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OPINIÓN

A nadie le sorprende un Trenc urbano

Una pareja camina por la orilla de la playa de es Trenc

Una pareja camina por la orilla de la playa de es Trenc / Redacción Digital / R

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Matías Vallés

Matías Vallés

«Esto no me lo esperaba» es la reacción más frecuente ante el tesoro de Alí Babá amasado por Zapatero con su talante poético. En cambio, a nadie le sorprende un Trenc urbano, a través del armazón de burdos despropósitos que ha tejido el Govern meridional para prostituir la única playa no urbanizada de Mallorca.

La convicción no surge solo de la Ley Ómnibus, sino sobre todo de la reacción estridente y trumpista de Marga Prohens al reprocharle su pasión urbanizadora, que desde luego incluye a los chiringuitos. La presidenta de un Govern que gasta miles de millones de euros se coloca en plano de igualdad con instituciones ecológicas que cuentan los céntimos. Calificar a Terraferida de «ecologistas intermitentes» equivale a llamar a los populares «corruptos insistentes», ellos sabrán.

El Govern debería tranquilizarse y tranquilizar a sus protegidos, animarles a que destruyan a conciencia sin ninguna repercusión normativa. Los «intermitentes» se manifestarán antes por Gaza que por es Trenc. No porque una franja importe más o menos que otra, sino porque Palestina no compromete a nada.

El Govern de PP/Vox no solo ha copiado la ecotasa del Pacto de Progreso, también ha aprendido a legislar a traición en leyes esotéricas, al igual que Francina Armengol concediendo privilegios innobles a Rafael Nadal. De nuevo, los destructores pueden operar con absoluta libertad porque impera el consenso sobre el exterminio de Mallorca. Ayer mismo, la noticia de este diario titulada «El Govern podrá modificar a voluntad la protección del parque natural de es Trenc» mereció abundantes comentarios por la vía informática. Ni uno solo expresaba un átomo de asombro, o la presunción de que no imaginaban que la ultraderecha se atreviera a tamaños desmanes.

¿Quién legalizó la figura repugnante para el litoral de los beach clubs? En efecto, fue el Pacto de Progreso, ante la indiferencia generalizada. El PP debe doblar ahora la apuesta, para inundar Cabrera de motos acuáticas. Mallorca no solo está desprotegida, está abandonada porque su destino ha dejado de importar.

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