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La Posidonia se degrada más rápido de lo previsto: el calor prolongado ya deja daños irreversibles

Un estudio liderado por el CSIC, la UIB y centros internacionales concluye que el calor acumulado, incluso sin alcanzar temperaturas letales, está degradando las praderas marinas y podría hacer desaparecer hasta el 80 % de su cobertura a finales de siglo

Submarinistas sobre praderas de posidonia, en el Mediterráneo

Submarinistas sobre praderas de posidonia, en el Mediterráneo / Manu San Félix

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Las praderas de Posidonia oceanica, uno de los ecosistemas más importantes del Mediterráneo, están sufriendo un deterioro acelerado por el estrés térmico acumulado, incluso cuando las temperaturas del mar no alcanzan niveles considerados letales para la especie. Así lo demuestra una investigación liderada por el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB), el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Rey Abdalá (KAUST), en Arabia Saudí.

El calor prolongado también destruye la Posidonia

Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre el impacto del cambio climático en la Posidonia se basaban en comprobar si la temperatura del agua superaba determinados umbrales críticos. Sin embargo, esta investigación concluye que la exposición prolongada al calor también degrada las praderas, aunque esos límites nunca lleguen a alcanzarse.

Para medir ese impacto, los investigadores desarrollaron un nuevo indicador fisiológico denominado 'días de grado de estrés' (Stress Degree Days, SDD), que permite cuantificar el efecto acumulado del calor sobre la planta.

El investigador del CEAB-CSIC y autor principal del estudio, Àlex Giménez-Romero, explica que, a diferencia de los modelos tradicionales, este método "contabiliza explícitamente cómo afecta el estrés térmico al organismo a lo largo del tiempo bajo condiciones de campo dinámicas".

Inteligencia artificial e imágenes de satélite

Los científicos combinaron los registros diarios de temperatura superficial del mar entre 2000 y 2020 con funciones experimentales de mortalidad para calcular la exposición térmica acumulada en toda la cuenca mediterránea.

Posteriormente emplearon un sistema de inteligencia artificial de código abierto, denominado Camele, capaz de analizar imágenes de satélite de alta resolución para cartografiar las praderas de Posidonia oceanica.

Tras estudiar más de 30 imágenes de satélite de distintas zonas del Mediterráneo, evaluaron tanto la cobertura de la Posidonia como su grado de fragmentación.

Más del 40 % menos de cobertura en las zonas más afectadas

Los resultados muestran un escenario preocupante. Las áreas con mayor estrés térmico acumulado, especialmente situadas en las costas del sur y el este del Mediterráneo, presentan una reducción de la cobertura de Posidonia superior al 40 %, además de una intensa fragmentación de las praderas.

Los investigadores destacan que este deterioro aparece incluso en zonas donde la temperatura máxima del mar nunca superó el límite letal establecido experimentalmente para la especie.

El estudio prevé pérdidas de hasta el 80 % a finales de siglo

Las proyecciones climáticas elaboradas a partir de los escenarios del IPCC indican que, si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen en niveles moderados, las praderas de Posidonia podrían perder de media un 40 % de su cobertura antes de finales de siglo.

En el escenario de altas emisiones, la regresión alcanzaría aproximadamente el 80 %, provocando la desaparición de gran parte de las condiciones térmicas adecuadas para la especie en el sur del Mediterráneo.

Un ecosistema clave para el Mediterráneo

El investigador del IFISC y coautor del estudio, Manuel Matías, advierte de que la desaparición de grandes praderas continuas compromete servicios ecosistémicos esenciales.

Según explica, un paisaje marino fragmentado reduce la conectividad entre las plantas, disminuye la retención de sedimentos, limita la producción de oxígeno y reduce la capacidad de capturar carbono, una función clave para mitigar el cambio climático.

El CSIC destaca que la combinación de fisiología vegetal, teledetección mediante satélite e inteligencia artificial convierte esta metodología en una nueva herramienta para evaluar los riesgos del calentamiento global y diseñar estrategias de conservación de los ecosistemas marinos.

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