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Esther Romero, directora de Cáritas Mallorca: "Damos ayudas de 800 euros para habitaciones compartidas; sostenemos un sistema perversísimo"

(Ibiza, 1982) Con un diagnóstico firme y «alejado de partidismos», analiza la «alarmante pérdida de protección de la clase media» y la libertad financiera de una entidad que sobrevive «gracias a la solidaridad privada»

La directora de Càritas Mallorca, Esther Romero, posa para esta entrevista en la sede de la entidad en Palma.

La directora de Càritas Mallorca, Esther Romero, posa para esta entrevista en la sede de la entidad en Palma. / Càritas Mallorca

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Balears bate récords económicos, pero los informes de Càritas demuestran que el sistema expulsa a los más vulnerables. ¿El éxito de la economía balear se sostiene hoy sobre la miseria de una parte de sus ciudadanos?

Yo no diría eso de forma tan categórica. Veo muy arriesgado afirmar que la economía se sostiene bajo esa base de miseria. Lo que sí es una certeza incuestionable es que estamos creciendo a nivel macroeconómico, pero este crecimiento no afecta a todos los ciudadanos por igual. Nosotros creemos firmemente que se podrían destinar más recursos a la población excluida —algo que está en manos de nuestros dirigentes políticos—, pero vemos que eso simplemente no se da. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso muy claro de las personas en situación administrativa irregular. Si no damos facilidades para que cumplan con lo que tienen que hacer, que es el deber de empadronarse, bloqueamos el sistema. ¿Para qué nos empadronamos? Para tener contabilizadas a las personas que hay en nuestra comunidad, en nuestra ciudad. ¿Y para qué sirve esto? Hombre, pues para adaptar nuestras políticas sociales y nuestros presupuestos públicos a la población real que existe y que está aquí.

Cuatro de cada diez personas en exclusión en las islas no son pobres económicamente. ¿Cómo se le explica a la gente que hoy tener un trabajo o una pensión ya no te libra de la exclusión?

Creo que cada vez hacen falta menos discursos, porque la gente de a pie lo está tocando con sus propias manos. Yo misma, con mi sueldo, sé perfectamente a lo que me alcanzaba antes y a lo que me alcanza ahora. Es una realidad incontestable. Existen nuevas pobrezas que nacen de una sociedad cada vez más individualista, donde los vecinos no se preocupan de quién tienen arriba o abajo. O los niños. Tantos niños que a lo mejor no sufren un problema económico en su hogar, pero que pasan muchísimas horas conectados en soledad a las pantallas, sin nadie que les enseñe a relacionarse de forma personal, cercana y directa desde la confianza de lo que uno es, y no desde la imagen ficticia que se monta en internet. Esto también es un drama: una infancia y una juventud poco acompañadas y desorientadas, con modelos positivos desdibujados frente a la falsa felicidad y abundancia que venden las redes sociales. A ello se suma la precarización laboral. Muchas de las personas a las que atendemos tienen dos y tres trabajos y, aun así, no llegan a lo que deberían ganar con uno solo. El resultado es un número altísimo de niños que no pueden ser acompañados como es debido por sus padres porque estos están trabajando a destajo para sobrevivir.

Casi la mitad de las personas que acudieron a Càritas el año pasado lo hacían por primera vez. ¿Cuál es ese perfil que jamás pensó que tendría que pedir ayuda y hoy está en la cuerda floja?

Ese dato es ciertamente alarmante y corrobora que personas que hasta ahora eran completamente autónomas, hoy necesitan nuestra ayuda. Hablamos de familias normalizadas, tanto nucleares como monoparentales, que antes tenían la inclusión cubierta por el simple hecho de poseer un trabajo estable. Y ahora ya no es así. Hoy en día, el hecho de tener hijos provoca incluso que muchos propietarios se nieguen a alquilarte un piso. Nos llegan de forma continua parejas con dos nóminas estables y contratos indefinidos a las que nadie les alquila una vivienda por el miedo perverso de los propietarios a que se ‘apalanquen y no poder echarlos debido a la protección legal al menor. Por otra parte, nos llega muchísima gente por primera vez debido a la invisibilidad burocrática. La mayoría de las personas en situación irregular que atendemos entra formalmente por el aeropuerto. Hablamos de nacionalidades donde la colombiana, la española, la marroquí y la venezolana lideran el ranking de atención. Llegan con proyectos que se frustran de inmediato. A veces, el familiar que les había prometido alojamiento o un trabajo les da la espalda en cuanto aterrizan. ¿Y a dónde acuden? No pueden ir a otro sitio, porque los Servicios Sociales públicos no atienden de forma regular a personas en situación administrativa irregular. A mí me hace gracia escuchar que Càritas solo atiende a «ilegales». Nosotros atendemos a todo el que llama a nuestra puerta, pero es evidente que ellos están en una desventaja absoluta.

La mayoría de los que nos piden ayuda no quieren vivir de pagas públicas, nos gritan ‘quiero trabajar’

El alquiler medio en las islas roza los 1.600 euros y casi la mitad de sus usuarios viven en habitaciones compartidas. ¿Se ha convertido la vivienda en Mallorca en un artículo de lujo consentido por las instituciones?

Gran parte del crecimiento económico balear se ha cimentado sobre el hecho perverso de transformar la vivienda de un derecho fundamental a un bien de explotación comercial. Hoy en día no se pone el foco en que la vivienda sea un hogar seguro para el ciudadano, sino en el puro negocio. Y esto ocurre desde el gran tenedor hasta el pequeño propietario; cada uno, en su dimensión, intenta sacar más tajada. Lo más grave es el sistema de infravivienda que estamos sosteniendo. Ahora otorgamos ayudas de 500, 600 o hasta 800 euros no para pagar un piso digno, sino para costear una sola habitación compartida donde vive una madre con sus dos o tres hijos. Niños que no pueden salir a las zonas comunes de la casa y que comen, hacen las tareas del colegio y ven la televisión en el mismo habitáculo cerrado. Esto es insano para el desarrollo psicológico de cualquier menor y deteriora gravemente la salud mental de las madres. Estamos generando una sociedad de supervivencia extrema.

Romero, en un momento de la conversación con este diario.

Romero, en un momento de la conversación con este diario. / Càritas Mallorca

La semana pasada organizaron en los Jardines de la Misericòrdia ‘El joc de les claus’ para concienciar sobre la vivienda. ¿A quién sentaría obligatoriamente a jugar para entender la realidad de la calle?

Sentaría a todo el mundo, porque nadie debe eximirse de su responsabilidad. Es cierto que las administraciones tienen la obligación legal de garantizar los derechos ciudadanos, pero todos los miembros de la sociedad somos corresponsables de velar por una convivencia armónica.

Baleares sufre una llegada constante de pateras y el debate político está incendiado. Desde la primera línea de asistencia humanitaria, ¿cómo se gestiona esta presión?

Es necesario matizar que Càritas Mallorca, por protocolo y distribución de competencias, no se encarga de la primera línea de emergencia humanitaria en la llegada de pateras; esa labor la lidera de forma directa Cruz Roja. Ahora bien, cualquier persona que cruza nuestra puerta o la de una parroquia va a recibir exactamente la misma atención y acogida, independientemente de si llega en patera o en un vuelo regular desde Colombia. Para nosotros toda vida humana es igual de digna.

La mayoría de las personas que acudieron a pedir ayuda son mujeres. ¿Por qué la crisis social y habitacional se ensaña con tanta dureza con las madres en Mallorca?

El dato es incontestable, pero creo que se debe principalmente a que detrás de cada una de estas mujeres suele haber todo un núcleo familiar que depende de ellas. Existe el factor de la vulnerabilidad en las familias monoparentales, pero también hay una cuestión de arraigo y de roles de supervivencia que yo he observado muy de cerca. Mi marido y yo fuimos misioneros en Perú durante nueve años y allí aprendí que la mujer es el pilar que tira hacia adelante de la casa y de la crianza de los hijos pase lo que pase. Cuando estas familias llegan a Mallorca, suele ocurrir que el hombre encuentra el primer trabajo físico disponible de forma más rápida, lo que deja a la mujer en una disposición horaria matutina para salir a tocar puertas y solicitar ayuda. La mujer tiene menos reparos y menos vergüenza a la hora de admitir que la familia necesita apoyo para no morir de hambre.

Estos días el país entero se está volcando con la visita del Papa León XIV a España. ¿Ha tenido la oportunidad de viajar para verlo en Madrid? ¿Cómo lo ha vivido y qué le parece el nuevo pontífice?

Lo he vivido con una emoción muy profunda y particular. Como comentaba, viví nueve años en la diócesis del Callao, en Perú, y allí coincidimos estrechamente con el actual Papa cuando él ejercía como obispo en una diócesis cercana, si mal no recuerdo en Chiclayo, antes de ser nombrado prefecto. Estuvimos presentes en su toma de posesión, por lo que cuando se anunció la fumata blanca en el Vaticano, supuso una alegría inmensa sentir que el nuevo Pontífice era alguien tan cercano a nuestra propia experiencia vital y misionera. Que haya priorizado visitar España en estos momentos, organizando una agenda tan intensa en Madrid, Barcelona y Canarias, me parece un hecho providencial. El Papa León XIV está manteniendo un discurso de una coherencia intachable, defendiendo exactamente los mismos principios tanto en el Congreso de los Diputados como ante la Conferencia Episcopal o en el centro de acogida de Càritas en Madrid. Su mensaje nos recuerda que somos una comunidad de interdependencia y que debemos construir desde la paz, el perdón y la dignidad humana.

Los jóvenes vuelven a buscar la fe tras una crisis existencial en una sociedad que solo consume

Con la respuesta que está teniendo su visita, ¿se puede decir que el catolicismo está viviendo un renacer?

Totalmente. Estamos siendo testigos de la belleza de la catolicidad, de la Iglesia Universal, demostrando a los jóvenes de las islas que no somos los «cuatro gatos» que se ven habitualmente en los bancos de la catedral o de las parroquias. Creo que este fenómeno es el fruto de una crisis generacional seria. En la sociedad mallorquina se ha vivido una etapa donde muchos padres dejaron de transmitir la fe a sus hijos, lo que provocó que nuestras iglesias se llenaran de canas. No supimos comunicar la belleza de sentir que Dios existe y que da un sentido profundo a la existencia. Sin embargo, tras comprobar el vacío de una sociedad que solo valora lo material y lo inmediato, los jóvenes están volviendo a buscar sus raíces.

Terminemos hablando de su propia resistencia: las ayudas públicas bajan, el 75% de sus fondos ya son privados y Càritas Mallorca arrastra pérdidas de 1,2 millones en cinco años, sobreviviendo gracias a herencias. Con una demanda que no para de crecer, ¿hasta cuándo es sostenible este modelo?

Lo que sostiene a Càritas es su transparencia y la coherencia absoluta entre lo que predicamos y lo que hacemos. Este año, afortunadamente, hemos logrado revertir la tendencia y cerrar con un resultado positivo tras un lustro muy duro de déficit contable que vivimos con lógica preocupación. ¿De dónde viene nuestra resistencia? Viene de la confianza ciega de la ciudadanía. Contamos de manera estable con 499 socios y 972 donantes mensuales y puntuales, a lo que se suma una corriente providencial de herencias y legados de personas que deciden testar a favor de nuestra labor. Esta base financiera privada es la que nos otorga una libertad discursiva y de acción absoluta. No nos movemos por ideologías ni por directrices políticas; nos movemos por la dignidad humana, y la generosidad privada de los mallorquines es la garantía de que podremos seguir haciéndolo de manera indefinida.

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