La Audiencia de Palma anula la paternidad de una niña nacida de un tratamiento de fertilidad
La madre demanda a su expareja y ha conseguido que el hombre no tenga ningún tipo de relación con la menor

La Audiencia de Balears ha resuelto este peculiar conflicto familiar a favor de la madre / Isaac Buj / Europa Press
Un vecino de Palma ha perdido el derecho a la paternidad sobre una menor que nació fruto de un proceso de fertilidad que inició su expareja por su cuenta, aunque ambos continuaran en ese momento conviviendo juntos. Meses después de nacer la niña la pareja rompió cualquier relación, hasta el extremo de que hubo un episodio de violencia de género, en el que fue denunciado el varón.
Esta pareja llevaba casi 30 años de relación, pero nunca se casaron. Primero residieron en el extranjero y más tarde se trasladaron a Mallorca. No pudieron ser padres de una manera natural y la mujer se sometió a varios tratamientos de fertilidad, aunque sin éxito.
La mujer nunca perdió su deseo de ser madre y por ello hace ahora nueve años decidió por su cuenta y sin comunicárselo a su pareja, iniciar un nuevo tratamiento de fertilidad. Acudió a una clínica de Palma y allí recibió un tratamiento de reproducción. En la clínica se anotó que se trataba de una mujer sola. Recibió los correspondientes embriones de un donante anónimo. Este proceso lo financió la mujer, que finalmente quedó embarazada y tiempo después nació la niña.
El hombre conoció a la recién nacida en el momento que su pareja la llevó a su domicilio, ya que seguían viviendo juntos. Asegura que desde ese momento se enamoró de la pequeña y decidió convertirse en su padre.
Las primeras semanas tras el nacimiento de la menor fueron muy duros para la mujer, porque sufrió una grave infección en el pecho y precisó una intervención quirúrgica. Tuvo que interrumpir la lactancia por la gran cantidad de medicación que tomaba.
Ante estas circunstancias fue la pareja de la madre la que se hizo cargo de la criatura y acudió al registro para inscribirla, anotando su nombre en la casilla de progenitor. El hombre, tras ser demandado por la madre de la pequeña, que no quiso que tuviera ningún tipo de intervención en el proceso educativo de su hija, reconoció que él no estaba conforme con el nuevo tratamiento de fecundación, porque entendía que su pareja tenía una edad peligrosa para ser madre.
Para evitar que le retiraran cualquier derecho sobre la menor, el hombre sostuvo que la relación con la madre de la niña se prolongó durante 27 años y ambos acordaron que él ejercería el papel de padre. Sin embargo, los tribunales se han situado en favor de la madre y en contra del hombre. Han tenido en cuenta que no tuvo ningún tipo de intervención, ni de apoyo, ni económica, durante el tratamiento de fertilidad al que se sometió la mujer, que financió ella misma. Y entienden los magistrados que la madre, en estas circunstancias concretas, es coherente que decida que no quiere que su hija tenga ningún tipo de contacto con su expareja, sobre todo teniendo en cuenta los problemas graves que se produjeron y que justificaron la separación de estos dos adultos.
Ha sido el tribunal de la Audiencia de Balears la que se ha pronunciado por última vez sobre este conflicto familiar. El tribunal ha analizado lo que se conoce como el reconocimiento de complacencia de paternidad, que es aquel en el que el hombre, consciente de que no es el padre biológico del recién nacido, decide reconocerlo como hijo. Ello permite que aparezca su nombre en la documentación del registro civil y, además, el niño se apellida igual que su progenitor, situando los apellidos de la madre en segundo lugar.
Este vecino de Palma ha intentado hasta el último momento que los tribunales le permitan continuar ejerciendo ese papel de padre que aceptó al nacer la niña, pese a que en los últimos meses no ha tenido ningún tipo de contacto con ella, según pudo acreditar en el juicio su expareja. Sin embargo, los tribunales han tenido en cuenta por encima de todo los intereses que más van a beneficiar a la niña durante su educación. Y en este aspecto ha sido muy importante el episodio de violencia de género que sufrió la mujer como consecuencia de una discusión, por la que el varón fue declarado culpable de un delito de amenazas graves.
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