Manifestación antisaturación turística en Mallorca el 26J: Prohens ya ha perdido el miedo a las protestas
Ni la falta de vivienda ni la masificación pasarán factura a la presidenta del Govern en 2027, aún es pronto para que la mayoría social le retire su apoyo

La presidenta Prohens cantando 'la Balanguera' junto al alcalde de Palma y el presidente del Consell de Mallorca / CAIB
La Marga Prohens de junio de 2026 ha cambiado bastante respecto a la Marga Prohens de junio de 2023. Entre otras cosas, ya no le asusta una manifestación que aglutine a cientos e incluso miles de mallorquines -muchos de ocho apellidos- cabreados, y con razón. La hoy presidenta del Govern y lideresa del PP balear se sabe tranquila: la nueva protesta convocada para el próximo 26 de julio "para colapsar Palma" no le afectará electoralmente dentro de exactamente doce meses.
Hace ahora justo tres años Prohens había ganado las elecciones autonómicas en Baleares, desbancando a una Francina Armengol que había dejado atrás la pandemia covid y parecía que podía superar la barrera de las dos legislaturas, encarando una tercera consecutiva. Prohens se debatía entonces entre la euforia «y cierto cague», un secreto confesado solo a los muy íntimos, como su estimado jefe de gabinete, Alejandro Jurado. El canguelo le venía por el miedo escénico y la infinidad de cambios que se avecinaban en su vida diaria. Pero en su fuero interno la presidenta arrastraba desde hacía bastante tiempo otro temor; ser derrocada en el futuro por una marea verde como la que se llevó por delante al expresidente del Govern y del PP José Ramón Bauzá por sus políticas de recortes y sus ataques contra los docentes y el catalán (el famoso TIL).
El PP recorta el catalán pero canta 'La Balanguera'
«No quiero terminar como Bauzá», se ha repetido Prohens a lo largo de este trienio. Las tropelías contra su maltrecha lengua materna que la presidenta ha cometido para contentar a Vox no le van a pasar la menor factura dentro de un año. El pánico se ha disipado tanto que el PP balear ahora hasta se permite ir a cantar La Balanguera en un acto de la OCB sin sentirse cuestionado. Porque no lo está. Como electoramente tampoco le hará mella ninguno de los tres principales problemas que padece la sociedad balear: ni la imposibilidad de acceder a una vivienda; ni la masificación/saturación demográfica/turística; ni el colapso de servicios públicos como la sanidad y en menor medida la educación.
Será en la siguiente legislatura, 2027-31, cuando Prohens tendrá que lidiar plenamente con estas problemáticas, pero aún es pronto para que la mayoría social la perciba en todo caso como la responsable sin dar soluciones, y le retire su apoyo. La reciente encuesta interna que maneja el PP balear le da una horquilla de entre 28 y 29 diputados, una mayoría más que suficiente para volver a dar una patada a Vox en el Govern, y aguantarle solo para determinadas medidas legislativas. Si en algo ha acertado Prohens en este mandato ha sido en no regalar conselleries a los ultras. Tenerlos fuera de Educación o Servicios sociales ha sido garantía de paz.
Meses antes de ganar los comicios, en noviembre de 2022, Prohens ya se puso nerviosa por otro sondeo interno, donde el propio votante del PP señalaba como una de las preocupaciones más importantes la sensación de agobio ante la elevada presencia de personas en verano, los colapsos en las carreteras y determinados enclaves. La masificación, en definitiva. El Consolat no es ajeno a este reto, pero de cara a las próximas urnas confía en haberlo amortizado con el paripé de las mesas para la sostenibilidad, o el postureo de limitar la entrada de vehículos a la isla, postergado al verano del 27 -después de los comicios- para no pisar callos. Por si las moscas.
Al ser este un año preelectoral, la protesta del 26 de julio se prevé más potente que las anteriores. Al Govern no le quita el sueño. En otra estratégica lectura en clave política de Prohens, 35.000 familias se han ahorrado mil millones de euros con el desaparecido impuesto de Sucesiones. Los beneficiados son en su mayoria de ocho apellidos mallorquines, también. Así que a la presidenta le salen las cuentas.
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