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Algo huele a podrido en la basura balear

Vertedero del canal de na Putxa, en Ibiza

Vertedero del canal de na Putxa, en Ibiza / DI

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Matías Vallés

Matías Vallés

En la génesis de un cultivo de bacterias en un tubo de ensayo, reina la luz. Conforme los microorganismos consumen el alimento, y amontonan los residuos que los humanos llaman excrementos en un espacio limitado, la claridad desaparece y todos mueren. Es el famoso modelo balear de crecimiento.

La basura a todos iguala, pero la sola idea de transportar desechos de Ibiza a Mallorca produce escalofríos, por mucho que PP/Vox se sientan identificados con el procedimiento. La Vía de Tortura necesita por lo visto el aliciente de más camiones con residuos perfumando su atasco permanente. Solo falta delimitar si en la decisión predomina el absurdo, la contaminación o la ilegalidad que denuncia el Gob renacido.

El primer indicio de inseguridad jurídica se advierte en las reticencias del Consell mallorquín, abrazado con amor a la basura ibicenca. El aséptico «son temas de técnicos» se traduce al lenguaje penal en «me niego a firmar, porque luego los políticos me cargan la responsabilidad». Algo huele a podrido en la basura balear, y resulta curioso que se encomiende el traslado íntegro a la explotadora ibicenca, sobre todo con el historial del vertedero del canal de na Putxa. Otro ensayo en un tubo saturado.

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