Boulevard
Prohens niega la cesión de Cort a Vox y su entrada en el Govern
«En ningún caso», asegura la presidenta sobre la incorporación de la ultraderecha a su equipo en 2027, «ya lo conseguí una vez»

Marga Prohens, el pasado jueves en la fiesta de este diario, atenta a no cometer errores y convencida de que mejorará su actual resultado para acercarse a la mayoría absoluta sin necesidad de Vox. | GUILLEM BOSCH
Marga Prohens se dirige a mí jovial y atenta, en la fiesta de los premios de este diario. O la presidenta del Govern muestra una deportividad envidiable, o estoy incumpliendo flagrantemente mi labor de perro guardián de la democracia (póngase en lo peor y acertará). Incluso le saca los dientes a mis ataques feroces:
-Cada vez que criticas que lleve expuesto el crucifijo que me regaló mi abuela, me haces un favor con los míos. Y ella se emociona al verme con la cruz en televisión.
Anotado, no volver a mencionar el símbolo religioso porque es contraproducente. Felicito con cierto retraso a Prohens por haber ganado las elecciones autonómicas. No las de 2023, sino las de 2027, mayoría viene de mayo y PP/Vox la tienen más que garantizada en Balears. La presidenta se muestra menos cauta que su guardia de corps sobre la inminencia del triunfo, y eso que hablamos el jueves, antes de descubrir que Zapatero es una joya. La obsesión de Prohens consiste en no cometer errores, y en seguir a pies juntillas el tic-tac de los dos trackings que recibe a diario, el marcapasos electoral.
Ni siquiera está claro que el PSOE se presente a las elecciones del año que viene en Balears. Uno les recomendaría humildemente que dejaran correr el turno, o que encargaran la evaluación de sus expectativas a quienes tasaron las joyas de ZP, pero algún residuo de mi espíritu dinamitero me obligaba a agitar la calma de la presidenta del Govern:
-En tu lugar, firmaría ahora mismo que el PP/Formentera se quedara con los 26 diputados actuales. Volverías a necesitar a Vox, que esta vez te exigiría la vicepresidencia del Govern, conselleries y, sobre todo, la alcaldía de Palma.
No me discutirán el espíritu batallador, pero Prohens desmontó mis argumentos como quien desengarza un collar para tasar su zafiros:
-De ceder la alcaldía de Palma, ni hablar.
-¿Y si Vox la demanda, como ya ha manifestado Fulgencio Coll?
-No, en ningún caso. No.
Y me mira desafiante a los ojos. Rechaza con igual contundencia la entrada de Vox en el Govern por la «prioridad nacional» de conservar la presidencia. Se aferra a la encuesta publicada por este diario, que la dejaba a uno o dos diputados de la mayoría absoluta, lo cual según ella entibiaría las pretensiones de su vecino. Me argumenta que a la ultraderecha no le conviene entrar en los gobiernos regionales. Y ante mi escepticismo, desembala el arma nuclear:
-Ya conseguí dejarlos fuera una vez, y tú decías que no lo lograría.
En fin, tampoco hacía falta señalar. Mi diagnóstico infalible es que hasta las personas más inesperadas crecen en el cargo. (Por Dios, la imagen vergonzosa del periodista convertido en perro faldero, que lame la mano del político que le presta un poco de atención). Prosigo imperturbable con mi dictamen. Marga Prohens no es todavía la presidenta de Balears, en el sentido en que se aplica dicho rango honorífico a Gabriel Cañellas o a la desfallecida Francina Armengol. Sin embargo, la actual titular del cargo alcanzará la condición presidencial de aquí a dos años, si sigue ahí.
No recomiendo a nadie hablar con más de diez personas a lo largo de una noche, pero el talante más soleado o sunny mood de la velada correspondía desde luego a Jaime Martínez. Siempre respetaré al único político del PP que se saltó el boicot a este diario de José Ramón Bauzá, el candidato más votado de la historia cuando era un perfecto desconocido y el menos votado en cuanto los mallorquines le tomaron la medida. El alcalde de Palma es un prodigio de amabilidad y autoironía o self derision. Era preciso dinamitar esta imagen de falsa seguridad. Lo intento reprochándole la salvaje demolición de una casa de la Vileta, pero me golpea de vuelta:
-¿Me estás pidiendo que prevarique?, ¿o que obligue al Ajuntament a pagar algún día una indemnización de seis millones de euros a los propietarios de la vivienda?
Este corpachón de quarterback no me amilanará tan fácilmente, así que desenfundo la felicitación electoral por adelantado:
-Enhorabuena, porque serás la lista más votada en Palma en 2027, pero con un triunfo amargo porque Vox exigirá Cort.
Aunque se muestra reacio a agrandar sus perspectivas como Prohens, el alcalde palmesano me sorprende con un gambito inesperado:
-Recuerda que soy el primero en votar, porque los ayuntamientos se constituyen antes que el Govern y el Consell.
Deshaciendo el oráculo, la cesión de Cort obligaría a que el grupo municipal popular y mayoritario se efectuara el harakiri en público, y los concejales podrían negarse. Es un fenomenal instrumento de presión, pero Martínez debe garantizarse previamente la confección de una lista municipal dispuesta a obedecer antes su liderazgo personal que los designios de Madrid.
Reflexión dominical redistributiva: «Los ricos no roban a los pobres, roban a las clases medias».
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