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Confirman la sanción al catedrático de la UIB que coaccionó durante meses a una profesora

Confirman la sanción al catedrático de la UIB que coaccionó durante meses a una profesora

Confirman la sanción al catedrático de la UIB que coaccionó durante meses a una profesora / UIB

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El Tribunal Superior de Justicia de Baleares han confirmado, a través de una reciente sentencia, la decisión acordada por la UIB de prohibir impartir clases durante un periodo de seis meses al catedrático de filosofía moral, el doctor Miquel Beltrán. La institución universitaria le aplica el reglamento de régimen disciplinario de los funcionarios de la administración del Estado y se le impone una sanción de seis meses de suspensión por una falta grave. La razón de dicha suspensión es que durante meses, él y su asistente (que a su vez era su pareja) estuvieron coaccionando a una profesora del departamento de filosofía porque pretendía que no impartiera una asignatura de antropología. Este acoso se convirtió en un gran escándalo en la UIB, al tratarse de un conflicto dentro del campus protagonizado, precisamente, por un reconocido catedrático que impartía la asignatura de filosofía moral.

Los hechos son antiguos y de hecho se iniciaron en el año 2014 y se prolongaron durante casi un año. El catedrático Beltrán fue sometido a un juicio penal y la sentencia le declaró culpable de un delito de coacciones. Se le absolvió un delito más grave, que era el de acoso.La pena fue de seis meses de prisión, que no cumplió porque no tenía antecedentes, pero la sentencia le prohibió acercarse a la víctima, es decir, a la profesora a una distancia inferior a los 200 metros y comunicar con ella durante un periodo de dos años. El catedrático tuvo que ser trasladado a otro edificio de la UIB para impartir sus clases porque no podía hacerlo en la facultad de filosofía del campus.

La UIB tuvo que esperar a que la sentencia condenatoria impuesta por el juzgado penal fuera firme, ya que el catedrático la apeló ante la Audiencia y después ante el Supremo, aunque también se le condenó en ambas instancias. El inicio del procedimiento sancionador se inició en marzo de 2021 y los responsables de dicho expediente disciplinario acordaron que Beltrán había cometido una falta grave. Se propuso y se aplicó una sanción de seis meses de suspensión, que con toda seguridad se aplicará el próximo curso académico, ya que hasta ahora esta decisión tampoco era firme.

El tribunal administrativo del TSJB se ha pronunciado en contra de la demanda que presentó el catedrático, que no estuvo conforme con la sanción disciplinaria. Alegaba, por una parte, que la suspensión suponía una segunda condena por los mismos hechos y, al mismo tiempo, el procedimiento administrativo había prescrito y por lo tanto la sanción era nula. Ninguno de estos argumentos ha convencido al tribunal, que en su sentencia critica con dureza los hechos cometidos por el profesor y el daño a la reputación que ha sufrido la institución académica por su comportamiento.

Los hechos se iniciaron en el mes de octubre del año 2014. El día 1 se celebró una reunión del departamento de filosofía de la UIB. Al terminar dicha reunión el catedrático Beltrán se dirigió a la profesora Lucrecia Burges y le llamó textualmente, en presencia de varios testigos, “falsa, hipócrita de mierda y mentirosa”.

Con posterioridad, Beltrán inició una campaña de acoso hacia la profesora que se mantuvo desde el mes de octubre hasta el mes de abril siguiente, contando con la ayuda de su asistente personal, que no trabajaba para la UIB, ni tenía ninguna relación con la Universitat. Así, dicho secretario empezó a perseguir y a hostigar a la docente tanto por los pasillos de la facultad, como por el campus de la UIB. La perseguía, la insultaba y se burlaba de ella. Esta situación provocó una situación de gran preocupación en la profesora, que vivió durante meses asustada ante el comportamiento de estas dos personas.

La sentencia declaró probado que en una ocasión, mientras Lucrecia Burges iba caminando por el campus, de pronto se colocó a su altura un vehículo. Lo conducía el secretario, pero el catedrático de filosofía iba de copiloto. La estuvieron persiguiendo por la calle, hasta que ella, asustada, acudió al servicio de prevención de riesgos para pedir ayuda. Una vez la docente sorprendió al asistente anotando la matrícula de su coche.

Otro incidente que se tuvo en cuenta para avalar la condena penal ocurrió el día 7 de abril del año 2015. Burges acudió al bar de la facultad acompañada de otros dos profesores. De pronto se acercó el catedrático a la mesa donde estaban sentados y le dedicó una peineta. A raíz de este incidente el decano de la facultad de filosofía tuvo que intervenir y también lo hizo el rector de la UIB ante la gravedad de los hechos que se estaban produciendo. Además de respaldar la denuncia que presentó la profesora, se acordó prohibir la entrada del catedrático a la facultad.

Lucrecia Burges trabajó durante muchos años junto al catedrático Camilo José Cela, que al jubilarse pretendía sustituirle como profesora de la asignatura de valores y cognición humana. Sin embargo, Beltrán se oponía a este deseo y pretendía que esta asignatura fuera asumida por el departamento de filosofía. A partir de aquí es cuando empezó la campaña de acoso y persecución de la docente.

No fueron unos meses sencillos para Lucrecia Burges, que durante meses dejaba siempre la puerta abierta de su despacho y siempre evitaba trasladarse a la UIB con su coche. Además, solía ir acompañada por algún compañero, conocedor de la persecución que estaba sufriendo.

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