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Pilar González, cofundadora de Adelante Andalucía: "Las izquierdas soberanistas pueden provocar un cambio de modelo del Estado, a la inversa de lo que ocurrió en el 78"

Histórica dirigente del andalucismo de izquierdas y una de las fundadoras de Adelante Andalucía, participó el martes en Palma en un coloquio junto al candidato de Més a la Alcaldía, David Pujol. En esta entrevista analiza el auge de las izquierdas soberanistas, el escenario político tras las elecciones andaluzas, el papel de Vox y los retos de una izquierda que, a su juicio, debe volver a conectar con el territorio y recuperar debates como el ecologismo

Pilar González en un hotel de Palma, horas antes de subirse al escenario con David Pujol.

Pilar González en un hotel de Palma, horas antes de subirse al escenario con David Pujol. / Guillem Bosch

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Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Pregunta: Lleva más de treinta años dedicada a la política. ¿Cómo ve el momento político actual?

Respuesta: Son situaciones muy diferentes. En Andalucía la derecha y la extrema derecha hacen alianza contra la mayoría social, como probablemente ocurre aquí, en Baleares. Adelante Andalucía acaba de lograr un buen resultado. No es lo que queremos, pero sí un comienzo para plantar cara. En el Estado la situación es muy complicada: cuando la izquierda no hace política de izquierdas, abre la puerta a que entren en tromba la derecha y la extrema derecha.

P: ¿Qué ha cambiado más: los partidos, los políticos o la ciudadanía?

R: Todo. Los partidos no se pueden separar de las personas que los representan ni de la ciudadanía de la que nacen. Me da escalofrío ver cómo hemos retrocedido en derechos que parecían consolidados: los de las mujeres, las personas LGTBI o la mirada sobre la inmigración. Andalucía ha sido tierra de emigrantes. ¿Cómo vamos ahora a cerrar puertas a quienes vienen a trabajar y a compartir su vida con nosotros?. Desde la crisis de 2008, además, el capitalismo ha convertido derechos como la sanidad o la educación en negocios.

P: El ecologismo tenía mucho peso en su tradición política. ¿Cree que ha sido desplazado del eje central de muchas formaciones?

R: Sí. Lo tremendo es que, inmersos en el cambio climático, nos han convencido quienes lo niegan. Tenemos olas de calor de agosto a mediados de junio y noches tropicales, y aun así quienes gobiernan dicen que siempre ha hecho calor en verano. Me preocupa porque ese deterioro es el de la vida que vamos a dejar. Tengo hijas y nietos, y este es su planeta. No hay otro al que mudarnos.

P: ¿La izquierda ha dejado de hablar de medio ambiente y de cambio climático por miedo a perder votos?

R: La izquierda ha sido cobarde. Ha tratado la ecología política como si no fuera algo material frente a la vivienda, la sanidad o los salarios. Y es un error: la comida, los cultivos o la soberanía alimentaria son tan materiales como el ladrillo de una casa. Hemos tomado medio a broma el negacionismo y le hemos cedido terreno. Luego llegan las DANAS o los ríos desbordados y nos preguntamos cómo no se cuidó antes. Cuando ocurre, ya no tiene remedio.

P: ¿Qué valoración hace del escenario abierto en Andalucía tras el debate de investidura?

R: Peor. Fue en Andalucía donde por primera vez hubo un pacto entre PP y Vox, aunque entonces Vox no entrara en el Gobierno. Ahora al PP le faltan dos votos para la mayoría absoluta y acabará acordando con Vox. Moreno Bonilla se presenta como alguien más centrado; nosotros le llamamos, con guasa, ‘El suavón’. Pero detrás del barniz amable están las mismas políticas. Frente a eso tenemos la voluntad férrea de plantar cara y no ceder ni un milímetro.

P: Se criticaba que ir divididos perjudicaría a la izquierda. Sin embargo, Adelante Andalucía ha crecido.

R: Hemos ampliado el espacio. Por Andalucía, básicamente Izquierda Unida y Podemos, ha sacado lo que tenía. Nosotros hemos multiplicado por cuatro. Esa gente no votaba antes a la izquierda o venía desencantada del PSOE y de Podemos. No se ha achicado el espacio de la izquierda; al contrario. Hay voto prestado, claro, pero también un renacimiento cultural andalucista muy fuerte. Ese andalucismo emocional es conciencia de pueblo; después hay que convertirlo en compromiso político.

P: También crecen partidos vinculados a su territorio, como Chunta en Aragón, Més o Coalició per Mallorca. ¿Qué está pasando?

R: Creo que son esas izquierdas soberanistas -ojalá, y esto ya casi es hacer de profeta- las que pueden provocar un cambio de modelo en el conjunto del Estado, a la inversa de lo que ocurrió en el 78, que fue desde el centro hacia las periferias. Ojalá ahora seamos las periferias las que podamos producir un cambio hacia el centro. Son izquierdas más pegadas al terreno, a la vida y a la realidad concreta que la izquierda española tradicional centralista.

P: Al contrario, Sumar agrupó muchas fuerzas y parece ir en caída. ¿Ha fracasado su modelo?

R: Sin duda. Las candidaturas construidas de arriba abajo suelen acabar fragmentándose. Para que algo sea real tiene que nacer desde abajo. Y aun así no siempre sale bien, pero si directamente no nace desde abajo, no sale seguro. Cuando esos experimentos tienen éxito, suele ser efímero porque les falta solidez y cuerpo. Miquel Roca i Junyent montó una cosa que era el Partido Reformista, que quería encontrar también socios así, como de centro, centro izquierda, centro progresista. Pero este tipo de operaciones no duran mucho. Cuando tienen éxito, es efímero, porque les falta solidez.

P: En este tipo de partidos mas identitarios, ¿qué peso tienen los candidatos?

R: Muchísimo. José Ignacio García conecta porque vive como habla: trabaja en la enseñanza pública, va a la sanidad pública, vive de alquiler y comparte la realidad de la gente. Esa coherencia transmite credibilidad. Puedes estar de acuerdo o no, pero sabes que no te engaña. En David Pujol veo algo parecido: una persona normal que emprende una aventura política, sin mochilas antiguas y con voluntad de remangarse.

P: Al mismo tiempo, vuelven perfiles veteranos como Mónica Oltra. ¿También se busca experiencia?

R: Me parece bien, sobre todo cuando han sufrido situaciones tan injustas como la de Mónica Oltra. Fue víctima de una campaña de machaque y es de justicia repararla. La experiencia puede servir para poner a disposición lo aprendido, también los errores, y ayudar a que otra gente tire hacia adelante sin necesidad de estar siempre en primera fila.

P: ¿Volvería usted a la primera línea? ¿Sigue siendo optimista?

R: Creo que hay gente muy joven y valiente a la que le resulta más fácil conectar. A mí me apasiona seguir construyendo este proyecto desde el lugar que corresponda, pero no necesito estar en primera fila. Y sí, soy optimista. Ser andalucista en Andalucía ha sido una tarea de resistencia. Hemos cruzado desiertos y ahora hemos llegado a un oasis. Creo que podemos hacer un pozo y que hay agua para dar continuidad al andalucismo que empezó con Blas Infante.

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