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Tatiana Casado, presidenta de Ben Amics: "No podemos dejar de lado las políticas LGTBI solo porque haya un gobierno al que no le guste que existamos"

El conflicto entre Ben Amics y el Ayuntamiento de Palma ha cambiado por completo la celebración del Orgullo de este 2026. La asociación, que por primera vez en años ha quedado fuera de la organización de la verbena, analiza en esta entrevista las discrepancias con Cort, el momento que vive el colectivo LGTBI y los retos que afronta: "Desde que entró PP/Vox en el Consistorio, cada año ha sido más difícil organizar el Orgullo"

Tatiana Casado, presidenta de Ben Amics: "No podemos dejar de lado las políticas LGTBI solo porque haya un gobierno al que no le guste que existamos"

Guillem Bosch

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Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Pregunta: El Orgullo se celebra en un contexto de tensión. ¿Cómo describiría el momento que vive el colectivo?

Respuesta: No estamos en un momento fácil. Estamos en un momento delicado y peligroso. Las políticas públicas inciden en el bienestar de la ciudadanía. Tener cada vez menos acceso a formación afectivo-sexual y de género en los centros educativos de Palma, cuya ausencia este año ha sido palpable, nos sitúa en una posición complicada. Todos los derechos conseguidos pueden borrarse de un plumazo si las políticas públicas no garantizan la dignidad de las personas LGTBI.

P: ¿Diría que se avanza, se está estancado o se retrocede en derechos?

R: A nivel de derechos, visibilidad y sensibilización ciudadana, creo que estamos retrocediendo. Que el Ayuntamiento de Palma plantee un tardeo el 27 de junio, cambiando la fecha y sin las entidades, es significativo. Ahora sacan un contrato para otro día, que obtiene tres puntos de 100 y aun así parece que se va a celebrar. Es una aberración que quien lo lidera esté abiertamente en contra del colectivo LGTBI y que se le dé altavoz. Esos mensajes calan y basta ver los comentarios de odio en redes.

P: ¿Qué problemáticas llegan hoy a Ben Amics?

R: En el servicio de atención integral encontramos barreras y discriminación: en el grupo de iguales, en el centro educativo y en el acceso a servicios públicos; dificultades para las personas trans para acceder a tratamientos, encontrar un trabajo y mantenerlo, y enfrentarse al odio, que crece en las calles. Hay personas que van con miedo por la calle.

P: Hace unos años parecía que había un avance social importante. ¿Qué ha pasado?

R: Las generaciones jóvenes, aunque tienen empuje, muchas veces olvidan cómo hemos llegado hasta aquí. En un contexto en el que parece que todo está conseguido, resulta fácil pensar que será siempre así. Creo que no se capta la importancia de reivindicar, visibilizar y no permitir ni un paso atrás en nuestros derechos.

P: ¿Todo esto tiene que ver con el auge de la extrema derecha?

R: Absolutamente. Tiene que ver con la sensación de impunidad de quienes cometen delitos de odio o vierten su odio en redes contra las personas LGTBI. También con quienes aprueban las terapias de conversión. Hemos escuchado declaraciones aberrantes diciendo que, si alguien quiere someterse voluntariamente, por qué no. Eso es no entender la homofobia interiorizada ni el sufrimiento de las personas LGTBI. También pesa la idea de que ya lo tenemos todo conseguido. Hay gente que vota a Vox y me dice: "Tatiana, si llegan al gobierno no harán todo eso que predican". Pero conviene tener cuidado.

P: El grupo mallorquín Fades ha denunciado agresiones en hasta tres de sus últimos diez conciertos.

R: Son actitudes deplorables, pero demuestran el caldo de cultivo que se está generando en la sociedad y la existencia de grupúsculos pequeños que hacen mucho ruido y mucho daño.

P: ¿Sigue habiendo diferencias entre vivir la diversidad en Palma y hacerlo en la Part Forana?

R: En Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera hay muchas personas que afortunadamente pueden vivir su sexualidad en su pueblo sin problema. También hay familias con dificultades tanto en la Part Forana como en Palma. En los estudios de Ben Amics sobre Palma hemos visto servicios que no son plenamente inclusivos y que la ciudad podría ser más abierta, segura e inclusiva. Falta más base social, aunque en muchos municipios hay personas clave que impulsan iniciativas reivindicativas.

Casado, durante la conversación con este periódico, que tuvo lugar en un bar de Palmanova.

Casado, durante la conversación con este periódico, que tuvo lugar en un bar de Palmanova. / Guillem Bosch

P: Egua de Troia organiza esta tarde una fiesta por el Orgullo en el Parc de la Mar. ¿Qué opinan?

R: Con todo lo que ha pasado este año en Palma creemos que no hay nada que celebrar y no nos parece lo más adecuado poner una fiesta que colisiona parcialmente con nuestra manifestación. A la manifestación están llamadas todas las personas que quieren abogar por los derechos LGTBI. Poner una fiesta cuando sabes que la manifestación sale a las siete de Plaza de España es un poco decir: no escuches el manifiesto, vente a nuestra fiesta. Creemos que hay otras maneras de hacer las cosas, con respeto a todas las agrupaciones.

P: El Govern ha desplegado la bandera LGTBI en todos sus edificios. ¿Qué les pareció la iniciativa?

R: Es un símbolo importante, pero no puede quedarse solo en la bandera. En el Consell de Mallorca, el Ayuntamiento de Palma o los talleres de Palma Educa vemos un retroceso en derechos, visibilidad y sensibilización. El Govern puede hacer más e impulsar políticas reales contra la LGTBIfobia. Que coloque la bandera también lanza un mensaje claro a Gabriel Le Senne: no tiene razón. Pero debe ir acompañado de políticas.

P: ¿Qué ha pasado para llegar a la ruptura con el Ayuntamiento de Palma?

R: Ha habido una falta de voluntad política. Desde que entró este gobierno en Cort, cada año ha sido más difícil organizar una verbena en condiciones. Ha habido momentos en los que el día de antes no sabíamos si el evento podría celebrarse. Eso ha quemado a un equipo de voluntarias y voluntarios. Hace dos años ya dijimos que esto no podía continuar así; el año pasado, que sería el último en esas condiciones. Y ha continuado con una licitación tardía, mensajes contradictorios y la negativa a reimplementar los talleres de Palma Educa. Hay una ley y hay derechos que deben ejecutarse en plenitud.

P: Han trasladado parte de los actos a la Part Forana y hablan de ‘pinkwashing’.

R: La manifestación será en Palma sí o sí, porque es la capital. Pero la gala de Siurell y Dimoni Rosa puede celebrarse en Manacor porque el municipio se ofreció amablemente. Hay otros consistorios más abiertos. Pero Palma tiene medio millón de habitantes. No podemos dejar de lado las políticas LGTBI solo porque haya un gobierno al que no le guste que existamos.

P: ¿Temen que el Orgullo acabe convertido en un producto turístico?

R: Parece que es lo que ya está empezando a pasar. De una verbena de la ciudadanía y para la ciudadanía se pasa a un tardeo sin ninguna reivindicación debajo. Todo puede suceder, pero ahí estará Ben Amics y parte de la sociedad balear para impedir que se mercantilice el Orgullo aquí como ha pasado en otras grandes ciudades.

P: Tampoco se celebrará la emblemática fiesta del bar Flexas, un duro golpe para el colectivo.

R: Por lo que hemos podido leer en prensa, las condiciones del Ayuntamiento hacían inviable la fiesta, y no nos sorprende. Lo que han ido haciendo con el Orgullo cada año ha sido ir asfixiando cada vez más. Es una muestra más del retroceso en la visibilidad y en la posibilidad de disponer de espacios reivindicativos para el colectivo.

P: ¿Tienen la sensación de que este debate se ha convertido en un arma política?

R: Al final, lo personal es político. Que Vox diga que se alegra de que no haya talleres de educación afectivo-sexual y de género, o que el PP diga que no hace falta colocar ninguna bandera porque a nadie le importa lo que hagas de puertas para adentro, es una señal de que las cosas no van bien. Cuando dicen frases así se retratan.

P: Después de lo vivido en Palma, ¿cómo acogerían un gobierno PP-Vox a nivel estatal?

R: Con mucha pena, tristeza y preocupación. Todos los derechos conseguidos pueden ser arrebatados y tenemos que luchar para que eso no suceda, porque las vidas LGTBI están en peligro si eso pasa.

P: ¿Cuáles son ahora los principales retos del colectivo?

R: Aumentar la visibilidad LGTBI en todos los espacios. Somos personas y estamos presentes en todos los estratos sociales, profesiones, en la política y en los medios. No siempre estamos bien representadas en radio, cine o televisión, y mucho menos en el deporte de élite. Debemos tender puentes para que la sociedad entienda que las personas LGTBI somos eso: personas. Que no contagiamos a nadie, ni estamos enfermas, ni somos pedófilas. Por favor, basta ya.

P: ¿Qué le gustaría que entendiera quien piensa que el colectivo ya lo tiene todo conseguido?

R: Que no es cierto. La vulnerabilidad sigue muy presente. Nuestras vidas están atravesadas por el hecho de ser LGTBI. Nunca sales del armario y ya está; es una salida continua cada vez que conoces a alguien nuevo, y eso tiene un coste para la salud mental. Por mucho que tengas derechos y te puedas casar, eso no impide que tu padre o tu madre te rechacen o que en el trabajo haya habladurías sobre si eres o no maricón o bollera. n

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