¿Se convertirá Cala Rajada en el nuevo destino de fiesta? Un centro turístico que lucha por proteger su imagen
La localidad ofrece naturaleza y gastronomía, compras y descanso, pero también fiesta, una combinación tan diversa que define el enclave, aunque también genera, una y otra vez, tensiones y conflictos
El sonido de las olas, suaves melodías de música latina y el murmullo de las conversaciones. Alemanes y españoles, un sábado por la noche: así suena una noche de verano en Cala Rajada. Se acerca la medianoche y la vida late con fuerza en el paseo marítimo. Muchas de las mesas de los bares y restaurantes del paseo siguen ocupadas. La cena ya ha terminado y ahora llega el momento de las copas. Los camareros sirven cócteles y combinados, mientras la tenue iluminación de las mesas aporta un aire romántico junto al mar. A la vuelta de la esquina, las discotecas abren sus puertas.
Un destino de contrastes
Unas semanas antes: Corpus Christi. En una calle del interior del pueblo. Un grupo de alemanes aficionados a la bebida llega a su límite ya a primera hora de la noche. Todos visten camisetas rojas. Todos están borrachos. El sonido de las arcadas resuena entre las fachadas mientras uno de los turistas vomita junto a la acera. Una vecina observa la escena con gesto de asco desde su balcón y aparta rápidamente la mirada. "Qué más da, a Mallorca solo se viene una vez al año", grita uno del grupo. Sí, ese también es, a veces, el sonido de Cala Rajada.
Cala Rajada es un lugar de contrastes. Un destino donde las familias jóvenes encuentran tranquilidad, mientras otros adultos vienen precisamente a desmadrarse. Un lugar al que acuden tanto amantes de la naturaleza como peñas de bolos o clubes de balonmano, más interesados en las bebidas fuertes que en las calas idílicas. Aquí conviven restaurantes de alta calidad y boutiques elegantes con locales de kebab y tiendas de recuerdos para turistas. También coinciden propietarios de segundas residencias con alto poder adquisitivo y trabajadores temporales. Y, por supuesto, quienes buscan fiesta, tanto residentes como visitantes. Así ha sido durante décadas.
"Lo que distingue a Cala Rajada es su diversidad; aquí todo el mundo tiene cabida", afirmaba en 2017 el entonces alcalde de Capdepera, Rafel Fernández, en una entrevista concedida a Mallorca Zeitung. Pero ¿sigue siendo así?
La odiosa comparación
Hay una comparación que vuelve una y otra vez y que resulta especialmente molesta para muchos de los fieles seguidores de Cala Rajada, además de generar continuas polémicas: Cala Rajada es sinónimo de fiesta, sinónimo de 'Ballermann' o Magaluf. Pequeños escándalos acaparan grandes titulares y las excepciones terminan marcando la imagen del destino más que la realidad cotidiana. Incluso en esta incipiente temporada de verano, este antiguo pueblo pesquero del noreste de Mallorca ha sido noticia en varias ocasiones en la prensa de la isla y ha alimentado el debate tanto en la calle como en las redes sociales.
Todo comenzó con el artista alemán Frank Krüger, quien, en respueta a Mallorca Zeitung, explicó que, tras veinte años, cerraba su galería en el municipio costero. Entre los motivos señaló que el nivel del turismo en Cala Rajada había ido deteriorándose de forma constante en los últimos años y que el destino se estaba convirtiendo cada vez más en un segundo 'Ballermann'. "Ya no encajábamos en este turismo de borrachera", resumió el artista, desatando una intensa controversia.
En realidad, el debate no es nuevo, aunque sí refleja el sentir del momento. En el Ayuntamiento de Capdepera, del que depende Cala Rajada, también existe este verano una clara voluntad de replantear el tipo de turismo que recibe el municipio, con un cambio de discurso. Por primera vez, la alcaldía está en manos de Núria Garcia, representante del partido ecosoberanista Més per Mallorca. En los últimos meses se ha mostrado en varias ocasiones muy crítica con el turismo de excesos en Cala Rajada e incluso ha comparado el destino con otros grandes enclaves de ocio nocturno de la isla. A principios de junio declaró a Diario de Mallorca que Cala Rajada no quiere convertirse en un Arenal ni en Magaluf, unas palabras que provocaron la inmediata crítica del alcalde de Calvià.
Incontrolable en Cala Agulla
Por eso, la alcaldesa se muestra ahora mucho más prudente en su conversación con Mallorca Zeitung. Ya no recurre a comparaciones y evita responder con rotundidad a la pregunta de si la situación está empeorando realmente. Lo único que deja claro es que no quiere que las cosas sigan como hasta ahora.
Con ese objetivo, convocó el pasado 25 de junio una mesa redonda: «Mesa para la transformación del destino y contra el turismo de excesos». El nombre deja poco lugar a dudas: el propósito es impulsar un cambio en el modelo turístico de Cala Rajada y combatir el turismo de borrachera.
La alcaldesa insiste en que no pretende acabar con la vida nocturna del municipio, sino conseguir que se desarrolle de una manera más cívica. También en la playa de Cala Agulla, donde algunos turistas comienzan a beber desde pleno día.Garcia reclama una mayor implicación de la Guardia Civil y de la dirección del espacio natural protegido Parc de Llevant. «Estos grupos de turistas que llegan con neveras llenas de alcohol son imposibles de controlar. La Policía Local no puede hacer frente a esta situación por sí sola», afirma.
A su juicio, también hace falta más respeto por parte de los visitantes hacia el entorno, la cultura local y los residentes. En cualquier caso, destaca que la colaboración con hoteleros, restauradores e incluso con los locales de ocio nocturno ya es, en líneas generales, bastante positiva.
Entre las excepciones y la norma
Aunque también aquí hay excepciones. A mediados de junio, el Ayuntamiento llamó la atención a un hotel del municipio por exhibir una pancarta con el lema «Lo que pasa en Mallorca, se queda en Mallorca», un mensaje que, a juicio del consistorio, parecía fomentar el turismo de excesos y que también acaparó titulares en toda la isla.
Lo mismo ocurrió con la noticia de que algunos turoperadores de la península promocionan ya Cala Rajada como el destino definitivo para los viajes de fin de curso de estudiantes españoles, destacando que allí no se aplican las leyes contra el turismo de excesos vigentes en Playa de Palma y Magaluf.
Jürgen Umland solo puede negar con la cabeza ante todas estas noticias negativas sobre el lugar que considera su hogar. Es el administrador del grupo de Facebook «Cala Ratjada Insider», que cuenta con unos 31.000 miembros, la mayoría alemanes y prácticamente todos enamorados de la localidad.
Este alemán originario de Renania, afincado desde hace años en Mallorca y muy conocido dentro de la comunidad germana de la isla, sigue de cerca la evolución del municipio. A su juicio, comparar Cala Rajada con el Ballermann es "un disparate". "A menudo se exageran deliberadamente determinadas situaciones, y eso perjudica la imagen del destino, aunque tenga poco que ver con la realidad", sostiene.
Reconoce que existen grupos de turistas alemanes que viajan con ánimo de fiesta y de todas las edades. "Pero vienen coincidiendo con fechas muy concretas: la Ascensión, Pentecostés, el Corpus Christi y, de nuevo, en septiembre", explica Umland. Algunos pueden llamar la atención o hacer más ruido de la cuenta, "pero solo una parte ínfima se comporta realmente de forma incívica".
Es más, asegura tener la impresión de que este año el ambiente es más tranquilo que en temporadas anteriores. «No hay tanta gente», afirma. "Además, aquí tenemos la suerte de que el llamado triángulo de las Bermudas de la vida nocturna está concentrado en una zona muy reducida, algo muy distinto de lo que ocurre en Playa de Palma".
Se refiere a las tres discotecas situadas una junto a otra —Bolero, Keops y, desde este año, Bananaclub, el antiguo Physical—, alrededor de las cuales se concentran varios bares y locales de ocio. Para minimizar las molestias a los vecinos, a partir de la medianoche la música en las terrazas debe bajar de volumen.
"No sabía que fuera tan extremo"
Aun así, el ruido sigue siendo una realidad, dependiendo de la calle. Lo sabe bien Anna Schmidt. Aunque vive en otra zona, cerca de la rotonda del Eroski, por allí pasan muchos turistas que se dirigen desde sus hoteles hacia los locales de ocio nocturno. La alemana prefiere no aparecer con su nombre real en el periódico; como muchos otros residentes, es cauta a la hora de expresar críticas públicamente.
Durante muchos años ha disfrutado de Cala Rajada en distintas épocas del año, pero no fue hasta el verano pasado cuando pasó por primera vez el inicio de la temporada estival en su segunda residencia. "Me quedé impresionada. Sabía que por el Día del Padre alemán venían muchos grupos, pero no imaginaba que fuera tan extremo", explica.
Habla de gritos, comportamientos irrespetuosos, suciedad en las calles y ruido también durante la noche. Este año, sin embargo, tiene la sensación de que la situación ha sido algo más tranquila. "También han pasado por delante de mi casa grupos de estudiantes españoles de viaje de fin de curso, pero se han comportado mucho mejor que los alemanes", afirma.
Esa misma percepción de una temporada algo más calmada, incluso durante los puentes festivos alemanes, la comparte Steffi Eichhorn. Su tienda de ropa de segunda mano está situada igualmente en la transitada vía que une Cala Agulla con el puerto.
"El año pasado y el anterior fue mucho peor. Había mucha más gente gritando y comportándose de forma irrespetuosa. Ese tipo de turistas ahuyenta al público que realmente interesa", asegura.
Aun así, no cree que el perfil general de los visitantes esté empeorando. "Todo depende de la época del año en la que vengas y también de las zonas que frecuentes. Quien evita los lugares donde se concentran los grupos de fiesta puede seguir disfrutando aquí de unas vacaciones estupendas".
No apto para quienes buscan tranquilidad
Pero no siempre es fácil. En el supermercado, en la playa o paseando por el centro, los distintos perfiles de turistas acaban mezclándose inevitablemente. Lo sabe bien la suiza Simone Wenk, cuyo restaurante Heidi Schnitzelhütte es desde hace años todo un referente en Cala Rajada.
"Recibimos a muchos grupos y nuestro personal está preparado para garantizar que los clientes se comporten con respeto. Si alguien llega muy ebrio o haciendo demasiado ruido, no le dejamos entrar. Para nosotros es importante que también las familias con niños puedan sentirse a gusto", explica.
"Soy muy sensible al ruido y pertenezco a esas personas que, durante la temporada alta, evitan salir por el centro por la noche e incluso dejan de ir a determinadas playas", continúa Wenk.
En las fechas en las que se concentran los grupos más fiesteros, asegura que a veces incluso evita acudir a su propio restaurante.
"Si yo fuera alcaldesa, actuaría con mucha más firmeza. Aquí hay, sencillamente, demasiadas discotecas", afirma la empresaria suiza.
Otro aspecto que le preocupa es el aumento de la oferta de todo incluido en los hoteles. «Esta evolución del turismo me produce cada vez más cansancio», concluye.
Calidad también en la vida nocturna
Una visión que Maria Antònia Moll, presidenta de la Asociación Hotelera de Cala Rajada, no comparte en absoluto. Al contrario: en su opinión, el nivel del destino ha mejorado en los últimos años.
"El 81 % de los hoteles ya son de cuatro estrellas o más, la oferta gastronómica del municipio es espectacular y también la vida nocturna ofrece un alto nivel de calidad", afirma la hotelera. A su juicio, todos los actores implicados deben poner límites a los excesos, algo que, asegura, ya se está haciendo.
Una opinión que comparte Margalida Tous, directora del Bierbrunnen, el conocido templo de la fiesta para los aficionados alemanes al schlager y la música de verbena. El recinto al aire libre tiene capacidad para unas 1.200 personas, ofrece bebidas en formato XXL y actuaciones en directo. Un local que recuerda, salvando las distancias, al Bierkönig de Playa de Palma, aunque esa comparación no suele gustar en Cala Rajada.
"En los diez años que llevo trabajando aquí han cambiado muchas cosas. Los estudiantes alemanes que celebran su viaje de fin de curso prefieren ahora otros destinos con menos restricciones. En cambio, nuestros clientes exigen cada vez más calidad, y nosotros nos adaptamos con gusto", explica. Añade que el establecimiento también ha realizado importantes inversiones para mejorar el aislamiento acústico.
"Por supuesto que la gente debe comportarse correctamente. Pero criticar a grupos de personas solo porque van vestidos igual y quieren divertirse no es justo. Si aplicáramos ese criterio, también tendríamos que mirarnos a nosotros mismos durante las fiestas de Sant Antoni", concluye la empresaria mallorquina.
Diversidad de opiniones
También los propietarios de la nueva discoteca Bananaclub, los hermanos Joao y Pedro Plaza, salen en defensa del público que acude de fiesta a Cala Rajada. Antes de la inauguración del local, el pasado mes de mayo, estudiaron detenidamente cuál sería su clientela potencial durante la temporada de verano.
"Es un público fantástico. Nosotros no apostamos por el turismo de borrachera, como ocurre en Playa de Palma o Magaluf. No se trata de beber sin más, sino de crear buenos recuerdos y vivir experiencias", afirma Pedro Plaza. Y esas experiencias, añade, no están pensadas únicamente para los turistas, sino también para los mallorquines aficionados a la vida nocturna que, especialmente los fines de semana, se desplazan hasta Cala Rajada.
"Es un reto dar respuesta a todos los perfiles, pero lo conseguiremos. Queremos que cada uno encuentre aquí su sitio", concluye Pedro Plaza con optimismo.
Públicos diversos, impresiones diversas, intereses y opiniones diversas. Esa también es la esencia de Cala Rajada.
Ya bien entrada la madrugada, los restaurantes del paseo marítimo han echado el cierre y la mayoría de los noctámbulos se ha refugiado en el interior de las discotecas. Algunos trasnochadores regresan a sus alojamientos mientras el taconeo resuena sobre el asfalto. Al mismo tiempo, un camión de la basura vacía los contenedores repletos junto a los bares y clubes de las calles adyacentes.
También ese es el sonido de una noche de verano en Cala Rajada. Uno entre muchos.
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