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Medio ambiente

Del corazón de la Serra a s’Albufera: el estudio de los torrentes

Durante meses parece un cauce inofensivo, pero las grandes tormentas mediterráneas lo convierten en una fuerza capaz de remodelar el territorio. Un estudio de la UIB analiza el comportamiento extremo del torrente de Sant Miquel y su papel en la erosión y las inundaciones de Mallorca

Durante la borrasca Juliette se registraron entre 2,5 y 3 metros de nieve en las cotas más altas  de la Serra de Tramuntana | FOTOS DE JULIÁN GARCÍA

Durante la borrasca Juliette se registraron entre 2,5 y 3 metros de nieve en las cotas más altas de la Serra de Tramuntana | FOTOS DE JULIÁN GARCÍA

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Blanca Gelabert

Blanca Gelabert

Palma

Durante gran parte del año parece un cauce tranquilo, incluso inofensivo. En algunos tramos apenas queda agua visible y muchos lo perciben como un espacio prácticamente muerto. Pero cuando llegan las grandes tormentas mediterráneas, el torrent de Sant Miquel se transforma por completo: mueve toneladas de sedimentos, desplaza piedras durante cientos de metros y altera el paisaje en cuestión de horas.

Ese comportamiento extremo es el que ha estudiado durante los últimos años el equipo RiscBal, del que forma parte Julián García-Comendador, profesor de Geografía en la Universitat de les Illes Balears y especialista en hidrología, erosión e inundaciones.

La investigación, financiada por los proyectos MEDhyCON-3, Med-GeoSoil y Infloodmed, analiza cómo se transportan tanto los sedimentos finos suspendidos en el agua como las piedras y gravas del fondo del cauce durante los episodios de crecida en el torrente de Sant Miquel, uno de los principales sistemas fluviales temporales del norte de Mallorca.

El estudio deja una conclusión contundente: en ese torrente, casi todo el transporte de sedimentos ocurre en muy poco tiempo. Aproximadamente el 1% del tiempo concentra cerca del 99% del movimiento anual de sedimentos.

Parte del equipo RiscBal en Nova Zelanda (Francisco Cuello, Joan Estrany, Josep Fortesa, Miquel Mir y Julián García-Comendador)

Parte del equipo RiscBal en Nova Zelanda (Francisco Cuello, Joan Estrany, Josep Fortesa, Miquel Mir y Julián García-Comendador)

No es un cauce «muerto»

García-Comendador insiste en una idea que considera fundamental: un torrente no deja de ser un río, aunque no lleve agua todo el año. «Son ríos temporales», explica. «Tienen dinámicas hidrológicas y geomorfológicas muy activas, aunque el agua no sea permanente».

El de Sant Miquel representa muy bien el comportamiento típico de muchos cursos mediterráneos: un sistema intermitente, condicionado por lluvias torrenciales, largos periodos secos y una fuerte influencia kárstica.

En Mallorca, buena parte del agua circula bajo tierra. El terreno calcáreo favorece infiltraciones, pérdidas de caudal y reapariciones repentinas del agua, como ocurre en las Fonts Ufanes. Esa complejidad hace que la respuesta hidrológica sea especialmente rápida e intensa cuando llegan las tormentas. Además, la cuenca del Sant Miquel tiene una configuración muy particular. Las cabeceras montañosas y forestales descienden hacia las zonas agrícolas de sa Pobla antes de desembocar en Parc Natural de s’Albufera de Mallorca, el humedal más importante de Balears y una zona protegida por el convenio Ramsar. Eso convierte al torrente en un corredor natural que conecta montaña, agricultura y ecosistemas húmedos.

El sedimento

Cuando se habla de inundaciones, normalmente toda la atención recae sobre el agua. Sin embargo, el estudio pone el foco sobre otro elemento esencial: el sedimento. «El sedimento también transporta nutrientes, contaminantes y transforma físicamente el territorio», señala el investigador.

Las partículas finas pueden arrastrar fertilizantes y otros compuestos agrícolas hacia s’Albufera, alterando la calidad del agua y favoreciendo procesos de eutrofización. Al mismo tiempo, el exceso de sedimento puede colmatar zonas húmedas, modificar hábitats y alterar la dinámica costera. Pero el problema también funciona a la inversa: la pérdida de suelo en las cuencas supone una degradación del suelo prácticamente irreversible a escala humana. «El suelo es prácticamente no renovable», recuerda García-Comendador. «Cada sedimento que abandona la cuenca es una pérdida de territorio».

Piedras con chips y drones

Para entender cómo se mueve el torrente durante las avenidas, el equipo utilizó una combinación de tecnologías poco habituales fuera del ámbito científico especializado.

Uno de los métodos más llamativos fue el uso de etiquetas PIT, pequeños chips electrónicos incrustados en piedras seleccionadas del propio cauce. Los investigadores marcaron cientos de cantos y registraron su posición exacta mediante GPS de alta precisión. Después de cada riada regresaban al torrente para localizar las piedras desplazadas y medir cuánto se habían movido. Algunas llegaron a recorrer más de 500 metros durante los eventos más extremos. La escena parece casi experimental: piedras pintadas, etiquetadas y rastreadas tras las tormentas para reconstruir cómo cambia el fondo del cauce.

El trabajo se complementó con sensores automáticos capaces de registrar cada diez minutos el nivel del agua, la turbidez y la conductividad. Cuando se detectaban cambios bruscos, un muestreador automático recogía agua en botellas para analizar posteriormente la concentración real de sedimentos en laboratorio.

Además, el equipo realizó vuelos con drones equipados con tecnología LiDAR para crear modelos digitales del terreno antes y después de las inundaciones. Eso permitió calcular cuánta tierra había sido erosionada, desplazada o depositada a lo largo del canal.

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Febrero de 2023: Juliette

El episodio clave del estudio fue la tormenta Juliette, que afectó Balears entre finales de febrero y principios de marzo de 2023. Durante cinco días se acumularon más de 200 milímetros de lluvia en algunas zonas de la cuenca. El suelo quedó completamente saturado y prácticamente toda la red hidrológica se activó simultáneamente. Los resultados fueron extraordinarios.

Según los cálculos del estudio, durante el periodo analizado el sistema exportó alrededor de 27 toneladas de sedimentos por kilómetro cuadrado. De esa cantidad, Juliette aportó casi 26,8 toneladas. Es decir: una sola tormenta concentró prácticamente todo el transporte sedimentario registrado durante el estudio. Además, Juliette fue responsable del 97 % del movimiento observado en la carga de fondo (las piedras y materiales más gruesos) y de cerca del 75 % del rendimiento anual típico en la subcuenca de Es Fangar.

«Estos sistemas funcionan mediante pulsos», resume García-Comendador. «Pueden pasar largos periodos relativamente estables y, de repente, unas pocas tormentas reorganizan completamente el cauce».

Sequía e inundaciones

El trabajo también cuestiona una idea muy extendida: que sequías e inundaciones son fenómenos opuestos. En realidad, ambos procesos están profundamente conectados en el contexto mediterráneo actual.

Aunque los registros históricos no muestran una caída drástica de la precipitación anual total, sí se observa una concentración creciente de la lluvia en menos episodios, pero mucho más intensos. Eso implica períodos secos más largos, temperaturas más altas y tormentas más violentas. «El problema no es solo cuánto llueve, sino cómo llueve», explica el investigador. Las lluvias torrenciales generan descargas muy rápidas y breves que disparan la erosión y movilizan enormes cantidades de sedimento en muy poco tiempo.

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Las terrazas agrícolas

El estudio también pone en valor unas estructuras tradicionales que muchas veces pasan desapercibidas: las terrazas agrícolas de piedra seca.

Durante siglos, estas construcciones ayudaron a reducir la erosión, frenar el agua y retener suelo en las laderas mediterráneas. Según García-Comendador, una parte importante de los relativamente bajos rendimientos de sedimento de Balears se explica precisamente por ese sistema histórico de gestión del territorio. El problema es que muchas terrazas se encuentran hoy abandonadas o degradadas. Cuando colapsan, los suelos acumulados durante décadas vuelven a incorporarse a la red de drenaje y aumentan la erosión aguas abajo. Ese efecto puede terminar afectando tanto a s’Albufera como a las playas y sistemas costeros.

La «memoria» del territorio

Otra de las partes más complejas del proyecto consistió en identificar de dónde procedían exactamente los sedimentos.

Para ello, el equipo recogió cerca de 200 muestras de suelo en distintos puntos de la cuenca y utilizó técnicas de trazado basadas en propiedades físicas, químicas y radiométricas. Entre ellas destacan radiomarcadores como el cesio-137 o el plomo-210, partículas vinculadas a la actividad atmosférica y nuclear desarrollada durante el siglo XX. Gracias a estas firmas, los investigadores pueden reconstruir qué zonas, forestales, agrícolas o del propio canal, aportan más sedimento durante las tormentas. «Cada sedimento conserva una especie de memoria del paisaje», explica García-Comendador.

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Del corazón de la Serraa s’Albufera: el estudiode los torrentes

Un laboratorio del futuro

Más allá del caso concreto del Sant Miquel, el estudio funciona como una advertencia sobre el futuro climático del Mediterráneo.

En este contexto, la dinámica hidrológica de los torrentes intermitentes podría volverse más extrema, con episodios de crecida más intensos y frecuentes, convirtiéndose en una de las manifestaciones más visibles del cambio climático en el sur de Europa.

Periodos secos más largos, lluvias más violentas y sistemas hidrológicos más imprevisibles dibujan un escenario donde las inundaciones repentinas, la erosión y la pérdida de suelo podrían intensificarse durante las próximas décadas.

Por eso García-Comendador insiste en que estos cauces no deben entenderse como simples espacios vacíos entre tormentas. Son sistemas vivos, dinámicos y esenciales para comprender cómo está cambiando el territorio mediterráneo.

Investigación. Tomar mediciones durante las tormentas

Al mal tiempo… geógrafos a la calle

Cuando una borrasca como Juliette golpea Mallorca, la recomendación para la mayoría de la población es clara: quedarse en casa y evitar desplazamientos innecesarios. Para los investigadores que estudian los torrentes, sin embargo, es justo el momento en que empieza el trabajo. Mientras el viento arrecia y las lluvias convierten los cauces secos en corrientes violentas, equipos de hidrólogos y geomorfólogos se movilizan para tomar mediciones que solo pueden obtenerse durante esos breves episodios extremos. Son horas decisivas: lo que ocurre durante una tormenta puede explicar el comportamiento de todo un año.

Cuando el temporal remite, comienza una segunda carrera contrarreloj. Los científicos regresan al cauce para buscar piedras equipadas con chips electrónicos que han sido arrastradas por la riada, medir los cambios producidos en el terreno y hacer volar drones capaces de detectar hasta el último rastro de erosión o sedimentación. En apenas unos días deben recopilar las huellas que deja la tormenta antes de que desaparezcan. Es un trabajo poco visible, pero esencial para entender cómo las inundaciones remodelan el paisaje y cómo podrían comportarse los torrentes mediterráneos en un futuro marcado por fenómenos cada vez más extremos.

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