Caso Bestard: Galmés se somete a la ética de Vox

El presidente del Consell, Llorenç Galmés, tras la firma del acuerdo con el líder de Vox, Pedro Bestard. | ISAAC BUJ/E.P.
Curiosa diversidad de especímenes, la que convive en Vox-Balears. Te puedes encontrar a un místico Gabriel Le Senne en misa primera con los canónigos de la catedral, para ir luego a pulular por el Parlament, mientras mucho antes de que salga el sol Pedro Bestard reposta gasolina a cargo de todos los mallorquines con un vehículo público, sin tener actos oficiales en la zona. Todos comulgando bajo unas mismas siglas.
Pedro Bestard, quién se sorprende. El cazador cazado. Desde que trascendieron las andanzas del vicepresidente del Consell de Mallorca con los coches de la institución, el espectáculo ha sido sonrojante. ¿Qué queda del Llorenç Galmés que se hacía el digno por las esquinas, prometiendo ser implacable con su socio de ultraderecha? ¿Qué iba a hacer, si su silla depende de que Vox se la caliente?
Esperar que el secretario y la interventora del Consell de Mallorca te hagan el trabajo, en lugar de dirimir tú responsabilidades políticas ya lo dice todo. La diligencia histórica y sistémica de insignes funcionarios de la institución insular quedó más que retratada en los tiempos de UM y Maria Antònia Munar. Si nadie veía nada entonces, ahí sigue la venda.
En lugar de cerrar una vez más un caso en falso -Marcial Rodríguez, Núria Riera-, el presidente del Consell hubiera hecho mejor amonestando en privado a Bestard y retirándole los cochecitos con que tanto se divierte. Al encargar un informe que -incluso si fuera cierto que el pasado fin de semana se rebajó furtivamente, al parecerle a según quién que era demasiado duro contra Bestard- deja patente el mal uso en beneficio personal de recursos públicos, Galmés tenía la obligación de adoptar una mínima medida. Ni que sea para salvaguardar un poco la imagen.
Total, que gracias a Pedro Bestard queda definido el listón ético para todos los miembros del Consell. Ya que según el PP nada en absoluto hay que reprocharle al de Vox, es de esperar que a partir de ahora el presidente asignará tres vehículos a cada uno de sus consellers para que los usen cuando y dónde les de la gana, llenen los depósitos en fin de semana sin tener un acto por razón de su cargo, y pasen la factura al Consell, faltaría más.
Si no fuera porque todo resulta patético, cabría fijarse en la tímida defensa que el portavoz de Vox en el Consell, Toni Gili, hizo el miércoles de su colega Bestard. Por no hablar del cuidado listado de facturas elaborado por la secretaria técnica, también a las órdenes del de Vox, que corrobora todo el pastel. Curioso, lo de Vox.
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