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Las calas “secretas” de Mallorca hace tiempo que dejaron de ser un secreto: ahora son un negocio

Numerosas empresas ofrecen en Mallorca excursiones a calas “escondidas” que, supuestamente, apenas conoce nadie. Pero ¿es realmente así? ¿Y qué consecuencias tiene esta actividad para el medio ambiente?

Los mallorquines 'recuperan' el Caló des Moro

Los mallorquines 'recuperan' el Caló des Moro / Jordi Sánchez

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Sarah López

En Mallorca existe una regla no escrita: los lugares que aún no están completamente masificados no se comparten. Sin embargo, este secretismo sirve de poco. Quien busca, encuentra. Y quien no quiere buscar pero está dispuesto a pagar, también encuentra. Una simple búsqueda en Google basta para dar con varios operadores que llevan a turistas a calas “secretas” o “escondidas”. En Land Rover, en barco o a pie, las excursiones conducen a supuestos tramos de costa aún vírgenes.

Hasta qué punto estas playas son realmente “secretas” es discutible. Uno de estos operadores es el argentino Rodrigo Esposito, que organiza excursiones por la costa mallorquina. Él entiende sus salidas como una alternativa al turismo de masas clásico. “El turista trabaja todo el año para poder permitirse cuatro días en Mallorca. Y luego lo meten en un autobús con 60 personas donde nadie recuerda su nombre”, afirma. En sus excursiones, en cambio, participan como máximo ocho personas, con un precio de 129 euros por persona. No se trata de llevar a mucha gente a un lugar, sino de ofrecer una experiencia individual.

¿A qué calas se refieren?

Las calas a las que se dirige no serían en realidad tan “secretas” como sugieren algunos mensajes publicitarios en sus páginas web. “Las calas a las que vamos son las que también se pueden encontrar en Google”, explica Esposito. Como empresario, su objetivo es que los clientes no reserven por un destino concreto, sino que confíen en la propuesta en general. Qué cala se visita finalmente se decide en función de las condiciones de cada día por su equipo. “Si un grupo reserva una excursión a una playa concreta, pero justo ese día hay malas condiciones, no será una buena experiencia”, señala el argentino, que lleva doce años viviendo en la isla.

Para Aniol Esteban, de la organización de protección marina Marilles, esta tendencia forma parte de un problema más amplio. Mallorca apenas cuenta ya con tramos de costa donde uno pueda bañarse en tranquilidad o a solas. Siempre hay alguien, siempre hay música, siempre hay movimiento. Una situación que duele y genera malestar entre muchas personas que viven en Mallorca o que llevan años visitándola, porque sienten que están perdiendo el acceso a su propia costa.

Consecuencias para el ecosistema

Las consecuencias ecológicas de este tipo de excursiones dependen, según Esteban, en gran medida del lugar al que se dirijan y del comportamiento de los participantes. Señala tres posibles impactos principales. El primero afecta a las aves que dependen de tramos de costa tranquilos. Como ejemplo cita el chorlitejo patinegro, que deposita sus huevos entre las piedras. Si personas atraviesan constantemente estas zonas, los animales podrían dejar de anidar allí.

En segundo lugar, también se ven afectados los sistemas dunares. La vegetación es la que fija la arena, por lo que muchas áreas de dunas están protegidas. Al pisarlas, no solo se dañan plantas individuales, sino que se pone en riesgo un sistema clave para la conservación de la playa.

El tercer punto se refiere al agua. La presencia de visitantes remueve la arena o los sedimentos, enturbiando el agua. “Y esa turbidez afecta a la fotosíntesis”, explica Aniol Esteban.

¿También hay ventajas?

Esposito, por su parte, sostiene que las excursiones guiadas también pueden tener beneficios para el medio ambiente. Un grupo en una sola furgoneta sustituye a varios coches de alquiler, lo que reduce las emisiones de CO₂ y, además, libera plazas de aparcamiento en la playa. A esto se suma que los turistas tienden a comportarse de forma más responsable cuando van acompañados por un guía.

En sus excursiones, explica a los participantes qué crece y qué vive en la playa. Si alguien se queja de la posidonia arrastrada a la orilla, él explica su importancia y por qué contribuye a que el agua sea tan transparente. Al final de la actividad, los participantes disponen de diez minutos para una acción voluntaria de limpieza. Para ello se les proporciona una pequeña bolsa, guantes y un recogedor. Los fumadores reciben además pequeños ceniceros portátiles ignífugos para evitar que queden colillas en la arena.

También cuida el material que se facilita para la visita a la playa. “Está diseñado en colores arena, sin logotipos, para integrarse en el entorno”, señala. Evidentemente, sus excursiones son un negocio. “Pero se puede ganar dinero con el turismo y al mismo tiempo cuidar la isla”.

Aniol Esteban, por su parte, tampoco considera el turismo un enemigo en sí mismo. Al contrario: “Es uno de nuestros principales aliados para la conservación del mar y la costa”. Lo decisivo, afirma, es cómo se diseñan las ofertas. Una empresa que organice excursiones de snorkel o kayak y explique la importancia ecológica del entorno puede generar un impacto positivo. Este tipo de actividades también tienen efectos sobre el medio ambiente, pero pueden ayudar a sensibilizar a las personas y transmitirles el valor de la naturaleza.

Las buenas intenciones no bastan

Sin embargo, en muchos operadores detecta margen de mejora: no todos muestran un compromiso ambiental suficiente. Las buenas intenciones, afirma, no son suficientes por sí solas. Quien utilice con fines turísticos zonas sensibles debe conocer qué especies de fauna y flora están protegidas en ellas y transmitir esa información a los visitantes.

A largo plazo, sostiene, no se podrá evitar un debate incómodo: si Mallorca quiere tomarse en serio la protección de su litoral, serán necesarios límites. “Tiene que existir algún tipo de límite en el número de personas que pueden encontrarse en un ecosistema en un momento determinado”, señala Esteban.

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