Vivienda en Mallorca
La compra extranjera presiona a los residentes locales en las comunidades de vecinos de Mallorca: "Quieren pijadas"
La llegada de propietarios con mayor poder adquisitivo están impulsando mejoras en las zonas comunes: «Quieren cambiar las baldosas de la entrada, las puertas y todo el pavimento de la piscina cuando apenas hay dos o tres piezas rotas. Se fijan en esto antes que en lo necesario»

Edificios en el carrer Rossinyol en el barrio de Santa Catalina. / Manu Mielniezuk
Aunque tener un piso y una hipoteca pueda considerarse un privilegio en Mallorca, también puede convertirse en una cárcel de oro. A la reciente subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo, que repercute directamente en las cuotas mensuales de miles de propietarios, se suma otro gasto que comienza a generar tensiones en algunas comunidades de vecinos en la isla.
En determinados edificios, la llegada de residentes extranjeros con mayor capacidad económica está impulsando reformas y mejoras en las zonas comunes que, aunque legales y sometidas a votación, obligan a muchos vecinos a afrontar desembolsos que no siempre consideran necesarios.
Pisos normales en Calvià
Laura García, vecina de una comunidad situada junto al mar en Calvià, asegura que este fenómeno ya se está produciendo en su edificio. «Quieren cambiar las baldosas de la entrada, las puertas y todo el pavimento de la piscina cuando apenas hay dos o tres piezas rotas. Mientras tanto, el edificio tiene problemas propios de su antigüedad (es de los años 70), como las tuberías viejas y otras actuaciones que sí son necesarias. Pero se presta más atención a las pijadas que a las necesidades reales de la finca», lamenta.
García explica que varios propietarios extranjeros han adquirido viviendas en el edificio e incluso han unido pisos para convertirlos en una única residencia. «Son pisos normales, de toda la vida, y da la sensación de que algunos quieren convertirlos en viviendas de lujo porque para ellos el coste es asumible», señala.
«La reforma me costará alrededor de 1.000 euros», subraya.
Además del coste, García denuncia que la convivencia también está cambiando: «Las reuniones acaban haciéndose en inglés. Entiendo el idioma, pero me molesta mucho», resume.
Municipios con segunda residencia extranjera
Desde el Col·legi Oficial d’Administradors de Finques de les Illes Balears piden contextualizar la situación. Su vicepresidente, Josep Marquet, explica que la presencia de extranjeros en comunidades de propietarios no es nueva, , especialmente en municipios turísticos como Pollença, donde conviven desde hace décadas británicos, alemanes o franceses con su segunda residencia.
«Ellos tienen una cultura diferente a la nuestra en lo que respecta al mantenimiento de los edificios. Creen en el mantenimiento preventivo, mientras que aquí muchas veces somos más de arreglar las cosas cuando ya se han roto», afirma. Según explica, es habitual que promuevan fondos de reserva para afrontar futuras actuaciones y evitar derramas extraordinarias cuando llegue el momento de pintar fachadas o acometer reformas, entre otras opciones.
Marquet reconoce que la diferencia de poder adquisitivo puede influir en las decisiones que se toman dentro de las comunidades. «Las mejoras suelen impulsarse cuando entra gente con una capacidad económica superior a la de los residentes habituales. En las zonas turísticas normalmente hablamos de actuaciones como sustituir unas barandillas por cerramientos de cristal para mejorar las vistas o modernizar determinados espacios. Son inversiones que para ellos tienen un coste asumible», apunta.
Aumenta la vivienda extranjera en la isla
Aun así, rechaza convertir el fenómeno en una confrontación entre locales y extranjeros. «Hay que evitar las generalizaciones. . Hay de todo. Quien compra una segunda residencia en Mallorca suele querer que esté en las mejores condiciones posibles y eso explica que muchas veces impulse mejoras en la comunidad», sostiene.
El vicepresidente recuerda además que las reformas no pueden imponerse unilateralmente. «Para aprobar una actuación tiene que existir la mayoría que exige la ley. Una cosa son las reparaciones necesarias y otra las mejoras voluntarias». No obstante, admite que pueden producirse desequilibrios cuando la presencia de propietarios extranjeros aumenta. «Cuando en una comunidad quedan muy pocos propietarios locales, aquellos vecinos que quizás no acometerían determinadas actuaciones pueden encontrarse en minoría».
Marquet señala que el peso de la propiedad extranjera en Balears es cada vez mayor. Durante un reciente congreso de administradores de fincas, uno de los ponentes expuso que alrededor del 31% del parque de viviendas de las islas está en manos de propietarios extranjeros. Aunque la proporción varía notablemente según el municipio y el tipo de zona, la cifra refleja una realidad que ya se deja notar en numerosas comunidades de propietarios, especialmente en áreas turísticas y urbanizaciones residenciales.

Viviendas en el Molinar, donde cada vez es más caro comprar una casa. | M. MIELNIEZUK
Barrios de Palma que cambian
La realidad cambia también según los diferentes barrios.. En Santa Catalina, una de las zonas de Palma que más ha cambiado durante las últimas décadas, María Cladera asegura que cada vez que se ha vendido una vivienda en su edificio la ha comprado un extranjero. Actualmente cuatro de los quince propietarios proceden de otros países.
«Antes las terrazas apenas se utilizaban y ahora algunos propietarios las usan como si fueran completamente suyas», explica. Según relata, varios vecinos impulsaron actuaciones para transformar esos espacios comunes en zonas más exclusivas. «Intentaron cambiar el tipo de baldosa de la terraza y también propusieron construir una piscina. La comunidad se opuso y finalmente no salió adelante».
Nou Llevant, una zona lujosa
En Nou Llevant, uno de los barrios donde más promociones residenciales se han construido durante los últimos años, Catalina Llompart describe una situación similar. «Hemos tenido la suerte de que un grupo de residentes se puso al frente cuando empezaron a surgir algunas propuestas que considerábamos excesivas, impulsadas por propietarios alemanes», explica.

Promoción de lujo en Nou Llevant. | G. BOSCH
Entre las iniciativas planteadas figuraban la creación de una conserjería o la construcción de vestuarios y baños junto a la piscina comunitaria. Ninguna prosperó, bien por falta de documentación o por no obtener los apoyos necesarios en las votaciones. Sin embargo, Llompart observa una transformación progresiva del perfil de los propietarios. «En la finca hay 114 viviendas. Si cuento los propietarios, me salen alrededor de 50 españoles, unos 60 extranjeros y una decena de empresas propietarias principalmente de plazas de aparcamiento».
A su juicio, el cambio ya es visible. « «Hace unos años la compra de viviendas por parte de extranjeros era muy intensa. Ahora prácticamente ya está todo vendido, pero la sensación es que cada vez hay menos propietarios españoles y más extranjeros». A ello se suma, añade, la proliferación de alquileres dirigidos a residentes extranjeros y la persistencia de viviendas de uso turístico pese a las restricciones existentes.

Edificio en el carrer de Llucmajor en Palma. | M. MIELNIEZUK
Los administradores de fincas consultados destacan que la realidad varía mucho según el barrio. Mientras que en Nou Llevant es frecuente encontrar propietarios alemanes y rusos en promociones de nueva construcción con amplias zonas comunes, algunos profesionales consideran que estos residentes mantienen una actitud distante y hacen pocos esfuerzos por integrarse o adaptarse a la cultura local. En Santa Catalina, en cambio, destacan que muchos extranjeros han rehabilitado viviendas respetando la esencia del barrio y muestran más adaptación a la vida de Mallorca. En Pere Garau sobresale la presencia de propietarios de origen chino, a quienes describen como buenos pagadores y cumplidores con las obligaciones comunitarias.
Mallorca está cambiando y cada vez más cosas se han convertido en un lujo para la población local.
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