no los tratan bien», sostiene. Para él, el verdadero problema está en otro sitio. «Faltan camareros que sepan el oficio. La gente busca trabajo, pero no quiere trabajar. Y también faltan idiomas».

Los currículums siguen llegando, pero cada vez son más quienes distinguen entre encontrar camareros y encontrar profesionales.

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