Adrián Salazar, el fiscal cercano que se enamoró de Mallorca hace 40 años
“Antes era un foraster, ahora soy un mallorquín de adopción”, asegura el nuevo fiscal jefe de Baleares
“Llevo seis meses y el edificio no se ha desmoronado”, indica con humor Salazar, refiriéndose a su etapa como fiscal superior de las islas en funciones

El nuevo fiscal superior de Baleares, Adrián Salazar, durante su toma de posesión hoy en el Palacio de Justicia de Palma. / B.RAMON / DMA

Adrián Salazar es sinónimo de buen talante, empatía y cercanía. Es un auténtico relaciones públicas que destila amabilidad y buen humor. Siempre sonriente y jovial, no pierde las formas ni ante los acusados cuando los interroga en juicio. El veterano y carismático fiscal es un apasionado de su trabajo. Llegó a Mallorca hace casi 40 años y se enamoró de la isla. Aquí forjó su carrera profesional y formó una familia. Este mediodía, más de un centenar de personas le han arropado en su toma de posesión como fiscal jefe de Baleares.
Adrián Salazar Larracoechea (Arrankudiaga, Vizcaya, 1961) pertenece a la Unión Progresista de Fiscales (UPF) y fue vocal electo del Consejo Fiscal en dos periodos, entre 1990 y 1992 y de 2005 a 2009. Fue el 10 de enero de 1988, hace más de 38 años, cuando tomó posesión como fiscal en la sala del jurado del Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB). Desde entonces, el Palacio de Justicia de Palma, el edificio de Vía Alemania, también conocido como La Salle, y la sede de la fiscalía de la plaza de los patines se han convertido ya en su casa.
“Cuando llegué aquí, el planteamiento era estar un par de años, y finalmente descubrí que me enamoré de la isla, me enamoré de los compañeros, del ambiente, del trabajo, etc. y finalmente descubrí, llego al convencimiento de que el sitio donde estoy mejor, donde creo que es el destino vital tanto desde el punto de vista laboral como profesional es la Fiscalía de Baleares y Mallorca”, confesó hace dos años, en abril de 2024, cuando tomó posesión como teniente fiscal del archipiélago.
Esta mediodía ha vuelto a incidir en su vinculación con la isla. “Aquí me inicié como fiscal, conocí a mi mujer, tuve a mi hija, aquí tengo a mis amigos y es muy importante para mí”, ha subrayado.
“Antes era un foraster, ahora soy un mallorquín de adopción”, ha asegurado con cierto orgullo el nuevo fiscal superior de Baleares.
Pionero en la especialización
Adrián Salazar fue un pionero en materia de especialización. “Antes de crear la especialidad de medio ambiente creamos una red de fiscales. Mucha gente estaba concienciada en determinadas materias. En Baleares fuimos pioneros, aparte de en materia urbanística y protección de espacios naturales, en materia de residuos”, admitió en una entrevista. Hubo dos hitos en las islas: los casos de Can Set y Can Barceló. Desde entonces, se ha ido avanzando en materia medioambiental.
Ocho años después de aterrizar en la isla, en 1996, Salazar fue fiscal coordinador de delitos contra el Medio Ambiente y Urbanismo hasta 2004, cuando asumió la Delegación de la Fiscalía Especial Antidroga y la coordinación de dicha sección en la fiscalía provincial, cargo que ejerció durante veinte años.
En las áreas de medio ambiente y antidroga coincidió con el fiscal Julio Cano, su predecesor como fiscal jefe en las islas, quien actualmente ejerce como fiscal jefe de la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado, en Madrid. Juntos formaron un memorable tándem en macrojuicios y procesos mediáticos como el caso Son Banya y la operación Kabul, que supuso el descabezamiento del poderoso clan de narcotraficantes de La Paca. Cano, más técnico y cerebral, y Salazar, más espontáneo y natural, se complementaban a la perfección ejerciendo como acusadores públicos en estas causas.
Una vez en la cúpula del ministerio público, mientras Cano era fiscal superior de Baleares, Salazar fue su segundo, como teniente fiscal en las islas desde 2024. Cuando a principios de este año, Julio Cano se marchó a la capital española a la Fiscalía General del Estado, Adrián Salazar ocupó el cargo de fiscal jefe en funciones. “Llevo seis meses y el edificio no se ha desmoronado”, ha remachado hoy con humor, sin perder la sonrisa ni un momento. A partir de ahora, al nuevo jefe no le queda otra: “Hay que mantener el timón firme y seguir trabajando”.
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